*Jamás fue compensada ni siquiera con el clásico “usted dispense”, y fue detenido temporalmente el hombre que se apoderó con sus amigos armados del Jetta gris utilizado por los matones para acercarse a Paco Stanley 

 

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Sexta y última parte)

Ciudad de México.- La terrible equivocación jamás fue compensada ni siquiera con el clásico “usted dispense”, y fue detenido temporalmente el hombre que se apoderó con sus amigos armados del Jetta gris utilizado por los matones para acercarse a Paco Stanley. 

Ya había el rumor de que se trataba de Juan Márquez Curiel, “El Diablo”, quien fue chofer de Pablo Moctezuma, exesposo de Alejandra Guzmán. 

 

Pablo Moctezuma es hijo de Estela Moctezuma, gran amiga de María Félix y quien la amortajó a la manera que llaman “diabólica”, o sea con prendas rojas y colocada de manera especial en el ataúd. 

 

La señora Moctezuma es sobrina de “Lola, La Chata”, considerada en México como la “Emperatriz de las Drogas” y fue autorizada, Estela, por otro gran protector de María Félix, Ernesto Ramírez mejor conocido como “Ernesto Alonso”, para impedir el paso a todos los parientes de “La Doña”, quien murió a los 90 años de edad, exactamente, en los altos de su residencia, sitio que odiaba porque no podía arribar por grave padecimiento en las extremidades inferiores. 

 

Enfurecido porque el periodista Francisco Jorge Gil no fue detenido para investigación, “Mayito” dijo que “sólo era un perro que le mordió la mano a quien lo ayudó y que, rabioso, mordía sin remordimiento y sin notar que perjudicaba a gente inocente”. 

Pero el diarista dijo no sentirse agraviado y pidió en su oportunidad que la sociedad rezara por Mario Rodríguez Bezares. 

 

En aquellos tiempos y noche a noche, Gil agradeció a Dios la oportunidad de aprovechar el resto de su vida, al salvarlo de cuatro de los seis balazos calibre.40 que le dispararon los agresores desconocidos el 7 de Junio de 1999. 

¿Quién comenzó a mentir en las investigaciones sobre el asesinato del señor Stanley?-le preguntaron a Gil en las instalaciones del Grupo Acir. 

 

-Creo que el actor Benito Castro dio la respuesta públicamente, durante una entrevista por televisión. El señor Mario Rodríguez Bezares aseguró que jamás había sido ni era adicto a las drogas y el mismo animador Benito Castro reconoció que por lo menos un año y medio antes de la tragedia, Stanley, Rodríguez y él mismo se daban gusto con la cocaína—respondió. 

 

Y también aseguró tener pruebas de otros embustes de “Mayito”: “Mis hijos jamás han sido intervenidos quirúrgicamente y el señor Rodríguez afirma que me prestó 14,000 pesos para operar a uno de ellos, cuando supuestamente nadie me quería prestar dinero”. 

 

–No entiendo las aventuradas imputaciones que lanzó el actor. Un servidor ganaba 83,000 pesos mensuales en aquella época. Mario obtenía 170,000 pesos mensuales. Ninguno de nosotros habría necesitado 14,000 pesos. Además, todos los integrantes del equipo del señor Stanley teníamos un seguro médico de cobertura amplia, como se demostró durante mi estancia en el hospital particular. Habría sido una estafa pedir 14,000 pesos para operar a uno de mis hijos, cuando que mi seguro podía cubrir cualquier emergencia médica–. 

 

(Cabe mencionar que el doctor Jesús Alberto Zavala, ortopedista del Hospital Ángeles, afirmó que Mario Rodríguez Bezares “no presentaba ninguna disfunción en el pie el día de los hechos”. Sin embargo, el presuntamente mentiroso individuo hacia muecas de dolor y llevaba el pie vendado como si de verdad se hubiese fracturado algún dedo). 

 

El jefe de información del diario La Prensa, Humberto Aranda Ballesteros, le preguntó directamente a Gil sobre la edecán colombiana Alicia Roxana Vivanco Reyes, quien sabía perfectamente todo lo relacionado con Javier Fernando Durruti y Paco Stanley…pero el periodista inmediatamente dejó de hacerse el ignorante y dijo: “Señor Aranda, me han platicado mucho de ella, pero déjeme investigar a fondo y me comunicaré la semana entrante con usted”. 

Jamás volvió a comunicarse Jorge Gil con Humberto Aranda Ballesteros, pero no se olvidó de pedirle que “le diera la mano con una buena información objetiva sobre la balacera en el restaurante El Charco de las Ranas”. Infortunadamente, el destino se llevó prematuramente al periodista Aranda Ballesteros, quien siempre lamentó la falta de honestidad del diarista Jorge Gil. 

 

La vida se llevó también al Procurador Samuel del Villar, quien parecía estar seguro de la culpabilidad de Mario Rodríguez Bezares. 

 

En una conferencia de prensa aparentemente improvisada, dijo el 5 de octubre de 1999, que “diversos motivos orillaron a Mario a participar en el homicidio perpetrado contra Paco Stanley, entre ellos los movimientos económicos de alrededor de 70 millones de pesos que Mario realizó en ST-Producciones para beneficio personal”. 

 

Aseguró que en la indagatoria existían diversos motivos sugerentes para que Mario participara en el crimen, “algunos de los cuales incluso fueron difundidos por la empresa donde trabajaba el propio Bezares, como cuando Paco Stanley se ostentaba como el padre del segundo hijo de Bezares”. 

 

El funcionario añadió en aquella ocasión que Mario Rodríguez Bezares hizo una declaración una semana antes del homicidio, en Sinaloa, donde afirmó tener merecimientos para su propio programa. Después de la tragedia hubo indicaciones de que Mario podía tener ahora sí su programa. 

 

El cocinero mercenario Luis Gabriel Valencia había comentado que con el crimen “quedarían saldadas a su favor las deudas del señor Stanley y las del propio Mario con los narcotraficantes de apellido Amezcua”. 

 

Por si eso fuera poco, “Mario tenía poderes generales, era apoderado legal de ST-Producciones, lo que significaba activos patrimoniales importantes”. 

El funcionario añadió el detalle de las humillaciones a los “patiños” y que difícilmente pudiera haber un cúmulo mayor de móviles en el caso, por lo que la investigación no ha sido desvirtuada, “no ha habido ninguna alteración, nada que pueda decir que se fabricaron pruebas, se ha hecho con una transparencia absoluta, con un escrutinio público mayor, que no ha habido en ninguna investigación”. 

 

En cuanto al reo de nombre Gilberto de Jesús Peralta González, quien engañó por vía telefónica al presentador de noticias Raúl Sánchez Carrillo, el Procurador Samuel del Villar aseguró que el Ministerio Público iniciaría en breve los trámites que fuese trasladado a otro penal. 

 

De hecho, en el caso hubo muchos mentirosos. Y a casi 20 años de la tragedia que costó la vida a dos personas en El Charco de las Ranas, se antoja casi imposible la aclaración total del asunto, pues el declamador se fue a la tumba con sus secretos; también un inocente agente de seguros; el destino llamó a Samuel del Villar, también al detective matón Javier Fernando Durruti Castillo—otros lo conocían como Francisco Fernando—quien, en sus últimos años, asistía a los desayunos que exagentes del Servicio Secreto ofrecían mensualmente al gran investigador Rafael Rocha Cordero, ahora también ya desaparecido. Los 

Stanley ha terminado. De los artistas que tras lentes oscuros se presentaron en 1999 en la agencia funeraria respectiva, ninguno volvió al cementerio para homenajear al “gran amigo”. Los exhibicionistas que rasgaron sus vestiduras porque “se fue Paquito”, también brillan por su ausencia en cada aniversario de la tragedia. Tal vez se terminó el amor, “el sentimiento intenso que salva del olvido”. 

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