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ALUD DE YERROS EN TORNO A EX BRACEROS

*Miles de ex migrantes mexicanos resultaron beneficiados por la lotería de la vida, en grave error con intenso olor electoral, mientras que un centroamericano que merecía cadena perpetua por quemar vivos a dos agentes federales en México, es simbólicamente defendido a capa y espada

José Sánchez/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Primera de siete partes)

STAFF SOL QUINTANA ROO

Ciudad de México.- Miles de ex migrantes mexicanos resultaron beneficiados por la lotería de la vida, en grave error con intenso olor electoral, mientras que un centroamericano, que merecía cadena perpetua por quemar vivos a dos agentes federales en México, hoy es simbólicamente defendido a capa y espada.

Así, mientras millones de compatriotas no se explican la avalancha de pifias que propició un “apoyo social” de 38 mil pesos a cada uno de miles de ex braceros o sus familiares, el mismo funcionario despedido por el presidente Vicente Fox Quesada por no intentar salvar a los detectives, hoy tiene la misión de contener y proteger las caravanas de centroamericanos que intentarán, como siempre, internarse legal o ilegalmente en Estados Unidos.

El increíble alud de yerros en torno a los ex braceros, arrastró (voluntariamente o no), lo mismo a la Secretaría de Gobernación (que débilmente demostró tener razón), que a la Cámara de Diputados y de manera ilógica, salvó error u omisión, al ahora coordinador de las conferencias mañaneras del presidente Andrés Manuel López Obrador, el periodista Jesús Ramírez Cuevas y el Centro de Análisis Multidisciplinario (CAM), de la Facultad de Economía de la UNAM, que calculó en 2008 que “el monto de la deuda del gobierno mexicano con los ex braceros ascendía a más de 5 BILLONES DE PESOS, es decir, que a cada trabajador le corresponde en promedio UN MILLON 96 MIL PESOS”.

Parte del relato es que cuando el centroamericano, (protegido por vecinos de San Juan Ixtayopan, Tláhuac, ciudad de México), se percató de la presencia de una patrulla federal y tres agentes, se puso de acuerdo con una señora conocida como “La Gorda”, también con “Cayetano”, para propalar el rumor de que “los desconocidos estaban fotografiando niños para llevárselos, como sucedió en otros casos de extravío de menores”.

En poco tiempo los padres de familia y principalmente las señoras, que habían ido por sus vástagos a una escuela primaria, corrieron la voz para “proteger a los infantes” y pronto fueron agredidos los agentes federales, quienes inútilmente se identificaron ante la turba.

El sobreviviente de la barbarie en Tláhuac, Edgar Moreno Nolasco, narró en medio de su gravedad que los capturaron unas personas, los revisaron, los colocaron detrás de un vehículo y luego los ataron.

A continuación, los golpearon con crueldad, sus dos compañeros perdieron la conciencia, no así él, después de ello trasladaron a sus amigos hacia un lugar cercano donde los quemaron y a Moreno lo llevaron a un kiosko y justamente en el trayecto fue rescatado por elementos de la Policía Judicial del Distrito.

Varios de los detenidos en “flagrancia”, en el momento de cometer homicidio calificado con ventaja y alevosía contra funcionarios públicos, así como daño en propiedad ajena y robo de armamento en pandilla…en menos de un año recuperaron su libertad.

El 23 de noviembre de 2004, una mujer se metió sin permiso a una parroquia para sonar las campanas y convocar al pueblo a “defender a los niños”. Entre los agresores destacaron los vecinos de la Colonia Peña Alta, a unos 7 kilómetros hacia arriba de San Juan Ixtayopan. Una ancianita dijo que “allá arriba había gente mala”.

En su oportunidad, el párroco José Antonio Ramírez Sánchez, quien bendijo dos cruces pintadas de gris en memoria de Cristóbal Bonilla Marín y Víctor Mireles Barrera, cuyos cuerpos fueron calcinados por la turba dirigida, comentó que la gente “está enferma de violencia, corrupción, búsqueda de poder y anarquía”.

Denunció que guerrerenses y oaxaqueños fracasados abandonaron sus tierras en busca de oportunidades, pero se dedicaron al narcomenudeo en San Juan Ixtayopan.

Lamentable que había policías preventivos en medio del desorden y nada hicieron para proteger la vida de los federales. A lo lejos, en un video, se observaba la presencia de más patrulleros expectantes.

Elementos de la entonces delegación Tláhuac hablaron con los coordinadores de la privación ilegal de la libertad. Emilio Ibáñez, uno de los consignados comienza a atar a los federales. Eduardo Torres y Alicia Zamora Luna se dieron a la fuga, abandonando sus pertenencias. Estaban identificados como presuntos líderes de “movimiento de masas y grupos sociales radicales”.

El jefe policial Gabriel Regino nunca dio órdenes precisas para que sus subordinados intervinieran. Algunos vecinos intentaron salvar a los golpeados, pero nada pudieron hacer, pues cuando llegaron las cámaras de televisión, comenzó la incineración.

El jefe de los federales, exgobernador de Guanajuato y gran amigo de Vicente Fox, Martín Huerta, (había elementos para proceder en su contra), se defendió desmintiendo que hubiera habido errores organizativos, logísticos, de cadena de mando, de Inteligencia, de coordinación, de gestión, de eficacia y de toma de decisiones.

Marcelo Ebrard fue protegido por el entonces titular del DDF, Andrés Manuel López Obrador, “yo voy a esperar a que concluyan las investigaciones, (o sea años). dijo y más tarde comentó que “el rumor de la renuncia de Marcelo Ebrard no es cierto, es una volada”…

El presidente Fox ordenó el 6 de diciembre de 2004 la destitución de Marcelo Ebrard, secretario de Seguridad Pública de la capital, quien calificó de “arbitraria” la medida. Fox también cesó a José Luis Figueroa Cuevas, comisionado de la Policía Federal Preventiva, ya que supuestamente habían tardado casi cuatro horas en llegar a San Juan Ixtayopan, dos horas después que la prensa.

El miércoles 1 de diciembre de 2004, el Procurador Bernardo Bátiz dijo que vecinos denunciaron que por lo menos tres personas “participaron directamente en el linchamiento, La Gorda, Cayetano y el centroamericano, quien llevaba camisa blanca y usa bigote”.

El presidente Fox dio instrucciones a su gran amigo Martín Huerta para que “levantara la moral de los federales” y lo primero que hizo fue declarar que “no mandó helicópteros con apoyo porque se los hubieran derribado a pedradas”.

El 21 de septiembre de 2005, Martín Huerta falleció al estrellarse un helicóptero Bell 412-EP, matrícula XC-PFI, en el que se dirigía a abanderar a los nuevos custodios del penal de máxima seguridad “La Palma”, (antes Almoloya), la nave cayó en el paraje montañoso Llano Largo, La Cima o Cumbres las Peñas, cerca de San Miguel Mimiapan, municipio mexiquense de Xonacatlán.

El informe pericial sobre el accidente fue clasificado por el gobierno federal como información reservada por 12 años, lo cual provocó las sospechas generalizadas de que podría tratarse de un atentado perpetrado por grupos criminales. También se dijo que el piloto Habacuc de León Galicia, no tenía la calificación necesaria para pilotear el helicóptero, capaz de emitir automáticamente señales de alerta hacia la torre de control más cercana.

El Presidente Fox fue tan criticado como siempre, pues llamó “héroes” a los caídos, Huerta, Tomás Valencia y otros siete pasajeros. Dijo que todos fallecieron en el cumplimiento de su deber, “velando por la tranquilidad de nuestras familias”.

Nadie podía imaginar en aquellos tiempos que el funcionario cesado, Marcelo Ebrard, habría de enfrentar la compleja tarea de velar por centroamericanos y, en lugar de encarcelar a algunos de ellos por integrarse a las mafias mexicanas, tendría que tratarlos como a los hippies norteamericanos, a base de “amor y paz”.

Al ser nombrado como titular de Relaciones Exteriores, el licenciado Ebrard no pudo contradecir al Presidente Andrés Manuel López Obrador, quien, sin hacer caso de consejeros, invitó a centroamericanos a transitar libremente por nuestro territorio, a sabiendas de que no hay que molestar al verdadero tigre norteamericano, una de cuyas banderas políticas electorales es precisamente el rechazo a la migración, vaya de donde vaya.

Algunas personas comentan que “inesperadamente” se le vino el mundo encima al Jefe de la Nación, pues de una migración más o menos normal, llegaron a la frontera norte 144,000 individuos que fueron rechazados casi en su totalidad.

El Presidente Trump advirtió a su manera que desataría una guerra de aranceles contra México, si no reducía drásticamente la cantidad de aspirantes al “asilo político” en tierras norteamericanas. Y como de rayo fueron enviados seis mil elementos de la Guardia Nacional y muchos empleados de Migración, con la idea de detener las caravanas que parten de El Salvador, Guatemala u Honduras.

Antes que nada se le advirtió al Presidente, mediante trascendentes artículos de prensa en El Heraldo de México, (amparados por la sabiduría de la profesora Guadalupe Correa-Cabrera y el excomisionado de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, Alan Bersin), que los activistas promigrantes (como el activista religioso Solalinde), que incluyen a grupos religiosos y organizaciones de derechos humanos, “no sólo aparentan no darse cuenta de las violaciones a la ley, sino que de manera sistemática han ampliado sus redes de apoyo y credibilidad hacia los migrantes que son traficados, así como a quienes los trafican, considerándolos como unos “Robin Hoods”.

Hoy en día, aseguran la maestra Correa y Bersin, grupos criminales en la frontera son responsables de extorsiones, secuestros, violaciones y asaltos a los migrantes que realizan el arduo viaje hacia el norte. En este contexto y en tiempos de caravanas, a las organizaciones de derechos humanos y a los grupos religiosos promigrantes les debería resultar imposible negar de manera creíble estos abusos.

La caravana de finales del año pasado ilustró patrones preocupantes e intereses oscuros, “iniciada por organizadores comunitarios en Honduras, esta caravana creció aparentemente de manera orgánica y espontánea.

Sin embargo, cuando llegó a México algunos grupos que se autodenominan defensores de migrantes, particularmente “Pueblo sin Fronteras”, asumieron un rol protagonista en la organización del movimiento, GESTION DE FONDOS y manejo de logística para transportar a unos 10,000 migrantes a la ciudad de Tijuana, en la frontera norte de México”.

Sufriendo una notable transformación, los activistas y defensores de migrantes se convirtieron, en cierta forma, en traficantes de personas que guiaron “a víctimas de miseria y violencia hacia el callejón sin salida de la ilegalidad y la desesperación”.

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