Reportajes Especiales

AUREOLES, ALIANZAS CON EL NARCO

Ricardo Ravelo/Sol Yucatán/ Sol Quintana Roo/ Sol Campeche / La Opinión de México

(Parte dos de seis)

Además de que ha sido señalado por sus presuntos actos de corrupción, el gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles, también es acusado de brindar protección al crimen organizado que opera en la entidad.

El mandatario ha quedado exhibido no sólo por la prepotencia mostrada ante un manifestante sino por la incapacidad demostrada durante seis años para pacificar el estado que gobierna, aplicar la ley y hacer valer un verdadero Estado de Derecho.

Aureoles ha sido una figura decorativa frente a la violencia de los grupos criminales. Cada vez que se lo proponen, los cárteles toman el control territorial y el gobernador queda reducido a una figura menor, un simple espectador del desastre.

¿Complicidad o incapacidad?

Así lo demostró recientemente el jefe del cártel de Jalisco Nueva Generación, Nemesio Oseguera, al disponerse a tomar el control del municipio de Aguililla –su terruño natal –, lo cual hizo extrañamente luego de que tanto elementos del Ejército como de la Guardia Nacional abandonaron el municipio.

La irrupción del CJNG en Michoacán ha sido violenta. No son nuevas las arremetidas de ese Cártel por imponer su ley en un estado clave para el tráfico de drogas: En varias ocasiones se ha enfrentado a los grupos locales. La guerra ha sido con Los Viagras, La Familia Michoacana o bien con grupos de autodefensas que han sido financiadas por otros cárteles. Por ello, no todas defienden los intereses de la sociedad sino del crimen.

El estado de Michoacán ha estado tomado siempre por el crimen y ha dado muestras de su poder mediante ejecuciones, emboscadas de policías y militares –una de ellas ocurrida precisamente el año pasado en un camino hacia Aguililla –, por lo que es claro que en el territorio priva un vacío de poder absoluto.

La actitud prepotente mostrada por Aureoles –los videos circularon velozmente por los hilos electrónicos –en el que se observa cómo desciende de un vehículo militar, se dirige a un grupo de manifestantes y empuja a uno de ellos, retándolo a golpes, da cuenta de que el mandatario ha perdido completamente el piso.

El manifestante le reclamó –y con justa razón –que resultaba muy cómodo visitar Aguililla en helicóptero, mientras la población se desplaza debido al terror que siembra el crimen organizado desde hace varios años, sin que haya solución ni por parte del gobierno estatal ni de la Federación.

Aureoles pidió al presidente Andrés Manuel López Obrador la intervención del Ejército en Aguililla, pero lejos de incursionar con un operativo que pusiera a salvo a la gente se realizó una reunión en un cuartel militar con miembros representativos del municipio, aunque nada se dijo de los temas que trataron.

En resumen, frente a la violencia Aureoles ha mostrado incapacidad, en tanto que el presidente López Obrador ha sido totalmente omiso ante un poder que amedrenta, secuestra y asesina a la población. Se supone que el mandatario tiene un profundo respeto por el pueblo ¿Por qué permite entonces que la gente sea asesinada o aterrorizada? Este es un claro contradiscurso.

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