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CAÍDA DE LOS AVILÉS Y UNCIÓN DE FÉLIX GALLARDO

*Entre 1976 y 1978, los hermanos Avilés Pérez fueron borrados del territorio bajacaliforniano; Pablo y Carmelo fueron detenidos por las autoridades y enviados al penal de las Islas Marías a purgar sentencias de más de 15 años

* Pedro, apodado «El Gallo» fue asesinado en un ajuste de cuentas en agosto de 1978, en un retén de la Policía Judicial Federal (PJF) instalado en Navolato, Sinaloa

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México 

(Tercera de siete partes) 

Ciudad de México.- Entre 1976 y 1978, los hermanos Avilés Pérez fueron borrados del territorio bajacaliforniano. Pablo y Carmelo fueron detenidos por las autoridades y enviados al penal de las Islas Marías a purgar sentencias de más de 15 años, en tanto que Pedro, apodado «El Gallo» fue asesinado en un ajuste de cuentas en agosto de 1978, en un retén de la Policía Judicial Federal (PJF) instalado en Navolato, Sinaloa.

Su victimario fue el agente federal Luis Huaracha López, bajo las órdenes del comandante federal Margarito Méndez Rico. Sus hermanos, al recobrar su libertad, se retiraron del negocio.

 Como en todas las historias del narcotráfico, se habló de traiciones y corrió fuerte el rumor de que uno de sus discípulos preferidos: Miguel Ángel Félix Gallardo había sido quien delató a Pablo y Carmelo y después mandó asesinar a Pedro. Lo cierto es que precisamente «El Vampiro» fue quien asumió el puesto y se convirtió en el jefe del Cártel del Pacífico.

 Para ello se rodeó de gente que, a la postre, resultaría igual o más peligrosa que el mismo Félix Gallardo:

Amado Carrillo Fuentes, Héctor Luis «El Güero» Palma Salazar, Joaquín «El Chapo» Guzmán Loera, Ismael «El Mayo» Zambada García, Ernesto «Don Neto» Fonseca Carrillo, Rafael Caro Quintero, Manuel y Gabino Salcido Unzueta, alias «El Cochiloco» y «El Picochulo»; Juan José Esparragoza Moreno, (a) «El Azul» y otros, fueron los que, al paso del tiempo, ocuparían importantes lugares dentro de las organizaciones del narcotráfico.

En ese espacio, la familia Machi Ramírez aprovechó la ausencia de control y poder de los hermanos Avilés Pérez, se contactó con el nuevo capo Félix Gallardo y se adueñó del territorio, convirtiéndose dicho clan en el nuevo amo del narcotráfico en Tijuana. Como su segundo, actuaba el narco Oscar Cázares Rocha, al que apodaban «El Guapo».

Por espacio de más de 10 años, Félix Gallardo, quien no guarda parentesco alguno con los Arellano Félix y por lo tanto es falso que sea su tío, reinó en esos lares, hasta que en 1989 se apagó su buena estrella y cayó en poder de la justicia.

Antes, Jesús Labra Avilés ya había conocido a Agustina Félix Zazueta, hermana de la madre de los Arellano, y se casó con ella, de tal suerte que él si pasó a ser tío político de los hermanos Arellano.

Juan José Esparragoza Moreno, sumamente hábil para concertar y negociar con las organizaciones rivales, en una junta cumbre con todos los jefes importantes del narcotráfico, prácticamente repartió el país por zonas a los más importantes capos.

Baja California fue entregada a Javier Caro Payán, originario de Badiraguato, Sinaloa, quien antes ya había conocido a Benjamín Arellano con el que sostuvo algunos negocios. Esa relación sirvió para que se lo llevara como su secretario particular y principal lugarteniente.

Sumamente violento, cruel, agresivo, Benjamín se convirtió en una pieza clave para liquidar a todos los miembros de la familia Machi Ramírez (un promedio de 15 personas, entre hermanos, tíos, sobrinos), De esa manera, Caro Payán asumió el poder en la península.

Antes de la exterminación de los Machi Ramírez, a Benjamín lo apodaban «El Colores», pero después del aniquilamiento de sus enemigos, le impusieron el mote de «El Comandante Min».

Para esas fechas, los demás Arellano Félix ya habían cambiado el sonido y las pacas de ropa por el abierto contrabando. Los nuevos «fayuqueros» traficaban con vinos, aparatos, perfumes, latería y demás artículos de manufactura extranjera, sin que faltaran las armas. Se dijo entonces que eran los principales abastecedores de armamento para las diferentes bandas de delincuentes de la región.

Hasta esos momentos, Benjamín era el único que había entrado de lleno al narcotráfico, los demás se hallaban al margen, dedicados al contrabando.

El tío político «Chuy» Labra, que ya para entonces había alcanzado el mote de «Don», junto con Aguirre Galindo, ya se había aposentado en Baja California.

A mediados de 1985, los Arellano Félix ya se habían convertido en importantes contrabandistas.

Pese a que ya no contaban con su padre, pues había fallecido a principios de ese año, su nivel de vida era otro, así que decidieron abandonar su natal estado y se fueron a vivir a Guadalajara, Jalisco a las calles de Faro número 2496, colonia Bosques de la Victoria.

Los estudiantes del colegio católico privado, Fray Pedro de Gante, pudieron constatar los derroches de Francisco Javier, alias «El Tigrillo», que daba costosos regalos a las chicas que accedían a sus invitaciones para ir a fiestas privadas que terminaban en bacanales o bien en paseos por el puerto de Mazatlán que duraban varios días.

Botas de pieles exóticas, camisas de seda abiertas hasta el ombligo, pantalón de mezclilla, gruesas cadenas de oro, como para perros; ostentosas esclavas y medallas del mismo metal y relojes caros, era el atuendo del menor de los Arellano (17 años), quien sólo conducía automóviles último modelo.

Atrás había quedado la miseria. Francisco Rafael se distinguía por llevar al pecho un enorme escorpión de oro con rubíes, esmeraldas y brillantes que pesaba casi un cuarto de kilo.

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