Reportajes Especiales Retropolicíaca

CLEMENTE Y SU PANDILLA

*Hombre de confianza era líder de una banda de asaltantes de turistas

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

(Segunda de siete partes)

Extrañamente, en los cobros no había problemas, pues “Clemente” mostraba con discreción una pistola de calibre .45 y llegó a utilizar la violencia para recuperar el dinero que alguien le debía a Mercedes, ya fuese en relación con los autos o la renta en los edificios de la pareja multimillonaria.

Nadie sabía que “Clemente” era líder de una banda de asaltantes de turistas apostadores en el Frontón México, cercano al departamento de lujo de Mercedes Cassola.   No todas las noches actuaban “Clemente” y su pandilla, y los apostadores casi nunca se quejaban con la policía,  pues en realidad el cobrador los despojaba del dinero que habían obtenido en momentos de suerte.   Otro día volvían a apostar y en ocasiones recuperaban su “inversión”.

Los meses pasaron y Félix casi “no salía” de Veracruz, explicando que “las obras requerían su presencia”, cuando en realidad gozaba del amor de la veracruzana, a quien nunca le ocultó que estaba comprometido con una gran mujer, negada para la maternidad.

La hispana jamás fue poco talentosa y se percató de la infidelidad.  Una noche, cuando ambos contaban las monedas de oro que guardarían en la caja de seguridad, para aumentar el tesoro que ya tenían, Mercedes le pidió que se sincerara.

Félix le dijo la verdad:   la veracruzana se había apoderado de su cariño y esperaba un bebé que, según los ginecólogos contratados, nacería en mes y medio aproximadamente…

La generosa española lloró mucho tiempo aquella noche —según relataron a la policía sus dos empleadas domésticas— mientras Félix emprendía la retirada, en espera del divorcio “voluntario”.

Antes de la segunda plática con Félix, Mercedes fue a Veracruz para entrevistarse con su rival, y la joven encinta demostró por qué Félix había “traicionado” a su esposa: “al principio, Félix no dijo que era casado, sino hasta que no hubo más que reconocerlo”.

Pero, aseguró la veracruzana, “jamás intenté destruir un hogar y te ruego que insistas para que Félix no se divorcie de ti, llévatelo, tienes todo el derecho”.

(Todo el asunto fue confiado a las empleadas domésticas por la misma Mercedes Cassola Meler, quien les platicó con detalle la entrevista que sostuvo en Veracruz con su “rival en amores”).

Al notar que la jarocha era sincera, Mercedes le propuso que se retirara, pero no con las manos vacías, “sino llenas de oro y billetes de banco”.

La hermosa morena pareció reflexionar sobre la oferta y Mercedes, pensando que ganaba terreno, se atrevió a demandar “la venta de la criatura que venía en camino”.

La española le explicó que, por ser joven, podría tener otros hijos con un muchacho de su edad, responsable, pero la mexicana le dijo: “Te equivocas, mi hijo jamás será vendido, quédate con tu dinero y con tu marido, no te preocupes por nosotros, mi hijo nacerá pronto y algún día le diré que su padre no pudo estar cerca de él, aunque siempre anheló esa cercanía”.

Al reunirse en México para ultimar detalles del divorcio “voluntario”, Félix se sorprendió al no recibir una lluvia de reproches y lágrimas, sino una oferta que a Mercedes le pareció justa:   un poco más de bienes.

Conmovido por la nobleza de Mercedes Cassola Meler, Félix le entregó casi toda la fortuna y se fue en busca de la veracruzana, a quien alcanzó en una terminal de autobuses, cuando se disponía a “irse para siempre” …

No se supo qué suerte tuvo la pareja y el niño.   Mercedes se dedicó entonces a cuidar su belleza y en salones elegantes le fueron presentadas algunas estrellas de cine, radio y la televisión, que comenzaba a apoderarse de la atención del público.

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