No existe un indicador, uno solo, que nos diga que México va por el camino correcto. Todo revela que el presidente López está conduciendo al país al precipicio.

Por principio de cuentas, en el tema de la inseguridad las cifras del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública señalan que en el primer semestre de este año los homicidios dolosos sumaron 14 mil 641 casos, cifra 2.9 por ciento mayor a la registrada en el mismo lapso de 2019 que fue de 14 mil 210 asesinatos.

Sobre estos números, sobra decir que el Señor Presidente siempre asegura tener otros datos, mismos que nunca enseña ni dice la fuente, simplemente los descalifica y ya.

En cuanto a la economía, tanto el Banco de México como el Fondo Monetario Internacional coinciden en que al finalizar el presente año, el país registrará una contracción de su actividad económica del orden del 10 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

Como los parámetros para medir el crecimiento económico no le favorecen a su gobierno, AMLO ha decidido utilizar “nuevos conceptos” que sustituyan al PIB como medición de una economía y prefiere hablar de “bienestar”.

Otra señal de que las cosas van de mal en peor es el creciente desempleo, el cual se ha elevado a niveles nunca antes vistos con una tasa del 24.7 por ciento de una población de 126 millones de mexicanos, de acuerdo al Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).

Pero el Presidente asegura que de aquí a diciembre creará dos millones de empleos, ¿saben cómo?, sembrando arbolitos y con sus obras insignia.

No hay duda que AMLO cree que está gobernando ciudadanos con retraso mental.

Y no podemos echarle toda la culpa de esta catástrofe al Covid-19.

Habrá que recordar que desde antes del inicio de la pandemia, México ya arrastraba indicadores negativos al registrar una contracción del 0.1 por ciento de Producto Interno Bruto durante 2019, cuando el Presidente aseguraba que creceríamos por lo menos un dos por ciento del PIB.

Ni qué decir de otros indicadores como la inversión extranjera, la confianza de los empresarios para invertir y la inversión pública. Todos a la baja, y no se ve que el Presidente tome conciencia del daño que le está ocasionando al país con sus erráticas decisiones en materia económica y de políticas públicas.

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