Fernando Irala Hoy Escribe

CONCATENACIONES

FERNANDO IRALA/SOL QUINTANA ROO

Tres catástrofes, y más 

No hemos cumplido un año de que el primer contagio de COVID-19 se detectara en México, cuando este fin de semana las cuentas oficiales rebasaron la cifra de 180 mil muertos. 

La cantidad es en sí misma pasmosa, sobre todo cuando se revisan sus antecedentes, en especial el de los inicios de junio del año pasado, luego de que el pico y el descenso anunciado de la epidemia no ocurrían, y el zar del coronavirus detalló sus previsiones. 

El número de fallecimientos, nos dijo entonces, podría llegar redondeándose a treinta mil, y ya en un escenario muy catastrófico alcanzaríamos los sesenta mil decesos por la pandemia. 

Por esas fechas la cifra de contagios registrados en nuestro país apenas rebasaba los cien mil, y las muertes sumaban ya más de doce mil. 

Lo peor vino después. El escenario catastrófico, el imaginado en el extremo, pero que en realidad no esperábamos que ocurriera, se produjo diez semanas después, a mediados de agosto. 

La segunda catástrofe tardó poco tiempo. Cuatro meses más tarde, antes de Navidad, los números fatales alcanzaron los 120 mil muertos. 

La tercera catástrofe ha sido aún más rápida. En menos de dos meses, hemos sumado ya 180 mil fallecidos, a un ritmo promedio de mil decesos diarios. 

¿Cuándo terminará esta suma macabra? 

No lo sabemos, pero lo que sí está claro es que antes habrá que añadir varias catástrofes más. 

Para empezar, la cifra oscura acumulada desde que comenzó la epidemia en México, pues el conteo oficial solo toma en cuenta a quienes mueren en un hospital público, y no a quienes fallecieron en sanatorios o clínicas privadas o en su casa. 

Ya el INEGI nos informó que de marzo a agosto los muertos por COVID son un 45 por ciento más, y aunque las cifras más actualizadas no se conocerán en breve, con esa tendencia podemos calcular que las víctimas fatales del COVID son en realidad por lo menos unas 80 mil más. Una catástrofe grandota no incluida en la estadística oficial. 

Luego nos queda el futuro. En el supuesto optimista de que la peor etapa ya haya pasado, y de que estemos domando la pandemia –¿recuerdan la frase?— si los datos a partir de ahora son descendentes, una predicción simple es que nos quedan tal vez unos cien o ciento cincuenta mil decesos por ocurrir, antes de cantar victoria. 

Demasiados desastres, demasiada muerte, producto de un virus asesino y de un gobierno que vive entre el delirio y la estupefacción.

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