Portada Puerto Morelos

CRÓNICA DE UNA MUERTE ANUNCIADA

*Al secretario de Desarrollo Social del municipio de Puerto Morelos, Ignacio Sánchez Cordero, lo asesinaron porque el PVEM y Félix González Canto no lo querían como candidato a presidente municipal

*La viuda Blanca Merari la tienen acorralada y en una burbuja de miedo e ira, como estrategia política de los poderes tácticos y vinculados al gobierno de Laura Fernández Piña

*La estrategia electorera de los dueños del Verde y Morena está basada en generar miedo e ira de los electores de Puerto Morelos

Redacción/Sol Quintana Roo

Puerto Morelos.- El asesinato del secretario de Desarrollo Social del municipio de Puerto Morelos, Ignacio Sánchez Cordero, fue planeado y ejecutado desde las entrañas del Partido Verde Ecologista de México (PVEM), y en el que también estaría involucrado el ex gobernador Félix Gonzalez Canto, según fuentes confiables de las filas ecologistas de la demarcación.

Los verdes no querían a “Nacho”, pues representaba una amenaza para los intereses de los ecologistas representados en Puerto Morelos por Laura Fernández Piña, hoy candidata a diputada federal y presidenta municipal con licencia.

Esto lo sabía “Nacho”, por lo que estaba preparando el Plan B, contender con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), con quienes mantenía reuniones afinando detalles.

De hecho, siempre perteneció al PRI, y pese a ello era querido por los habitantes de Puerto Morelos, sabían que él y su familia quieren esa tierra.

Para nadie es desconocido que el ex gobernador Félix González Canto tiene intereses de sobra en Puerto Morelos, principalmente de tierras, mismos que también corrían peligro si el difundo lograra una candidatura.

Además, hay que recordar que el gobernador Félix González Canto está detrás de la alianza entre Morena y el PVEM en Quintana Roo, principalmente de Puerto Morelos, Isla Mujeres, Solidaridad, y Tulum.

Sin embargo, esos mismos intereses están detrás de la esposa del difunto “Nacho”, Blanca Merari, quien es la candidata de Morena-PVEM a la presidencia municipal de Puerto Morelos.

Ella es ahora el títere de los verdes y morenistas al servicio de Félix González Canto y Laura Fernández Piña.

Resulta incongruente que la viuda hoy sea la beneficiaria de una candidatura.

Sin experiencia en la administración pública y mucho menos en la perversidad de la política de Puerto Morelos.

Lo más cruel es que ella sabía los planes de su esposo, ahora fue convencida de participar con la promesa de que se realizará todo lo que su esposo quería para del destino.

Mientras la mujer es engañada, que por cierto no avanza en las preferencias electorales porque no sale a caminar, no se lo permiten para que no se salga de guión que le tienen preparado para con los electores y ella tampoco pueda hablar sobre el tema de su difunto esposo.

Y para meterle más miedo, resulta que dos presuntos sicarios enfrentaron tanto a policías municipales que eran los escoltas de la viuda, y sin que pasara a mayores los dejaron escapar, y se ha hecho creer que fue un intento de ejecución.

El pasado miércoles la misma Blanca Merari presentó su denuncia por amenazas, portación de armas de fuego, asociación delictuosa más lo que resulte.

Más vil es que tanto en el asesinato de Ignacio Sánchez Cordero como en el intento de agresión contra Blanca Merari no hubo detenidos, hechos en los que los escoltas o son ineptos, o son cómplices de los crímenes.

Esta bajuna forma de hacer política de Laura Fernández Piña y su clan de verdes, pretenden articular sus estrategias sin propuestas, ideas y proyectos, sino que le apuestan a la movilización de las emociones (principalmente la ira y el miedo) de los electores.

Según los estudiosos aseguran que, por un lado, generar miedo a que las cosas empeoren, a que se pierda lo que se tiene, se atente en contra del sistema de valores y creencias establecidas.

Es decir, la estrategia electoral se centra en comunicar y hacer sentir a los votantes que si los opositores llegan al poder destruirán, acabarán y amenazarán tanto el sistema de creencias, valores o propiedades, y generarán problemas a la estabilidad y el confort que hasta ahora se tienen, poniendo en riesgo el futuro del país.

Por el otro, apelando a la inconformidad, molestia, frustración, enojo e ira de los electores por la situación prevaleciente.

El voto del miedo parte de un modelo muy sencillo.

Primero, se analizan cuáles son los temores, amenazas, riesgos, preocupaciones, miedos y peligros más sentidos y percibidos por los electores, como pueden ser los casos del miedo al terrorismo, a la debacle económica o a la criminalidad.

Segundo, se priorizan los temores y se determina la forma en que pueden ser planteados, electoral y estratégicamente hablando.

Tercero, se evalúa y determina la experiencia que los electores han tenido en procesos electorales pasados, respecto de estos temores prevalecientes, para saber la pertinencia, modalidad y oportunidad del planteamiento estratégico.

Cuarto, se presenta, como parte de la estrategia publicitaria, la situación temible como algo que requiere una especial atención, ya que el futuro depende de superar esa amenaza.

Quinto, se liga a los opositores con los riesgos y peligros presentes en la coyuntura electoral y que han sido catalogados como los más percibidos en importancia por los electores.

Sexto, se presenta la alternativa propia como la única que garantiza proveer una solución eficaz a la amenaza.

Séptimo, se evalúa el efecto de la campaña y su cobertura mediática en la conducta y comportamiento de los electores.

Octavo, se retroalimenta y, en caso necesario, se hacen las adecuaciones y mejoras pertinentes.

Al impulsar este tipo de campañas es importante tomar en consideración la credibilidad de las fuentes informativas y la cobertura mediática que se haga de la misma.

También, es pertinente cuidar que este tipo de campañas no genere el efecto bumerán, ya que, de no lograr la gestión adecuada, los resultados pueden ser contraproducentes para sus impulsores.

En fin, el voto de miedo es una estrategia política ampliamente utilizada durante las campañas electorales.

Este tipo de estrategias se inscriben dentro de lo que se ha dado en llamar las campañas negativas, mismas que parten del principio de que es posible incrementar el interés, la atención y la persuasión de un anuncio a través de la apelación al miedo y de que los anuncios con alto contenido emocional originado por una amenaza tienen efectos más profundos y duraderos en el cambio de actitud, los cuales están vinculados con la conducta.

El miedo y la ira son unos de los instintos y emociones más primitivas, poderosas e incontrolables del ser humano, que las élites han utilizado como parte de sus estrategias para el control político.

Bajo regímenes autoritarios y totalitarios se apeló al miedo y al enfado de la gente para dominar a los opositores y mantener el poder político, económico y militar.

Hoy, bajo regímenes democráticos, se sigue apelando al miedo y a la ira como estrategia para ganar elecciones.

El miedo y la ira ejercen en el hombre un gran poder de persuasión y movilización.

Por miedo y por ira se hacen o se evita hacer muchas cosas. En una sociedad democrática, sustentado en el voto mayoritario de los electores, ganará o conservará el poder quien sea más competitivo en el estudio, comprensión y manejo de estos dos tipos de emociones.

El voto es un acto eminentemente emotivo y se genera a partir de lo que comúnmente se conoce como voto anatómico.

Es decir, algunos electores votan por el corazón, otros por el estómago, otros más por la bilis, pocos por el cerebro y muchos por el hígado.

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