CRUELDAD FEMINICIDA EN YUCATÁN

Redacción/Sol Quintana Roo

Mérida.- Académicas y activistas destacan el carácter cada vez más cruel de los feminicidios en Yucatán, ante el desinterés y la desidia de los tres Poderes del Estado que padecen de “sordera y ceguera crónicos”.

Precisaron que se han dado casos de mujeres víctimas de feminicidio con abrelatas en la vagina, carbonizadas y apuñaladas, por mencionar los casos más sádicos.

Afirmaron que a la par en el alza del número de crímenes de odio hacia el mal llamado “sexo débil”, la violencia institucional contra las mujeres también se ha disparado.

Académicas y activistas denuncian que se han dado casos de mujeres víctimas de feminicidio con abrelatas en la vagina, carbonizadas y apuñaladas, por mencionar los casos más sádicos

“A pesar de la existencia de instituciones y leyes que deben prevenir, atender, y erradicar la violencia de género, diversas especialistas y funcionarias públicas relataron que es frecuente que cuando una mujer denuncia a su pareja o familiar por actos de violencia los funcionarios que las atienden les formulan preguntas tales como: ¿para qué denuncias si es tu marido? o ¿ahora, quién te va a mantener?

“La violencia simbólica, la revictimización y la falta de atención por parte de las instituciones, como la Fiscalía General del Estado, puede tener consecuencias incluso fatales para las mujeres”, destacaron.

Señalaron que de acuerdo con investigaciones del Grupo Indignación, “en Yucatán tanto el Poder Ejecutivo como el Legislativo han exhibido una gran intolerancia frente a la violencia de género, lo que constituye violencia institucional, favorece la revictimización y la impunidad, ya que la lenta y despreocupada administración de justicia resulta ser tan dañina para las víctimas como las violaciones primarias de sus derechos humanos”.

Esto es una muestra de violencia estructural de género, ya que la organización misma de la sociedad y el funcionamiento de sus instituciones producen sufrimiento a las mujeres”.

“Pero la violencia institucional se agrava cuando las mujeres son de la etnia maya, ya que a las prácticas de género existentes se suma su condición física por lo que les resulta más difícil acceder a la justicia”.

Las mujeres mayas viven la violencia de otra forma, se enfrentan a más obstáculos. No están reconocidos los derechos del pueblo maya: su primera instancia para acceder a la justicia es quién hace la justicia en su propia comunidad y en Yucatán los derechos del pueblo maya están muy mal reconocidos y han vulnerado su acceso a la justicia”.

 Y agregaron: “El hombre ocupa una posición más valorada que la mujer, por lo que nos encontramos con relaciones desiguales de poder en las que los hombres controlan o buscan controlar los recursos más significativos y toman las decisiones sobre ellos”.

Afirmaron que a la par en el alza del número de crímenes de odio hacia el mal llamado “sexo débil”, la violencia institucional contra las mujeres también se ha disparado

“De este modo, la violencia de género contra las mujeres no se trata de una serie de casos aislados, producto únicamente de tensiones, celos o conflictos situacionales sino que su base se encuentra en un sistema de sexo-género marcado por desiguales relaciones de género y de poder que alimentan la violencia simbólica”.

El amplio y detallado estudio, elaborado hace algún tiempo pero con plena vigencia, se titula: “La violencia de género contra las mujeres en Yucatán”.

Sus autores son los destacados académicos Leticia Janet Paredes Guerrero, entonces coordinadora del Grupo Universitario de Estudios de Género de la Unidad de Ciencias Sociales del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la Universidad Autónoma de Yucatán;  Rodrigo Llanes Salazar, en su carácter de presidente del Colegio de Antropólogos de Yucatán A.C., Nayelli Torres Salas, asistente de Protección a la Infancia del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en México y Alejandra Pamela España Paredes, Profesora Investigadora de la Unidad de Ciencias Sociales “Dr. Hideyo Noguchi”.

Entre sus reflexiones, mencionan que “la condición y la posición de desigualdad, dominación, desventaja y asimetría de género de las mujeres en Yucatán en los ámbitos social, educativo, laboral, político y económico nos dan cuenta de la violencia estructural que existe contra ellas”.

La representación numérica de las mujeres en la política también muestra desigualdad aunque en la Legislatura local de 2015 a 2018 se incrementó la participación política de la mujer, al llegar a nueve diputadas, todavía se trata de un porcentaje lejano a la paridad”.

“Para las mujeres, la condición étnica es un elemento estructural que las coloca en condición de discriminación y subordinación. En Yucatán, el 62 por ciento de la población de tres años y más se reconoce como perteneciente a un pueblo indígena. Las mujeres mayas sufren una doble discriminación por ser mujeres y de origen maya, por ello han sentido la desigualdad de trato y han tenido un acceso limitado a niveles educativos o laborales debido a su condición étnica, genérica y de clase”.

“Las condiciones de las mujeres yucatecas descritas anteriormente nos dan cuenta de que en la estructura confluyen desigualdades, subordinación, discriminación, dominio y asimetría en los ámbitos económico, de clase, político, educativo y étnico que al relacionarse contribuyen al desarrollo de una violencia estructural que coloca a las mujeres en posiciones vulnerables para la manifestación de otros tipos de violencia”.    

Mencionan que en la entidad las mujeres viven la violencia como un problema estructural y relacional en la medida en que hay situaciones de dominio y de asimetría de género culturalmente construidas que les ocasionan daño o sufrimiento y que simbólicamente se encuentran normalizadas como una práctica de género y se manifiestan en el cuerpo de las mujeres.

Dentro de este contexto explican  que se distingue tres dimensiones de violencia, que llamaremos “triángulo de la violencia de género”: la “directa” o “interpersonal” que se presenta entre dos o más actores concretos, la “estructural” o “indirecta” que no es ejercida por un actor específico, sino que se genera a partir de las condiciones sociales y que tiene como fundamento la distribución desigual de los recursos y la “violencia cultural”, que se basa en representaciones y elementos simbólicos sobre los sujetos.

“En un nivel estructural y simbólico, los hombres aparecen como sujetos productivos o ‘proveedores’, cuyo espacio por excelencia es el ámbito público, mientras que las mujeres son conceptualizadas como ‘objeto’ y su espacio es el privado”.

“La violencia simbólica tiene como característica que logra imponer significados como legítimos, lo cual invisibiliza las relaciones de dominio y logra que los agentes dominantes sean interiorizados también por los dominados, de forma tal que la violencia y la dominación, que siempre son producto de procesos sociales e históricos, aparecen como algo natural y normal para dominantes y dominados”.

“La violencia verbal en la pareja es una expresión de violencia simbólica, al dar cuenta de que existen expresiones legitimadas que promueven sexismo y dominio, y que a la vez normalizan, naturalizan y justifican la violencia. Algunas expresiones son ‘porque te quiero te aporreo’ o ‘si a la mujer la maltrata su marido es porque algo habrá hecho’”.

“Este tipo de violencia adquiere un alto nivel de gravedad en las mujeres jefas de familia pues, al tener esa posición cuentan con mayor independencia económica la cual presupone una mayor autonomía en la toma de decisiones, lo que representa una amenaza a la práctica de los roles de género tradicionales en los hogares, así como al dominio masculino”.

“Es decir, se trata de un síntoma de ‘la fractura de la domesticidad’ y los hombres buscan disciplinar a las mujeres ‘autónomas o rebeldes’ a través de la violencia, para lo cual recurren a la violencia simbólica con el propósito de legitimar que el hogar y la familia son los espacios de las mujeres, mientras que el del trabajo corresponde a los hombres”.

“Por lo anterior, la responsabilidad de cualquier situación conflictiva en las relaciones de pareja o el hogar recae en las mujeres trabajadoras, ya que ocupan un rol de género y una posición al interior de la familia no natural”.

“En lo que se refiere a la violencia interpersonal o directa, detectamos que hay cuatro tipos: la física, la emocional, la económica y la sexual. El tipo de violencia hacia las mujeres en los hogares yucatecos es la emocional, seguida de la económica, la física y por último la sexual”.

“Los estudios sobre violencia directa o interpersonal en Yucatán se han centrado en el espacio doméstico y han dado cuenta de que la familia no es solamente un espacio armónico y de refugio, sino que en él también se inscriben relaciones de poder y desigualdad, tensiones, conflictos y violencia, del mismo modo, sabemos que la violencia familiar no es un asunto privado sino que también es público y político”.

“Igualmente, somos más conscientes de que la violencia, en sus diversas expresiones y dimensiones suele ser naturalizada y normalizada de forma tal que muchas veces no es percibida ni reconocida como violencia”.

“A partir de lo expuesto, puede afirmarse que los estudios sobre la violencia contra la mujer en Yucatán, únicamente contemplan la dimensión interpersonal o directa de la violencia en el espacio doméstico, específicamente en las relaciones de pareja y la reducen al espacio privado, lo cual limita la explicación del fenómeno en la entidad”.

“Por ello, ampliamos la mirada y señalamos que la violencia de género en contra de las mujeres está presente tanto en el espacio privado como en el público, sin embargo, la violencia institucional y la feminicida, expresadas en el espacio público, se han naturalizado debido al tipo de relaciones sociales basadas en la desigualdad, lo cual se refleja en una omisión de los marcos normativos”.

“Un planteamiento importante para entender la violencia vivida por las mujeres yucatecas fue la definición del concepto violencia de género contra las mujeres, ya que nos permitió dar cuenta de que la violencia es resultado de relaciones desiguales de poder entre los géneros que causan daño en el cuerpo de las mujeres”.

La violencia de género contra las mujeres yucatecas se encuentra presente y de manera importante no solo en el hogar sino también en las instituciones y en las representaciones colectivas, en las que todavía se concibe a la mujer como un símbolo objeto, que condicionan la aparición de conductas de violencia extrema que pueden desembocar en feminicidio”.

“Por último, los datos estadísticos y hemerográficos así como los obtenidos en entrevistas, nos permitieron dar cuenta de que la violencia de género contra las mujeres es relacional entre la estructura, el símbolo y lo interpersonal, elementos presentes en la sociedad yucateca tanto en el espacio privado como el público”.

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