Hoy Escribe Rafael Loret de Mola

DESAFÍO

RAFAEL LORET DE MOLA / SOL QUINTANA ROO

*Contra la Tiranía

*El Síndrome “AMLO”

Las dictaduras, sean resultados de monarquías caducas o de presidencialismos autoritarios que se visten como demócratas al calor de la manipulación colectiva, parecen ir en caída libre a pesar de los sostenidos esfuerzos de las cortes de aduladores que pretenden blindarlas con el peso de la demagogia como fuete y la sumisión de las masas tan vulnerables a las arengas y los lugares comunes. Así como no cabe ya el concepto del “divino derecho de los reyes” tampoco cabe el del mandatario que se convierte en mandante para hacer cuanto le conviene a él y sus corifeos.

En México tal se evidencia con los arranques de López Obrador que, vanagloriándose de su popularidad –bastante menor a la que él señala por cierto-, exigió reunir a cien mil manifestantes para que con ello fuera suficiente para irse a “La Chingada” –el nominativo de su rancho en Palenque, Chiapas, al que por pudor ya no lo nombra como tal y ya heredó a sus hijos, los exitosos empresarios de la 4T-, para luego rectificar con una sentencia rebosante de soberbia y colorido folklorismo: “No coman ansias”, como decir que “me hago pato” o “me canso ganso” en la línea del nuevo léxico del moderno neoliberalismo amlista, quizá animalista.

La política ahora parece marcarse por duelos; las manifestaciones por ejemplo de la sociedad civil que sumaron entre 180 y 320 mil personas, 153 mil de ellas con número y firma registrada ante tres notarios hasta que se terminaron los papelitos, el sábado 3 de octubre pasado, van a entrar en duelo, esperemos que pacífico aunque en esto solo una de las partes ha cumplido, con una programada para el 24 de este mismo mes destinada a adular al presidente y rescatarlo así de la ola de señalamientos en su contra.

Si de fascismo se trata solo resta encontrarle un saludo ad hoc, por ejemplo con las manos en lo alto estrechadas para así llenar todas las antiguas posiciones, las del brazo estirado hacia delante y la falangista, de lado. Deben los del régimen mexicano ser siquiera imaginativos.

También en España se acorta la vida de las endebles coronas con Felipito VI con las barbas puestas a remojar. En Barcelona ya hasta guillotina le prepararon y no faltan quienes en la Cámara de los Diputados insistan en los nexos de los Borbones –con sangre mexicana- con la ominosa dictadura de Franco, exhumado el año pasado del Valle de los

Caídos, en medio de encuentros entre radicales de uno y otro bandos, los rojos y los nacionalistas del “caudillo por gracia de Dios”.

Pero si la monarquía española es herencia del dictador sin escrúpulos morales –aunque durmiera a un lado de la reliquia de Santa Teresa de Ávila, su brazo para ser claro-, y el franquismo no cesará hasta la extinción del caduco reinado de Felipe, en México la “dictadura perfecta” –no casi- del priismo avasallador dio cauce a no pocas de las tribus de MORENA y el Partido del Trabajo, cuyos militantes más distinguidos son el abyecto Bartlett, ex gobernador priista de Puebla, y Gerardo Fernández Noroña quien anhela la candidatura presidencial por esta opción lo que debilitaría la posibilidad de una alianza. Nada es gratis.

El hecho es que la soberbia del mandatario en funciones amenaza la estabilidad política del país que sería más endeble si la derrota del enfermo “fast track”, Donald Trump, se consuma.

La Anécdota

En 2004, como jefe de gobierno del entonces Distrito Federal, AMLO rechazó con vehemencia la enorme manifestación del silencio, con cientos de miles de personas, organizadas por distintas agrupaciones de la sociedad civil y sin banderas partidistas en protesta por la creciente inseguridad en la capital, calificándola como una “marcha de pirruris”.

Dieciséis años después, el Zócalo volvió a ser escenario de otra enorme manifestación a la que descalificó Andrés, presidente de este saqueado y engañado país, señalando que sus integrantes eran conservadores, fifís y calumniando al grupo FRENAAA diciendo que eran “ricos” que llevaban a su servidumbre para cargar las pancartas y servirles como si estuvieran en sus mansiones.

Los hechos situaron a cada quien en su lugar aunque no falten rastreros que, desesperados por la concatenación de mentiras, asuman que solo estuvieron en el Zócalo mil quinientas personas, absurdo tal que pinta de cuerpo entero al inspirador del neofascismo en México. No digo más por qué por hoy es suficiente.

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