Hoy Escribe Rafael Loret de Mola

DESAFÍO

*Desastres de Hoy
*La Lengua de Fox

Rafael Loret de Mola/Sol Quintana Roo

Para lavar sus manos, como el bíblico Poncio Pilatos ante la inocencia de Jesús de Nazaret, Andrés Manuel recurrió la semana anterior a una especie de expiación personal por cuanto comparó el colapso de un edificio en Miami con los dramas recientes de México, no solo por los estallidos de ductos y plataformas de Pemex -¿se acuerda de Tlahuelilpan, Minatitlán, Dos Bocas?-, sino igualmente por las aguerridas intervenciones militares en distintas zonas del país –como en Aguililla, Michoacán–, de igual magnitud o peores que las del siempre culpable pasado.

A veces creo que al presidente le sería grato gobernar a un estado sin pueblo, digamos a la manera con la que dio el Grito el 15 de setiembre de 2020 bajo el silencio de una pandemia pésimamente manejada, para no deberle explicaciones a nadie y hacer fluir sus “mañaneras” –célebres en el mundo por lo jocosas derivadas del histrionismo manipulador del principal protagonista y de todos sus títeres-, sin el menor contratiempo ni tener que inventarse una sesión para exponer las supuestas mentiras de los medios cuando es incapaz de reconocer las propias. ¿O acaso, de verdad, le vino como anillo al dedo el coronavirus? Quizá pretendió decir, con otros datos, el virus de la corona –no la cerveza- heredada de Iturbide y el enajenado barbado de Miramar. 

Por ello su soberbia lo acosa y lo carcome por dentro. De vez en cuando le encuentro un cierto parecido con el futbolista brasileño Neymar quien se tira al césped cada que siente el menor rozón y ni eso porque sabe muy bien simular falsas faltas; así AMLO cuya piel se enchina ante las críticas y controversias por él mismo originadas al desconocer sus límites constitucionales y pretender meter al aro a los otros poderes de la Unión, el Legislativo y el Judicial a los que aprieta sus coberturas en cuanto requiere someterlos a sus iniciativas o considera necesario imponer sus reglas incluso sobre las normas fundamentales como en el ominoso caso del presidente de la Corte, Arturo Saldívar Lelo de Larrea, y su pretendida prórroga que le serviría al mandante-mandatario como precedente para exponer su propia ambición mal disfrazada bajo firma notarial.

La prórroga es una forma de eludir el término reelección; tan sencillo como eso. Y si alguien lo sabe es el propio López Obrador, o simplemente López para darle un toque despectivo desde la voz de un ciudadano afrentado por sus falsedades de pacotilla, dispuesto a simular cómo la democracia puede convertirse en dictadura, a la manera de tantos otros “indispensables” sujetos de la talla de Chávez-Maduro, Fujimori –encarcelado-, Daniel Ortega, Rafael Correa, Evo Morales –destituido-, Pinochet –golpista- y los tiranos de Brasil y Argentina entre otros más.

 No, Andrés. Te equivocas rotundamente. Tú no eres ni representas al pueblo. Si para quedarte requieres a la oligarquía representa por Ricardo Salinas Pliego, tu más fervoroso panegirista, o Carlos Slim Helú, tu rescatista financiero en la L12, seguramente no les pondrás candado alguno a tus ambiciones. Por eso nos odias tanto a los críticos, a quienes lo hemos sido siempre y mucho antes, en mi caso, de que tú abrieras la boca contra el establishment y a la sombra de un hombre congruente, Cuauhtémoc Cárdenas, como no lo eres tú.

AMLO se ha convertido en la vergüenza de los verdaderos izquierdistas, de quienes le impulsaron, de cuantos creímos en él hace veinticinco años. No ganaste la historia ni serás recordado como un buen presidente sino como uno más de los grandes defraudadores de los mexicanos.

La Anécdota

Deslenguado como fue antes y después de su gestión presidencial, Vicente Fox me dijo en agosto de 2000 cuando aún celebraba su victoria sin alcanzar la mayoría simple siquiera; ese mismo día recibió la constancia de mayoría en compañía de Lucía Méndez y bajo la mirada escrutadora de Marta Sahagún:

–Lo primero es instalar la democracia en México; lo demás vendrá por añadidura.

Y no dejó de hablar lo cual llevó a su mayor opositor, AMLO, a declararlo “chachalaca”. El título ya le fue arrebatado por quien lo creó en plena parafernalia de rencores, alevosías y deprimentes razonamientos de un enfermo.

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