Hoy Escribe Rafael Loret de Mola

DESAFÍO

*Miseria: su Origen
*Concesiones Caducas

Rafael Loret de Mola/Sol Quintana Roo

Del léxico político de nuestro tiempo se ha ausentado el término “productividad” que debiera ser el eje natural de la verdadera riqueza, la que no es de papel ni está guardada en las enormes bóvedas de Kort Knox, inaccesibles hasta para el presidente de México pese a tener almacenados allí 4 mil millones de dólares en lingotes de oro desde que así lo decidió el precario y entreguista mandatario Felipe Calderón en el apogeo de un poder basado en los humos de Baco. Nos fue hundiendo en la medida en que su alcoholismo se acrecentaba y ahora pretende una autoridad moral que perdió por completo a cambio de procurar dejarse ver en un PAN al que traicionó junto a su Margarita estrellada en fase de volver a sentarse en una curul.   

Cuando López Obrador fungió como jefe de gobierno del Distrito Federal -2000-2005-, insistió, hasta el cansancio que la proveduría mayor de narcos se encontraba en la pobreza asfixiante, lo mismo en los barrios –casi guetos al estilo de la segunda guerra mundial-, de la Ciudad de México que en las colonias miserables, marginadas y contaminadas de la frontera desde donde parten todavía los túneles que solo descubre la Border Patrol, al otro lado de la frontera, cuando así conviene y ya existen otros listos a reemplazarlos. Es un círculo cerrado que nace, precisamente, entre dos polos: la miseria del sur y la prepotencia del norte del Río Bravo.

Mientras, claro, el gran poder, que tiene alguna confluencia hacia la Casa Blanca –la de Washington-, insiste en que los mexicanos sigamos matándonos, silenciando de paso a periodistas y persiguiendo a líderes sociales y políticos, pero sin alterar el inmenso mercado de consumo de drogas en los Estados Unidos mismo que favorece la mimetización de los seres humanos y acaso cierta docilidad que se convierte en fiereza irracional cuando los jefes así lo determinan en materia de invasiones y genocidios.

Y nos siguen señalando, de manera generalizada, como narcotraficantes, criminales, secuestradores y mal vivientes, alimentando la xenofobia más baja y propiciando actos de violencia incalificables hacia nuestros paisanos incluso en hoteles de lujo –los que bordean, por ejemplo, los parques temáticos de Universal en Orlando e incluso en el llamado Disneyworld-, restaurantes del mismo nivel y en gasolineras y carreteras. Nos detectan como si contaran con un radar para captar la pigmentación de la piel morena –ya no tanto la negra-, de quienes cruzan la frontera por el sur estadounidense.

Por eso estaba obligado el mandante-mandatario poner las cosas en su sitio pero hizo todo lo contrario: colocó en venta al país anulando la posibilidad de diversificar nuestro comercio y los ingresos nacionales para favorecer a un regionalismo basado en el T-MEC que privilegia a la gran potencia del norte y nos deja como la cola despelucada del león y favoreciendo así la fracasada campaña reeleccionista –el sueño dormido de Andrés- de aquel desviado jefe de la casona de la Avenida Pensilvania ahora bajo el peso de varias denuncias por fraude en Nueva York.

La peor de las miserias, hoy y siempre, es la de conciencias devaluadas por miedo o por ambición.  

La Anécdota

Si uno de ustedes decide, pese a la xenofobia y las disparatadas actitudes de los “gringos”, llegar en automóvil partiendo de la frontera hacia Orlando, Florida –hace años lo hice con mi hijo menor-, descubrirá que transitar sobre autopistas de concreto, puentes larguísimos sobre el mar –como el de Mobile-, y los pantanos –en Lousiana-, hasta llegar a la sede de los parques temáticos más célebres del mundo, sólo les costará 25 centavos de dólar de peaje, esto es unos cinco o seis pesos. Nada más.

En México, las grandes carreteras, de cuatro carriles y llenas de baches, además de los riesgos de derrumbes entre filos de montañas sin redes, son las más caras del mundo y acaban de aumentar sus cuotas. No hay razón para ello, considerando las frecuentes alzas de la gasolina que el presidente asumió sólo podría detener al tercer año de su mandato… que está por terminar.

Mientras tanto, seguirán llamándonos “ricos” aquellos extranjeros que no comprende la razón por la cual pagamos tantos tributos y tantas cuotas los mexicanos. ¡CORRUPTOS GOBERNANTES!

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