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DESASTRE NACIONAL, EN MATERIA CRIMINAL

*Lo ocurrido en Villa Unión, Coahuila, fue otra batalla criminal que se libró entre la policía estatal y sicarios del Cártel del Noreste, uno de los más violentos del país, cuyos hombres armados balacearon el palacio municipal de esa localidad, sembrando el terror entre la población 

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México 

(Segunda de tres partes) 

Tamaulipas.- El primer año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador cierra entre balaceras, muertos, impotencia oficial y una ceguera institucional que se niega a reconocer lo evidente —el desastre nacional en materia criminal— pero que festeja con un discurso triunfalista los primeros doce meses de gobierno como si el país estuviera en jauja, el paraíso en toda su plenitud.   

Lo ocurrido en Villa Unión, Coahuila, fue otra batalla criminal que se libró entre la policía estatal y sicarios del Cártel del Noreste, uno de los más violentos del país, cuyos hombres armados balacearon el palacio municipal de esa localidad, sembrando el terror entre la población. Las fuerzas del orden no tuvieron reparo en el uso de la fuerza: Masacraron a varios criminales, haciendo caso omiso a la máxima presidencial de “abrazos y no balazos”, pues aplicaron todo lo contrario: “Balazos y cero abrazos”. 

Este hecho –tan violento como el operativo fallido de Culiacán, efectuado en octubre último– puede ser clasificado también como otro acto terrorista, pero el gobierno federal rechaza tal consideración. 

La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, reconoció que en México hay delincuencia organizada, pero rechazó que haya narcoterrorismo, tema que ha generado controversia y polémica luego de que el ex presidente de Estados Unidos, Donald Trump, planteó que en su país los cárteles del Golfo, Zetas, Sinaloa y Cártel de Jalisco Nueva Generación serán clasificados como organizaciones terroristas. 

Con ello, pretende diseñar una contraofensiva armada, con inteligencia de Estado, para desmantelar a estos grupos del narcotráfico. Sin embargo, el presidente López Obrador no acompañará a Trump en esta cruzada a pesar de que continúan las masacres. 

Apenas hace menos de quince días, el Cártel del Noreste puso de cabeza al estado de Tamaulipas: Comandos armados de ese grupo criminal incendiaron vehículos, secuestraron y descuartizaron a varias personas, presuntamente rivales suyos, y causaron un verdadero estado de alarma en Nuevo Laredo –cuna del crimen– convertida en un territorio sin ley durante varios días. 

Luego, la violencia y el terror pasaron a Nuevo León, donde también perpetraron varios asesinatos y, ahora, tocó el turno al municipio de Villa Unión, Coahuila, un bastión que hasta hace no muchos años estaba bajo el dominio de Los Zetas, otrora brazo armado del Cártel del Golfo, uno de los cárteles más beligerantes del continente. 

En esta demarcación se enfrentaron agentes estatales y municipales con hombres armados del Cártel del Noreste: Entre las bajas de ambos bandos, hasta ahora, se contabilizan 24 muertos, una verdadera carnicería que el presidente no cuestionó. 

Ninguna autoridad federal pudo frenar esta barbarie. 

Guerra entre cárteles 

El Cártel de Los Zetas –fundado por Arturo Guzmán Decenas y Heriberto Lazcano Lazcano en 1997 para convertirse en el brazo armado del Cártel del Golfo– tuvo como principales bastiones los estados de Tamaulipas (su cuna), Nuevo León y Coahuila. Luego, sus tentáculos llegaron a Veracruz, particularmente la zona sur –el corredor petrolero de Acayucan-Minatitlán y Coatzacoalcos–, la región más violenta del país: Lleva más de una década sumida en el caos y no hay autoridad estatal ni federal que pueda pacificar ese territorio donde priva el pavor. 

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