DESDE LA BARRERA

 AMLO, el protagonista

Aletia Molina/Sol Quintana Roo 

El equipo de cualquier presidente es una pieza básica para conseguir los objetivos de gobierno. El llamado gabinete constituye de una u otra forma no únicamente la maquinaria para poner en marcha los programas a aplicar, sino también una especie de escudo de protección de un primer mandatario que debe ser protegido de los errores propios y ajenos. 

El problema se complica cuando como con el actual presidente, todo se centraliza en su figura y los secretarios de estado pasan a ser simples cajas de resonancia de la voluntad del líder. 

Cuando todo el manejo de medios se ubica en la conferencia mañanera y es precisamente el caudillo quien reparte golpes y reconocimientos a diestra y siniestra, la labor de los encargados de las dependencias se reduce a la del burócrata que cumple sin chistar la orden que se le impone. 

Por ello el cambio constante de miembros en el gabinete lopezobradorista obedece a la necedad y la enorme incapacidad de la mayoría de cumplir con las expectativas de un mandatario que no alcanza a entender los límites entre lo que ordena, y lo que sus subalternos pueden llevar a cabo en la realidad. 

Además, y salvo honrosas excepciones, los responsables de la administración pública en este sexenio carecen de la experiencia y los conocimientos básicos para entender siquiera el funcionamiento cotidiano de su dependencia. 

Parecería que la intención del Presidente era precisamente la de tener colaboradores de bajo perfil y capacidad que no pudiesen hacerle sombra al jefe de la 4T. Por ello, la atención se centró siempre en figuras como Marcelo Ebrard, y fuera del gabinete en Claudia Sheinbaum, por supuesto. 

La llegada de Adán Augusto López a Gobernación supone la presencia de un individuo de la clase política tabasqueña cuyas habilidades han sido mostradas en el pasado, y que difícilmente podrá jugar un papel de florero decorativo. 

El problema que tiene Andrés Manuel López Obrador con personajes de este tipo se asemeja al que tuvo con Carlos Urzúa en Hacienda: a pesar de su cercanía con el líder, este tipo de políticos están dispuestos a decirle NO cuando se necesita. 

López Obrador apuesta a que Adán Augusto podrá conducir el juego político nacional de una forma más eficaz, deja caer sobre sus hombros la sucesión presidencial de 2024 dentro y fuera de Morena. Pero, el presidente deberá cambiar su estilo de gobierno y permitirle a su secretario de Gobernación trabajar sin las trabas que impone a diario a cada uno de sus colaboradores. 

Sin embargo, esto no son más que “buenos deseos”, difícilmente el Presi va a querer dejar de ser el único protagonista para permitirle a su brazo derecho hacer su labor. 

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