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DURAZO Y EL NARCO EN SONORA

*Formado a la sombra de su paisano Luis Donaldo Colosio –asesinado en Lomas Taurinas, Tijuana, en 1993– Durazo se quedó huérfano políticamente 

*Ocho años después se incorporó a la administración de Vicente Fox, donde se desempeñó como secretario particular; después fue su vocero 

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

(Segunda de cuatro partes)

Ciudad de México.- Después de su fallido desempeño como secretario de Seguridad Pública, Alfonso Durazo se convirtió en el candidato de Morena al gobierno de Sonora, su tierra natal. 

Formado a la sombra de su paisano Luis Donaldo Colosio –asesinado en Lomas Taurinas, Tijuana, en 1993– Durazo se quedó huérfano políticamente. Ocho años después de ese suceso se incorporó a la administración de Vicente Fox, donde se desempeñó como secretario particular. Después fue su vocero. 

Ahora busca la gubernatura de Sonora, un territorio dominado por el cártel de Sinaloa –con quien lo relaciona la DEA– y el cártel de Jalisco Nueva Generación. Ambos grupos criminales se disputan la plaza a sangre y fuego. 

En el estado de Sonora, la tierra que pretende gobernar Durazo, la crisis de seguridad pública es aguda. Este territorio del norte de México es, desde hace varios años, un campo de batalla de los grupos criminales que, a sangre y fuego, se pelean el control del tráfico de drogas, ya que la entidad colinda con el estado de Arizona, clave para el tráfico de enervantes. 

El clímax del descontrol criminal alcanzó el máximo de su descomposición en 2019 cuando en la zona serrana ubicada entre los límites de Chihuahua un grupo armado asesinó a tres mujeres y seis niños de la familia Lebarón, lo que desató uno de los escándalos más fuertes, pues este tipo de ejecuciones confirmó que Sonora y buena parte del norte del país ya estaba fuera de control. 

El multihomicidio se les atribuyó a grupos del crimen organizado, pero hasta ahora no se conocen las verdaderas razones de la masacre. 

En los primeros nueve meses de 2019, el estado de Sonora registró una cifra escandalosa de crímenes: 761 en total, según datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública. 

La cuarta parte de los asesinatos ocurrieron en la ciudad de Hermosillo, la capital del Estado. En 489 asesinatos las autoridades detectaron que hubo uso de arma de fuego de alto poder, signo inequívoco de la fuerte presencia del narcotráfico. 

Debido al recrudecimiento de la violencia –consecuencia de la intensa disputa territorial por parte de los cárteles –la gobernadora Claudia Pavlovich, emanada de las filas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y quien llegó al poder en septiembre de 2015– solicitó ayuda al gobierno federal para frenar la violencia. 

En aquel momento, la lucha entre los cárteles se centró por el control de municipios de una intensa narco dinámica: Cajeme, Guaymas, Hermosillo, Ciudad Obregón y Yécora. Sin embargo, pese al envío de más de mil elementos tanto de la policía como de efectivos militares, la violencia en el estado se recrudeció. 

Y es que, para el narcotráfico, el estado de Sonora es un territorio atractivo debido a su situación geográfica: Forma parte del llamado “Triángulo Dorado” que confirman los estados de Durango, Sonora y Chihuahua; además, la tierra natal de Luis Donaldo Colosio –candidato del PRI a la presidencia de la República en 1994 y asesinado ese mismo año en Lomas Taurinas, Baja California– colinda con el estado de Arizona, en la Unión Americana, clave para el tráfico de drogas. Esta ubicación privilegiada ha hecho de Sonora un territorio de nadie. 

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