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“EL AZUL”, UN HOMBRE RENCOROSO 

*A mediados de 1986, Esparragoza Moreno fue detenido en el Cerro de las Campanas, Querétaro, en una casa de seguridad; El operativo de la Policía Judicial Federal lo encabezaron Florentino Ventura Ventura y Guillermo Robles Liceaga

*Esperó años y años para cobrarse la afrenta. Sus acciones se dieron paulatinamente, pero todos los que participaron en su captura fueron y golpearon a su hijo y humillaron fueron asesinados, por órdenes del capo

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Tercera y última parte)

Ciudad de México.- Pese a la caballerosidad y gentileza que caracterizaba a Esparragoza Moreno, también se le consideraba un hombre extremadamente rencoroso, cruel y vengativo, que no perdonaba nunca y menos una traición y para cobrar venganza no le importaba esperar años.

A mediados de 1986, Esparragoza Moreno fue detenido en el Cerro de las Campanas, Querétaro, en una casa de seguridad. El operativo de la Policía Judicial Federal lo encabezaron Florentino Ventura Ventura y Guillermo Robles Liceaga.

También participó el “Yankee” (jefe de plaza) Isaac Sánchez Pérez y los comandantes Eduardo Yanas, Héctor Correa Zetina y Juan Carlos Ventura Mousong (hijo de Florentino), así como el comandante Rubén Castillo Conde, jefe de plaza en Querétaro y Guillermo González Calderoni, entonces jefe regional en Monterrey, Nuevo León, cuyas labores de inteligencia contribuyeron a detener al poderoso capo.

Dicen que fue capturado junto con su esposa e hijo, quienes fueron objeto de maltrato por parte del mismo Florentino Ventura y de Robles Liceaga, lo que provocó el coraje de “El Azul” que les advirtió: “Ya me tienen a mí, con mi familia no se metan…Yo soy el de la bronca, eso no es de hombres”.

La reacción de Florentino Ventura fue feroz y tras de abofetearlo, arremetió contra su hijo, Juan José Esparragoza Monzón, al que también tenía esposado y comenzó a torturarlo frente a él.

Impotente, la señora Ofelia Monzón Araujo era obligada a ver cómo golpeaban y torturaban a su marido y a su hijo, al tiempo que los federales lo festejaban con burlas y a carcajadas.

Esas humillaciones jamás fueron olvidadas y menos perdonadas por “El Azul”, que esperó años y años para cobrarse la afrenta. Sus acciones se dieron paulatinamente, pero todos los que participaron en su captura fueron asesinados.

Florentino Ventura, apodado “El Tigre” por su ferocidad en el desempeño de su trabajo, dicen que se “suicidó” en 1988, frente a Perisur, en la Ciudad de México, luego de matar a su pareja; los que conocieron al jefe policiaco nunca aceptaron que hubiera decidido quitarse la vida, dado su carácter y el poder que tenía, se decía que era el único policía con “permiso para matar”.

Años más tarde, el 19 de julio de 1996, Isaac Sánchez Pérez sería acribillado frente a su domicilio, en la avenida Puente de Alvarado, en el Distrito Federal; después seguiría Guillermo Robles Liceaga, el 1 de mayo de 2002, que ya laboraba en la Secretaría de Seguridad Pública del D.F. y dos meses después, el 30 de mayo, Ventura Mousong, que ya era mando de supervisión de asesores de la Agencia Federal de Investigaciones (AFI), sería ejecutado cuando llegaba a su casa, en el sur del D.F.

El aún comandante federal, Rubén Castillo Conde, fue asesinado el 23 de enero de 2003, cuando se disponía a regresar de Ciudad Juárez a la Ciudad de México y el ex poderoso comandante antinarcóticos de la PGR, Guillermo González Calderoni, que se exilió en los Estados Unidos tras múltiples acusaciones por corrupto, fue “cazado” 15 días más tarde, el 6 de febrero, en McCallen, Texas, por un asesino profesional que lo
mató de un tiro en la cabeza.

Para experimentados jefes policíacos, Esparragoza Moreno fue el autor intelectual de todas esas ejecuciones, aunque algunos calificaron los hechos como “coincidencias”, lo cierto es que todos los jefes que de una u otra forma tomaron parte en su captura acabaron muertos.

Casi cuatro años después de la “muerte” de Esparroga Moreno, en enero de 2017, causaron gran revuelo las declaraciones de Renato Sales Heredia, titular de la Comisión Nacional de Seguridad, al anunciar la detención en Sinaloa, de Juan José Esparragoza.

Tal anuncio, ofrecido en conferencia de prensa, cimbraron a la PGR y a la Drug Enforcement Administration (DEA), ya que ambas, pese a que nunca lo han admitido estiman que el mítico capo ya está muerto, aunque, paradójicamente, siguen ofreciendo millones de dólares y pesos por su captura, ofrecimiento que valida que está vivo.

La captura de Juan José Esparragoza Monzón, “El Negro”; fue magnificada por Sales Heredia, al señalarlo como responsable de coordinar una red de distribución de droga, administrar recursos financieros de una célula del Cártel de Sinaloa e invertir el dinero
sucio en bienes muebles e inmuebles en Baja California, Baja California Sur, Jalisco, Sinaloa y Querétaro.

Fue aprehendido junto con Jesús Alfredo Beltrán Bojórquez y Jesús Alfonso Ríos Gómez, chofer y escolta, con lo que dijeron que era todo un arsenal: un arma larga y dos cortas, tres celulares, tres kilos de heroína y 199 “ladrillos” de cocaína, 200 kilos, aproximadamente.

Sales Heredia, lo calificó como “generador” de violencia en ciudades de la frontera norte y dijo que se había concretado el objetivo prioritario 106, de los 122 del Gobierno Federal. Los tres fueron puestos a disposición del Ministerio Público Federal en Sinaloa.

Pero no había sido el gran capo que se creyó en principio. Pasada la euforia se precisaron las cosas.

No era Esparragoza Moreno, “El Azul”, legendario capo durante varias décadas, sino Esparragoza Monzón, “El Negro”, primogénito del primero, que si bien forma parte del Cártel de Sinaloa, sólo es uno más de los peones de la organización criminal, a diferencia de su padre que por más de 40 años ha figurado como el consejero  de la mafia mexicana de las drogas.

Esparragoza Monzón es hijo de Gloria Monzón Araujo, esposa y supuesta viuda de “El Azul”, señalada por el Departamento del Tesoro de Estados Unidos de haber creado una red de gasolineras en Culiacán que era utilizada para el blanqueo de dinero y que fueron aseguradas por la PGR.

A diferencia de Sales Heredia, Francisco Domínguez Servién, gobernador de Querétaro, uno de los estados donde “El Negro” lavaba dinero de las drogas, según Sales Heredia, dijo que no era noticia la detención de un delincuente y que su administración investigaría las supuestas inversiones ilícitas hechas en Querétaro.

A Esparrogoza Moreno no se le ha vuelto a ver, pero sí se habla de su muerte por un infarto, aunque dadas las frecuentes equivocaciones de las autoridades antidrogas en otros casos, hay escepticismo en aceptar tal versión y no descartan que su “muerte” sea otra más de sus estratagemas para, muy a su estilo, seguir operando, siempre sin dejarse ver pero sí hacerse sentir, ya no desde un segundo plano, sino casi casi desde ultratumba.

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