Reportajes Especiales

EL BARRIO DE TEPITO: UNA MODERNA CORTE DE LOS MILAGROS (1/6 PARTES)

Cuna de ídolos del boxeo a nivel internacional.

Un barrio de chingones, chingadores y chingados.

De corruptos, corruptores y corrompidos.

Cuándo y cómo nace y se extingue el verdadero Cártel de Tepito.

 

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

“Aquí se bisnea de todo y con todo. Aquí se vende, se compra, se talonea, se trafica, se falsifica, se transa, se roba, se huye, se mata y se remata”, así es Tepito, dice orgulloso uno de los viejos moradores del barrio bravo, quien se ufana de que ya no hay nada que los espante, que los sobresalte: “hemos aprendido a vivir entre narcos, robos, asaltos, asesinatos, secuestros, fayuqueros y operativos, que ya forman parte de nuestra rutina”.

Inmerso en un mundo de violencia, drogas, ejecuciones, armas, “fayuca”, “piratería”, pasadizos secretos, bodegas subterráneas y túneles (de esos que dicen que sólo existen en el folklore tepiteño), el barrio de Tepito –que en una época fue famoso por sus ídolos de boxeo, chachareros y ropavejeros– desaparece lenta pero inexorablemente. Así da paso a un “Bronx Mexicano” en el que delincuentes de toda laya conforman mafias y cofradías que aniquilan a los verdaderos tepiteños, satanizados y estigmatizados por la sociedad que, de manera injusta, los califican con el mismo rasero.

El nombre de Tepito etimológicamente no ha sido definido con precisión, pues aunque hay varias hipótesis en cuanto al origen del nombre, se dice que proviene de la palabra Tepitóyotl (mercado chiquito), en relación con el mercado grande contiguo que se localizaba en Tlaltelolco, donde se comerciaba a base del trueque.

También se ha dicho que es una derivación del vocablo prehispánico Tequipeuhca, que significa zona comercial de los mexicas.

Otra versión señala que fue resultado del desalojo de los comerciantes de “El Tepo” (Gran Mercado), por lo que tuvieron que aposentarse en el Baratillo. Pero como la gente siempre ha sido muy dada a la aplicación de los diminutivos, de Tepo, pasó a Tepito.

Otra de las tantas anécdotas aceptadas incluso por los mismos tepiteños, indica que en tiempos de la Colonia, dos “serenos” (policías de aquella época), al comenzar su rondín de vigilancia, se decían entre sí: “Si hay algo, te pito” (para poder ayudarse en caso de peligro), y así de pitada en pitada, fue quedándose el nombre que terminó en Tepito.

Lo cierto es que desde la época prehispánica, ha sido y es un lugar comercial por excelencia, sólo que con algunas variantes por lo “peculiar” de la mercancía que ahí se consigue.

Curiosamente, en la nomenclatura de la Ciudad de México el nombre de Tepito, conocido a nivel internacional, principalmente por sus ídolos del boxeo, no existe. Figuran los nombres de la colonia Morelos, parte enclavada en la delegación Venustiano Carranza y la otra, Ampliación Morelos, en la Cuauhtémoc, donde se ubica el Barrio Bravo.

Tepito fue conocido durante muchos años como la cuna del boxeo y de los Baños Gloria, ubicados en las calles de Ferrocarril de Cintura. El centro pugilista cerró sus puertas en el año 2013, luego de 90 años de operar ininterrumpidamente, y fue testigo del surgimiento de verdaderas leyendas del deporte como el de las orejas de coliflor, Luis Villanueva Páramo, mejor conocido como “Kid Azteca” (1913–2002), cuyo gancho paralizador al hígado lo volvió inmortal; Carlos Zárate Serna, “El Cañas”, cuya mayor victoria fue vencer las drogas y el alcohol, y ahora figura en el Salón Internacional de la Fama del Boxeo. Otro grande, José “Huitlacoche” Medel Navarro (1938–2001), llegó a ser ídolo hasta en Japón y mereció que el gimnasio de box del Deportivo Tepito lleve su nombre; Rodolfo Martínez Estrada y Octavio “El Famoso” Gómez Ruiz, fueron algunos de aquellos monstruos del boxeo. Pero obviamente el más grande y popular, el más querido de Tepito, campeón mundial de peso gallo, Raúl “Ratón” Macías Guevara (1934–2009); cuyo único vicio era no faltar a los bailes del Salón los Ángeles en la colonia Guerrero.

Durante la etapa colonial fue un mercado de trueque, pero al paso del tiempo se convertiría en un auténtico refugio para las clases sociales más desprotegidas, donde los más pobres entre los pobres podían “ajuarearse” de pies a cabeza con sólo unos cuantos pesos.

En los años cuarenta el barrio estaba lleno de ropavejeros, conocidos como “ayateros”, “carreros” o “cambiadores”.

 

 

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