Reportajes Especiales Retropolicíaca

EL INGRESO DEL QUÍMICO A LECUMBERRI

*El 29 de julio de 1959, 72 horas después de la llegada de Rafael Pérez Hernández a Lecumberri, el obrero Manuel Martínez Gómez se ahorcó en su celda; El suicidio jamás fue olvidado por el químico 

*Su esposa y sus hijos le pidieron perdón una tarde, ella había rechazado a multimillonarios que deseaban casarse, los muchachos lloraban por el injusto cautiverio de su padre 

Redacción/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Ciudad de México.- El 29 de julio de 1959, 72 horas después de la llegada de Rafael Pérez Hernández a Lecumberri, el obrero Manuel Martínez Gómez se ahorcó en su celda. En un conflicto por celos, Manuel había matado de cuatro balazos a su esposa, Rosa Hernández Cortés. 

El suicidio jamás fue olvidado por el químico. Y el defensor y abogado penalista, Rigoberto López Valdivia, comentó en su oportunidad que la Procuraduría de Justicia del entonces Distrito Federal, obró a la ligera al consignar a Rafael ante un juez penal, “ya que si bien es cierto que por ahora tanto la señora como los hijos de Rafael Pérez Hernández, se muestran decididos a que se castigue a tal persona, al correr de los meses ellos mismos reconocerán su error y se manifestarán arrepentidos”. 

El defensor expresó que la Procuraduría se excedió en la represión de los abusos que en el ejercicio de la patria potestad haya incurrido o podido incurrir el señor Pérez, en virtud de que el Derecho Civil, desde tiempo inmemorial, había establecido o creado medios de corrección de tales abusos, que no constituyen una novedad. 

Por ejemplo, mediante el depósito de la esposa e hijos en un hogar honorable, la suspensión de los derechos de la patria potestad y la privación definitiva de éstos, imponiéndole al padre, mientras tanto, la obligación de suministrar alimentos, el divorcio de la esposa como cónyuge inocente. 

Con todas sus consecuencias legales, pero sin que sea necesario “recurrir al extremo doloroso, destructor de la familia y desquiciante de la autoridad paterna y marital, de que la mujer y los hijos acusen penalmente al padre y de que a éste se le decrete la formal prisión por los delitos de injurias, amenazas, portación de arma prohibida y secuestro, que llevan consigo una penalidad promedio de 25 años de prisión, lo cual constituye una verdadera catástrofe. 

No sólo para el preso, sino para la unidad familiar en sí, pues pasados unos meses, quizá los hijos se arrepentirán de haber procedido en forma tan violenta en contra de su progenitor y sin que ése remordimiento impida ya el destrozo que ha sufrido la unidad familiar”. 

Ninguna declaración a favor le interesó al juez 20 penal, J. Jesús Efrén Araujo, quien sentenció a 25 años de prisión al industrial en pequeño, Rafael Pérez Hernández, nacido en 1905 en Jalisco y llevado a Chihuahua desde muy pequeño, por lo que se consideraba chihuahuense. 

El cautivo se ganaba la vida vendiendo café caliente y tenía proyectado reunir dinero y establecerse con su familia en Argentina. 

Sonia y sus hijos le pidieron perdón una tarde, ella había rechazado a multimillonarios que deseaban casarse, los muchachos lloraban por el injusto cautiverio de su padre. 

A los 67 años de edad, 13 de noviembre de 1972, el vendedor de café caliente se ahorcó, exactamente como el celoso obrero que mató de cuatro balazos a su mujer en 1959, año en que según la leyenda la niña Indómita arrojó un papelito a la calle para denunciar el presunto secuestro colectivo. 

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