ESCANDALOSOS MÉTODOS DE “INVESTIGACIÓN”

*Los medios para alcanzar los fines era lo de menos. En los calabozos de la PJF, él personalmente daba las órdenes de cómo torturar a los detenidos que no querían revelar los nombres de sus cómplices 

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Tercera de cinco partes)

Ciudad de México.- Sus métodos de “investigación” eran motivo de escándalo; pero a él no le importaba; los medios para alcanzar los fines era lo de menos. En los calabozos de la PJF, él personalmente daba las órdenes de cómo torturar a los detenidos que no querían revelar los nombres de sus cómplices o la forma de operar del grupo delictivo al que suponía o estaba cierto que pertenecían. 

Personalmente iba a las celdas y advertía a los presuntos: “si no cooperan, se los va a llevar la chingada”. 

Desde entonces se había puesto de moda, entre policías, la frase que llevaría al chino Zhenli Ye Gon a la cárcel: “coopelas o cuello”. 

A quienes no confesaban lo que él quería oír, se les desnudaba; los ataban de las manos por atrás y se les encapuchaba. 

Apenas empezaba la pesadilla para el detenido. Se le aplicaban toques eléctricos en los testículos, en las nalgas, se le aplicaba lo que después se conocería como “tehuacanazo” (agua mineral con chile piquín por la nariz); le introducían un alambre por el orificio del miembro. 

Los puñetazos y puntapiés era lo más común hasta que el interrogado se desmayaba y para volverlo en sí, le orinaban el tumefacto rostro, a veces le metían un palo por el ano, mientras seguía la tanda de patadas y golpes. 

Con esos métodos de “investigación” no había quien no confesara lo que el comandante Ventura quería oír. Lógicamente muchas veces se les pasaba la mano y el interrogado moría a manos de sus torturadores. 

En esos casos a la familia se le informaba escuetamente que su pariente se había “suicidado”. 

En los tenebrosos separos de la Interpol-México, en el número 81 de las calles de Soto, en la colonia Guerrero de la Ciudad de México, el jefe “Álamo 1” era el amo y señor. Todos sabían que era el único policía que “tenía permiso para matar”, sin que nada ni nadie lo molestaran. 

En ese lugar estuvo Juan José Espárragos Moreno, “El Azul”, tras ser detenido en la calle de Fuego, del Pedregal de San Ángel; también el primer narcotraficante internacional en México: Alberto Sicilia Falcón. 

También estuvieron retenidos Rafael Caro Quintero y Sara Cosío, cuando Florentino los trajo de San José, Costa Rica y muchos otros personajes más, incluso de la política. 

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