GRACIELA, EL ROMANCE DEL ESTRANGULADOR DE TACUBA

La detective Ana María Dorantes investigó que maestros y compañeros de Graciela, la estimaban y respetaban y parecía “no tener novio”. 

*”Goyo” Cárdenas, de 26 años de edad, de pulcro vestir, con actitud de hombre de ciencia, lentes con cristales redondos y arillos delgados, llevando bajo el brazo dos libros y una libreta de apuntes y con frecuencia… 

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Sexta de siete partes)

Ciudad de México.- La detective Ana María Dorantes investigó que maestros y compañeros de Graciela, la estimaban y respetaban y parecía “no tener novio”. 

Alguien señaló por fin a Cárdenas, de 26 años de edad, enamorado de Graciela, de pulcro vestir, con actitud de hombre de ciencia, lentes con cristales redondos y arillos delgados, llevando bajo el brazo dos libros y una libreta de apuntes, con frecuencia. 

Los padres de Gregorio tuvieron siete hijos y muy jóvenes los llegaron de Orizaba, Veracruz a la ciudad de México, los padres no tenían muchos recursos pero sí u na honradez acrisolada. 

El muchacho había laborado en Petróleos Mexicanos, donde le descubrieron una gran inteligencia natural, de maestría hacia las matemáticas, por lo cual las autoridades petroleras decidieron becarlo con veinte pesos diarios para que estudiara la carrera de ingeniería química en la UNAM. 

“El Güero” Téllez escribió que “Cárdenas se había distinguido dentro de su grupo por su inteligencia, al grado que los maestros lo querían y sus compañeros lo buscaban para que los ayudara a resolver los problemas de trigonometría, a lo cual accedía de buen talante”. 

Inicialmente, el veracruzano residió en Violeta 3, Colonia Guerrero, muy cerca del Panteón de San Fernando, próximo a la Alameda Central de la hoy ciudad de México. 

El joven poseía un auto Ford, de modelo más o menos reciente entonces, le facilitaba recorridos en busca de mujeres jóvenes consideradas de “la vida horizontal” y, lo que no se sabía entonces, era que el universitario había pedido a su madre, Vicenta Hernández, que lo internara en una clínica psiquiátrica que se ubicaba en Primavera y Tacubaya, pues “había perdido la razón”. 

De hecho, el internamiento era un truco para eludir la vigilancia policial solicitada por el padre de Graciela. Detenido, Gregorio confesó lentamente que “había asesinado a su novia, a quien sepultó posteriormente en el jardín de la casa de Mar del Norte”. 

Efectivamente, en Mar del Norte 20 —donde el veracruzano tenía un departamento de soltero— no sólo fue encontrada Graciela, sino otras tres mujeres jóvenes y sin vida, recientemente estranguladas, no así la primera, quien falleció a consecuencia de golpes en el cráneo. 

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