HERIBERTO LAZCANO, FUNDADOR DE “LOS ZETAS”

Ciudad de México.- Uno más de esos peculiares casos de muertes confusas es el de Heriberto Lazcano Lazcano, conocido también como “El Lazca” o “El Verdugo”.

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Cuarta de siete partes)

Ciudad de México.- Uno más de esos peculiares casos de muertes confusas es el de Heriberto Lazcano Lazcano, conocido también como “El Lazca” o “El Verdugo”.

Presuntamente abatido el lunes 8 de octubre de 2012, luego de un prolongado enfrentamiento con la Marina, el cuerpo sin vida permaneció en poder de las autoridades más de 12 horas. Según las autoridades le pudieron tomar fotografías, impresiones de sus huellas dactilares, practicar la necropsia de ley e integrar la averiguación previa correspondiente.

En todo ese tiempo, ni las autoridades estatales ni las federales sabían que habían abatido a nada más y nada menos que el jefe máximo de “Los Zetas” en todo el país. Por lo mismo, no protegieron el cadáver y este fue a dar a una modesta funeraria de Sabinas, Coahuila.

Resulta que las autoridades antidrogas se dieron cuenta que se trataba de un pez gordo cuando un comando de hombres embozados con vestimenta militar clonada y fuertemente armados, tomaron por asalto la funeraria “García”; y se llevaron el cuerpo de su jefe y de su escolta sin que tuvieran que disparar un solo tiro.

Para los especialistas en materia de narcotráfico quedaron muchas interrogantes, como el hecho de que sí hubo una intensa balacera con armas poderosas, de muy alto calibre, con muertos y heridos.

Armas, incluso, más letales y mortíferas que las del Ejército Mexicano. ¿No era lógico suponer que no se trataba de un narco cualquiera, sino de algún capo de las drogas y, por lo mismo, tenían que extremar las medidas de seguridad y vigilancia?

Esos y algunos otros casos más, que por su irrelevancia pasaron desapercibidos para la opinión pública, son los que han sumido en la incredulidad a la sociedad.

Ante tantos puntos oscuros, contradicciones e incongruencias, surgen dudas respecto a la veracidad de cómo ocurrieron los hechos en las muertes y desapariciones de grandes capos. Sobre todo, si no se trató de simulaciones como resultado de acuerdos o pactos, para mejorar la deteriorada imagen de las autoridades y brindar impunidad a los barones de la droga.

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