Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero / Sol Quintana Roo

Todos los hombres (…)

en deslenguadas jaulas con sus toses,

mordiéndose los dientes y los codos

L. R. Furlán: “Los hombres”

 

De argumentos y razones

¿Son realmente ilustrativas y ejemplares las palabras de Francisco Martín Moreno de volver a llamar a la Inquisición para quemarnos a los herejes que apoyamos, ahora (no hace dos años, en las elecciones) a López Obrador? ¿Cuáles son, en el ámbito de lo legal, los argumentos y razones de quienes piden, como Francisco Martín Moreno (Aguilar Camín, Krauze y fauna que los acompaña) el fin del gobierno obradorista, que no sean teorizaciones que encubren el complot y el golpe de Estado, acciones que hasta hoy nuestras leyes no contemplan, pero que, desde tiempo atrás, han sustentado los golpes de Estado reaccionarios en contra de aquellos gobiernos (en especial de América Latina) que se niegan a seguir sujetos a la dinámica de explotación capitalista (hoy neoliberal) de sus países por años y años de esa ignominia? ¿No es eso, acaso, lo que hay hoy en el conjunto de acciones que, particularmente en la ciudad de México, promueve el conglomerado de chile, de dulce y de manteca que se agrupa en FRENA? ¿Por qué no con una manifestación monstruo de más de cien mil asistentes se muestra del lado de quién están las verdaderas mayorías del país, satisfechas con el gobierno de la 4T con todo y los errores que ha cometido y que seguramente seguirá cometiendo, pero mayorías que lo que menos quieren (como sí lo quieren los de FRENA) es el retorno del neoliberalismo?

Tan simple como eso: o se respeta el orden constitucional o no se respeta. Es decir, el gobierno actual (con sus tres poderes) fue elegido y constituido legalmente con el voto mayoritario de los mexicanos en edad de elegir (que somos, en efecto, la mayoría de los mexicanos), por ende, sería lógico que si se disiente con él se tenga la libertad de expresarlo, como hoy se hace, por las vías que la ley permite y que, en ningún momento, expresa y autoriza el que, por mis pistolas, esa disparidad de disenso se exprese a través del complot y sabotaje que propicie el derrocamiento del régimen de gobierno en turno.

Los actuales, en efecto, afirma Jens Andermann, académico de la Universidad de Nueva York, en su escrito “Estado de inexcepción” no son tiempos fáciles: “Según algunos científicos, el punto de inflexión (cuando el bosque deja de producir la evaporación suficiente de agua para reproducirse y se convierte en estepa) ya ha sido alcanzado; para otros, ‘recién’ se estaría acercando, con consecuencias devastadoras e

irreversibles a escala planetaria”, y ello nos conduce a pensar (y más que nada a los gobiernos en turno), con mucha seriedad, en el qué hacer inmediato y de corto plazo para salvar la parte de planeta de la cual se es responsable. En eso, creo, debiera estar centrada nuestra atención y no en seguir buscando enfrentamientos ilegales y carentes de razón entre sectores de la sociedad. Seguir insistiendo en lo anterior, quiere decir cerrar los ojos (el más grave peligro que nos acecha hoy a los humanos y que ya está sobre nosotros) frente a lo siguiente: “La lista podría prolongarse con infinitud de datos, desde los índices de hambre o de suicidio a los de violencia doméstica y de género o los de extinción de especies: lo cierto parece ser que, desde donde se mire, hemos entrado en un estado de excepción, de catástrofe permanente como hecho fundamental de nuestro tiempo”.

Sí, más nos vale, a todos (o los que quieran) tomar conciencia del tiempo que nos ha tocado vivir, más allá de estandartes de la Guadalupana y las tiendas de campaña vacías con las que buscan acelerar así un golpe de Estado en el país. ¿O de qué será que habla el Papa Francisco cuando escribe en su encíclica reciente de ponerle fin al “dogma neoliberal”?

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