Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero/ Sol Quintana Roo

Ausculta el día y sólo descubre la noche en el plumaje del otoño.
Irrumpe en la sala de las congregaciones vestida del más simple acto
A.E Terán: “Piedra de habla”
En memoria de la entrañable compañera Silvia Dávila

 

Todo camina como debe

Desde tiempo atrás, en la escritura periodística, estábamos acostumbrados a luchar. Acostumbrados a no tener espacios y a que, en los espacios que se abrían, sabía uno lo que decir y el hasta dónde, y aguantar si de pronto el espacio se cerraba sin razón aparente, porque, a lo mejor, uno había escrito algo que no debía o no era conveniente. Eso sí era, claro, abierta agresión a la libertad de expresión y a uno no le quedaba sino quedarse calladito porque así se veía más bonito, y ni modo, decir adiós sin despedidas y ver en donde era posible seguir escribiendo. No, ni quejarse.

El periodismo, en México, ha sido siempre un duro trajinar, que muchas veces hasta en la muerte termina.

Hoy, al menos, uno puede escribir con libertad relativa sobre los quehaceres gubernamentales se coincida o no con ellos, sin que los dioses del averno lo condenen a uno a la peor de las hogueras del silencio. Allí va uno dándole, avanzando en términos de opinión, a veces indeciso porque no termina de entender todos los porqués de las acciones emprendidas ni el porqué de la inacción de otros momentos. Así hoy, por ejemplo, hubo razón, si, puede decirse, respecto a los fideicomisos; pero ahora falta la otra parte: ¿y a donde se destinara ese dinero, para que esos recursos, donde hacen falta? Se vuelve así al problema de la gobernanza, que si, en efecto, tapa un hoyo (darle claridad al uso de los recursos públicos, que en el caso de los fideicomisos con certeza no se sabía por dónde navegaban), aparece otro que de inmediato hay que tapar: dejar claro como esos recursos serán utilizados, toda vez que apenas son una pizquita de los muchos que se necesitan para tapar los hoyos que le permitan a la economía volver a ser lo que era, sin quedar claro aún qué sentido tiene volver a ser lo que se era.

Es decir, en términos de gobierno ese es hoy el principal problema a solventar: ¿qué es lo que busca la 4T; con quien quiere quedar bien? Porque véase por donde se vea, la pandemia ha sido profundamente antidemocrática porque a quien más duro ha golpeado es, sin duda, al factor trabajo, quien hasta hoy sigue resistiendo los golpes más duros (desempleo, miseria, bajas remuneraciones, mala salud) de este proceso agudo de enfermedad que, en la medida que avanza, hunde más en la miseria a quien ya de por si era pobre y que hasta hoy no ve claro, en el caso del país, como es que podrá salir de sus penurias.

¿Todo camina como debe caminar? El dilema hasta hoy no se ha resuelto y de allí que, trasladado ese dilema al periodismo, haya provocado el que las opiniones, al igual que la realidad, se hayan polarizado tanto: hay quienes no perdonan nada al gobierno en turno, en tanto habemos quienes juzgamos con menos rigor los actos de gobierno. El rigor de los primeros, es cierto, tiene fines aviesos: el sabotaje, la desestabilización para volver al pasado oscuro del neoliberalismo. Los segundos, buscamos más que nada olvidar el pasado inmediato y darle otro sentido, muy diferente, a la vida diaria de hoy y del futuro.

Pero, como sea, mientras tanto, si hay oportunidad hay que seguir escribiendo.

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