Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO/ SOL QUINTANA ROO.

¿Unidad a fuerzas?

Viendo a tus amigos, a dos de ellos, hay muerte.

Mirando accidentalmente hacia un lado, hay muerte

V. Sterligov: °Muerte»

Más allá de la violencia cotidiana, ¿cómo avanza el país? Con dificultades, sin duda. Más allá de las previsiones altamente negativas de los organismos económicos internacionales (FMI, BM y la tibia CEPAL), la economía del país no carbura correctamente y eso se traduce en un estado de incertidumbre continuo con el que nadie parece encontrarse satisfecho. A la 4T muchos la arrastran por diferentes calles de la amargura, con todo y que aún el pueblo la defiende, sin quedar bien claro si a quien defienden es a ella (los actos de gobierno) o más bien a AMLO (su mesías criollo). Hay allí una frontera no bien delimitada, que conduce a una situación igualmente compleja, ya planteada otras veces: ¿se puede hoy, indistintamente, gobernar para todos?, ¿eso es democracia?.

El gobernar para todos es una idea secundaria que se desprende del manido paradigma capitalista de la unidad nacional, que de manera amplia se manejó durante la segunda guerra, hasta épocas relativamente recientes: esa fue la idea, por ejemplo, que le dio cuerpo al pacto por México, en donde, sin distingos ideológicos, se mezclaron PRI. PAN y PRD para caminar juntos como hermanitas de la caridad, sin darse cuenta de que, tarde que temprano, como bien afirma Luis Rubio, se iban a tropezar feamente y ya nadie iba a creer en ellos, como hoy se está demostrando de manera fehaciente. De allí entonces que seguir confiando en ese paradigma de unidad nacional a toda costa o considerar que la democracia conlleva el gobernar indistintamente para todos, es un error político que a los griegos en el siglo IV antes de nuestra era les costó sacrificar la democracia directa por la tiranía que allí estaba, expectante, para dar el zarpazo llegado el momento. Llegó el momento y no dudó en darlo y los sueños de los sofistas (Socrates, Jenofonte, Platón) se vinieron al piso.

De esta manera, pues, tanto las ideas políticas de los conservadores como las de la 4T parecen cojear del mismo pie y no se vislumbra aún cuál de esas dos fuerzas, en lo inmediato y sobre todo en el 2021, van a dar el paso para desprenderse de la falacia de unidad a toda costa, que les permita apostar a otra realidad política: a los primeros consolidarse abiertamente en su conservadurismo neoliberal y a los segundos, a la 4T, ¿qué, hacia dónde jalar?

Objetivamente, los segundos, ahora, se muestran mejor armados que los primeros, porque tienen al menos un aparato partidario (en apariencia uno solo, con un número infinito de tribus) que, en sus jaloneos y aunque ése no sea su objetivo central (su objetivo central, desde hoy, es saber quién será su candidato para el 2024), puede destinar parte de sus esfuerzos a diseñar un programa político que, finalmente, olvide ya, a la vez, los periclitados paradigmas de la unidad nacional y la democracia como gobierno para todos.

Es tiempo, pues, de que la política comience a operar como ciencia de la verdad.

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