Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

SERGIO GÓMEZ MONTERO / SOL QUINTANA ROO

porque la claridad te hace atento

al mínimo caer de una hoja

al roce de un pétal

L. Acevedo: “Silencio” `

Memorias de un país destruido

Con la Historia no se juega; mucho menos con el presente, por más amargo que éste sea. Y así nos pasa hoy, cuando vemos, sobre el tapete, al país destruido que hoy somos luego de que, a través de nuestra historia como nación, no pudimos evitar que nuestro tejido social se encuentre totalmente desmadejado gracias a que, luego de dos siglos (con excepciones raras: los liberales, Lázaro Cárdenas), los gobiernos del país hicieran y deshicieran con éste y lo volvieran así un margallate de dimensiones inconmensurables, que nos tiene hoy sumidos en la inopia total, afectados por una sindemia (“El término «sindemia» se refiere a problemas de salud sinérgicos que afectan la salud de una población en sus contextos sociales y económicos”) la cual, hoy, se ve acompañada por el deterioro social manifiesto que implica la detención de un exsecretario de la Defensa Nacional en Estados Unidos acusado de los delitos de narcotráfico y lavado de dinero.

Carajo, ése es el país que hoy tenemos y que a mí, por lo menos, me tiene al borde de las lágrimas, por la culpa que siento (hoy que tengo 75 años) de por qué permití que el país llegara al punto en que llegó, y en que aún veo, lamentablemente, que muchos de los vicios que nos condujeron como país a donde estamos aún persisten, pues los dineros de la inversión pública, por ejemplo, se siguen manejando todavía con la misma corrupción que antes y lo mismo sucede con los puestos de elección popular, que se siguen vendiendo al mejor postor (aquí en Baja California, en donde vivo). Los años de atrás se siguen reproduciendo, pues, tristemente. Lo digo y lo repito otra vez: el peso de las herencias parece ser infinito.

Pero, al respecto, no hay secreto alguno. La ecuación es muy simple: a más años de capitalismo, mayor destrucción negativa del país, y de allí la necesidad de ir a la raíz del problema: o cambiamos de organización social (capitalismo) o todos los años que esa organización social dure, serán años de sufrimiento para el país, que así, poco a poco, será destruido. De allí la urgencia de comenzar a caminar en ese sentido (parar al capitalismo) para ir, así, cambiando las cifras que hoy nos agobian: la polarización de la riqueza, la pobreza galopante, la corrupción persistente del sector público (incluidas las fuerzas armadas), la inseguridad pública creciente (nunca, en Ensenada, donde vivo han sido tantos los homicidios violentos), la contaminación ambiental creciente, mientras el descontento social generalizado se incrementa y se vuelve desesperante.

¿Signos ominosos de nuestro tiempo? Indudablemente y de allí el pesimismo de quienes les gusta pensar, que no logran vislumbrar cuál puede ser la salida, pues no hay luz en el túnel en el que estamos viviendo… Es decir, se necesita mucha más contundencia en las acciones de gobierno que actualmente se están poniendo en práctica.

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