Hoy Escribe

ISEGORÍA

El costo de la paz 

Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo

Pero no es menos cierto 
que este siglo nos amarra las ansias 
v el sistema se nos lleva el alma 
H. Hidrovo Peñaherrera: “El pelotón frente a la libertad” 
En memoria de Norma Corona, 
que mucho supo de esto 

Sin duda, muchos son los costos que habrá que pagar por los acontecimientos del viernes pasado en Culiacán, porque en ellos estuvieron involucrados desde el Presidente de la República hasta varios secretarios de Estado cuya actuación, hasta hoy, no termina de clarificarse. ¿A quién se está tratando de engañar con esos hechos?, ¿qué fue lo que realmente pasó? En términos políticos, lo más inexplicable hasta hoy es el por qué sucede un error tan garrafal en términos de inteligencia federal como el del viernes, que no sólo pone en duda el por qué sucede lo del viernes, sino que también pone en duda –y eso es lo más grave— la estrategia hasta hoy seguida (la paz a toda costa) para combatir al crimen organizado. 

He ahí las dudas que giran en torno a lo del viernes: el crimen organizado. No hay que olvidar, al respecto, que crimen organizado implica dos polos. Por un lado, en efecto, los malosos, los poderosos cárteles del narcotráfico, que hay, como lo ha escrito Saviano, de dulce, de chile y de manteca y que son verdaderas corporaciones cuyos intereses mercantiles virtualmente no tienen medida, pues manejan desde una sencilla tienda de abarrotes, hasta negocios de prostitución de todo tipo o grupos delictivos dedicados al narcotráfico de dimensiones mayúsculas (el grupo Sinaloa maneja aproximadamente el 70% del narcotráfico mundial). Pero no solamente está ese polo, sino que hay otro polo igualmente poderoso (lo de allí de crimen “organizado”) que poco se conoce en sus dimensiones reales y verdaderas y tampoco se conoce quiénes son sus operadores reales y verdaderos, pues por lo común aparecen más bien en la vida política, empresarial o policiaco-militar (lo cual tampoco quiere decir que todos los políticos, empresarios, militares y policías estén involucrados en esos negocios, sino que ese polo existe y no hay que despreciarlo). Lo anterior, pues, quiere decir que el viernes en Culiacán fue el crimen organizado, con sus dos polos, el que intervino abiertamente aquí sí con una finalidad específica: tronar la estrategia seguida por el gobierno federal para combatir al narcotráfico, tanto, por un lado, porque esa estrategia comenzaba a afectar al negocio del 

narcotráfico, como porque estaba afectando ya, seriamente, al crimen organizado en su segundo polo, el compuesto por su ala de políticos, empresarios y –ojo: muy importante- policías y militares, porque, ¿quién si no ellos sabotearon el operativo del viernes? 

Así es como hay que plantear lo que sucedió el viernes en Culiacán y a partir de allí dar respuesta a las múltiples preguntas que de esos hechos se desprenden y que de hecho ponen en duda no el seguir la estrategia de paz hasta hoy seguida para combatir el narcotráfico, sino que, lo que se pone en duda, es si esa estrategia tiene bien identificado el quiénes son los objetivos del crimen organizado (el segundo polo aquí señalado de éste) y a quienes particularmente hay que combatir, por las labores de inteligencia, lavado de dinero y coordinación de tareas que llevan a cabo. 

Digo, una pregunta de primaria al respecto. 

*Profesor jubilado de la UPN

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