Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo

Las llamadas pruebas yacen por tierra, húmedas reliquias de la nave. Se derrumbaron las estatuas mientras dormíamos

Fernández Retamar: “Una salva de porvenir”

El costo de la congruencia: cambiar es difícil

Mucho hay que escribir por estos días en que aumentan, incansables e incalculables, las campañas de odio y perjurio en contra del gobierno legal y constitucional del país, el cual se niega a plegarse al capricho de sus detractores de anular todas aquellas medidas emprendidas durante un poco más de dos años para ir modificando y erradicando, muy poco a poco, al neoliberalismo que tanto lastimó a la población del país. Paliar los efectos de los estragos dejados por esa forma brutal de organización social –el neoliberalismo–, estrategia del gobierno actual, es lo que no quieren que se concrete quienes están empeñados en sabotear hoy las acciones encabezadas por López Obrador, cuyo énfasis hoy recae en el campo electoral, al que quieren minar para evitar así la consolidación del poder popular que, muy poco a poco, se está estructurando en todo el país. El temor a que eso suceda, es la razón de quienes hoy, desde el INE, el TEPJF y varios organismos denominados autónomos, inútilmente buscan sabotear el avance y consolidación de ese poder popular que se está formando.

¿Por qué esa búsqueda de un estado de bienestar generalizado causa tanto escozor entre ciertos estratos de la población? ¿Por qué esa resistencia pertinaz a ponerle fin a las depredación e injusticia que el neoliberalismo generalizó en el país? Allí habría que pensar que las campañas de odio hoy desatadas a través de la guerra sucia le apuestan básicamente, ni dudarlo, a hacer tambalear al gobierno nacional. Pero, ¿por qué ese empeño malévolo en truncar tal proyecto de país? ¿Quiénes, realmente, tienen tanto interés en que la 4T fracase; sólo los grandes empresarios del país (y toda la cauda de serviles que arrastran) son quienes añoran el regreso del neoliberalismo? He allí una duda metódica, cartesiana, que es necesario poner en claro.

Desde luego que lo más sencillo es irse por la vía afirmativa y quedarse a nivel de país. Pero, evidentemente, hay mucho más en juego y de allí el por qué de la persistencia y rudeza de la guerra sucia que a toda costa busca que finalice, ya, lo más pronto posible, el régimen de transición que paulatinamente se está consolidando en el país, de manera paralela a como se consolida el régimen de la 4T, que causa verdadero pavor a todos aquellos que en un determinado momento se vieron beneficiados con la corrupción que durante más de treinta años de neoliberalismo arrasó virtualmente con la vida pública del país. El problema real con lo que hoy está sucediendo en México, es que ese ejemplo, pronto, muy pronto, se puede extender a otros países de América Latina (hoy Chile y Perú están que tiemblan, pues allí se vislumbra, ya, el triunfo de fuerzas electorales progresistas), con países que estarían dispuestos a fortalecer sus lazos y relaciones con Rusia y China, lo que debilitaría de manera sensible no sólo al neoliberalismo, sino al capitalismo hegemónico lidereado por Estados Unidos.

Es decir, querámoslo o no es mucho lo que está en juego, hoy, en el país. No vale la pena perder de vista esa perspectiva.

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