Hoy Escribe Sergio Gómez Montero

ISEGORÍA

¿En dónde quedamos parados?

Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México

Pareciera que están en todas partes
las partes no incineradas de los sueños de quienes quedamos vivos
M. Zepeda: “Encomienda”

Desde mucho, muchísimo tiempo atrás, quienes habitamos nuestro territorio actual somos un pueblo que nos caracteriza la diferencia. Con la Conquista, el mestizaje nos marcó y, por así decirlo, ahondó las diferencias sociales prevalecientes en el país. Hasta hoy, esas diferencias en lugar de matizarse se han ahondado en muchos sentidos y por eso no sorprende, sino todo lo contrario, que esas diferencias sociales se manifiesten a plenitud cuando el país se expresa a plenitud, como el domingo pasado, a través de un proceso electoral de carácter nacional (votó un poco más del 50% del padrón electoral).

Muchas son las enseñanzas del proceso mencionado, el que, aparte de remarcar nuestras diferencias, nos demuestra claramente que la democracia electoral burguesa es tan cambiante como una veleta y que sus preferencias son tan volubles como las propias corrientes de viento, lo cual le hace a uno pensar en el sentido que tiene ampararse en esa democracia si ella está basada, no en principios y creencias sólidos, sino tan cambiantes como el viento precisamente: tres años atrás se votó por el cambio en la ciudad de México y hoy pareciera que ya no se quiere allí; pareciera que la pequeña burguesía urbana de la metrópoli no está satisfecha con lo hasta hoy registrado en términos de gobierno con la 4T, a diferencia del resto del país, el que hoy, más de la mitad de él, sigue apoyando los cambios promovidos por el gobierno actual.

Las elecciones nacionales son, pues, un registro significativo del estado de ánimo que guarda un determinado territorio –aquel en el cual se registran las elecciones– referido, por lo común, a las preferencias o rechazos del gobierno en turno. Son, así, un registro, asimismo, de la situación que guardan las relaciones políticas en ese territorio en términos de presente, pasado y futuro. Así, de manera muy sintética y con base en los datos que hasta hoy se conocen –otras lecturas habrá cuando se conozcan a detalle muchos datos más– el apoyo a AMLO se mantiene y se incrementa ligeramente, si se toma en consideración el número de gubernaturas ganadas. En particular en el DF, se gesta el descontento de la pequeña burguesía

urbana, no satisfecha con los pedazos de pastel –la vacunación– que a ella le han tocado en estos tiempos de crisis sanitaria y financiera tan difíciles, lo cual, a futuro, dificulta, mucho, el qué va a pasar en 2024 con el proyecto de cambio antineoliberal.

Como sea, la perspectiva no es nada sencilla, aunque una cosa sí queda clara: o el partido político, Morena, que defiende e impulsa a la 4T se prepara ahora sí a fondo para abordar los tiempos difíciles que se avecinan –de impulso y consolidación del antineoliberalismo– o puede que se hunda en el naufragio.

Hoy como nunca el trabajo abajo y a la izquierda, creo, se necesita impulsar con toda la fuerza que sea posible o los resultados electorales del 2024 serán desastrosos.

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