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Isegoría

Morena: fortalecer al régimen

Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo

Sin aumentar su poder,
Júpier ya no merienda,
y que el instante comprenda
la lucidez sin ceder
J. Lezama Lima: “Para las décimas de Nicolás Guillén”

Para Adalberto Rangel y Ernesto Ponce

Hay cosas que luego de ocho meses o más de un año, según se le quiera ver, no terminan de entenderse y se siguen inútilmente disputando, como si fuera la lucha por un juguete entre dos pequeños (o entre dos grupos de pequeños) que no le hacen caso a las reconvenciones de los mayores. No entender que hoy al gobierno le urge consolidarse  como régimen para así enfrentar con todo el éxito posible a sus enemigos que no cesan de hostigarlo, es realmente un berrinche inútil de quienes se empeñan en enfrentarse el uno al otro (¿o no Polevski –Batres–, o no Monreal?) ¿Por qué entonces empeñarse en la destrucción de un partido que no es tal? ¿Por qué mejor no ver la manera de sólidamente construirlo?

Insistir en eso, entre otras cosas implica (¿o no Benito Collantes?) desconocer a profundidad y puntualmente la teoría del partido en las corrientes contemporáneas del pensamiento político, ya no se diga en términos marxistas. Ese pelear por el pelear mismo, sin anteponer los intereses que en este momento es primordial cuidar y defender, es casi empujar al abismo al proyecto social (la 4T) que se busca impulsar, y que si bien no es un proyecto revolucionario, sí tiene que ver con otras cuestiones sociales sumamente importantes. ¿Por qué entonces poner en juego, y con riesgo de perder, proyectos que vale la pena cuidar por sobre todas las cosas, como hace días, con su lucidez característica lo expresara el camarada Enrique Semo Caleb, con quien desde años atrás hemos buscado que el comunismo represente en México una lúcida vanguardia político-social?

Tan simple como cambiar de métodos de lucha para alcanzar la dirección de Morena, de tal forma que no sea el puestismo o la burocracia electoral lo que predomine, sino que sean las ideas las que discutan, las que disputen y que sean ellas las que decidan el qué hacer y quién se encargará de la dirección de ello. Y la acción política que cada quien despliegue, lo que finalmente decida a quién le corresponde dirigir o no a la organización partidaria. ¿O todavía no se está lo suficientemente maduro para eso? Es cierto, no estamos ahora disputando quién dirige la revolución, pero sí estamos en un proceso de lucha arduo, muy arduo, por lograr un cambio de régimen profundo que nos aleje definitivamente del neoliberalismo que nos hundió, como país, en la corrupción y en la impunidad, a grado tal que ni con la ley hemos podido hasta hoy conducir al cadalso a quienes burdamente, precisamente con corrupción e impunidad, durante 36 años trapearon con la ley. En la coyuntura actual el Ejecutivo y en menor medida el Legislativo (el Judicial es una vergüenza) hasta hoy sufren para lograr que la ley se aplique y que, quien tenga que sufrir castigo lo sufra. Pero, junto con eso se requiere urgentemente que el régimen de gobierno cambie y hasta hoy eso no se ha logrado porque no hay quien conduzca la lucha política de una manera orgánica y contundente. Es decir, no hay un partido político de vanguardia que respalde los actos de gobierno que, con base en la ley, apoyen el castigo de corruptos e impunes. Es decir, hasta hoy no hay el partido político que conduzca y fortalezca el cambio de régimen.

Es válido, pues, preguntarse, ¿hasta cuándo lo entenderá así Morena?

Profesor jubilado de la UPN

gomeboka@yahoo.com.mx

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