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ISEGORÍA: UN PAÍS QUE NO CAMBIA

Estos poetas infernales, Dante, Blake, Rimbaud que hablen más bajo…
L. Felipe: “Auschvitz”

Sergio Gómez Montero/Sol Quintana Roo

Hay un país que el Presidente de la República nos dibuja todas las mañanas, el que mal que bien avanza por un camino trazado con las más buenas intenciones, pero que se opone con una realidad tozuda, terca, que no quiere cambiar, porque hay cuestiones de raíz que permanecen, que allí están, por más esfuerzos que ya se han hecho durante más de un año para que ellas cambien. ¿Será que se necesita más tiempo, llevar a cabo otro tipo de acciones?

A lo mejor el problema radica en el qué país queremos, realmente, los 30 millones de mexicanos que votamos por AMLO y de paso por MORENA en 2018. Nada claro el panorama al respecto, más allá de que no se quería, ni un día más, seguir soportando las inequidades de una situación social como la que se estaba viviendo hasta entonces: no más injusticias, no más inseguridad, no más pobreza, no más corrupción. Eso, al menos, estaba claro; nadie, entonces lo dudaba. Las dudas se concentraban en el ¿y luego de eso qué, qué futuro era el que queríamos construir y que es lo que hasta hoy no nos queda claro a los que en julio de 2018 votamos masivamente por López Obrador y su movimiento (una verdadera alianza de fuerzas sociales)? Se puede argumentar mucho al respecto: desde, el que 30 millones implicaba una diversidad muy amplia de población, que no tenía intereses comunes y a la que masivamente no se le podía satisfacer, hasta la crítica que hoy hacen los enemigos más acérrimos de AMLO: su desconocimiento de la administración pública lo lleva a estar equivocando sus acciones, de tal forma que la economía no crece y continuamente se toca a las puertas de la recesión (sin establecer parámetros ni medidas y sin atender sobre todo a la geopolítica que marca en particular una crisis generalizada en América Latina). Pero de lo anterior cuál sería una conclusión justa y apegada a la realidad y a la razón (no muy pragmática quizá, pero sí justa y razonable): gobernar de acuerdo con los cánones tradicionales (el darles a todo por su lado) es una tarea hercúlea que, ni acompañado por Arturo Romo y Carlos Slim, AMLO ha podido llevar a cabo.

Si algo ha quedado claro al respecto, es que al Presidente alguien le está jugando el dedo en la boca respecto a que todos los sectores sociales lo están apoyando y apoyando, claro, sus programas sociales de desarrollo. La verdad es que los empresarios afines a Romo y a Slim no lo pueden hacer porque va en contra de sus intereses y los intereses de sus congéneres, que siguen viendo en AMLO (por ejemplo Gustavo de Hoyos Walther) un verdadero peligro para México y no se tienten el corazón para actuar en contra de él saboteando sus acciones de gobierno de maneras múltiples. Tampoco lo apoya una pequeña burguesía (los universitarios, ciertos científicos e intelectuales) cuyas ambiciones no se han visto satisfechas.

El problema de hoy y de mañana en el país es saber si se puede seguir jugando, como antes, cuando el PRIAN, con las falsas y endebles reglas que hoy se juega, engañándose con los falsos compañeros de viaje y sus falsas promesas de amistad. Un Presidente puede estar engañado al respecto. Pero un partido que no se da cuenta de esos engaños y los analiza a profundidad es, sin duda, un falso partido político.

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