Nacionales Narcotrafico

LA COMPLICIDAD ENTRE CALDERONI Y CARRILLO FUENTES

*Con la muerte de Pablo Acosta Villarreal, Amado Carrillo ascendió en jerarquía dentro de la organización, pero aún le estorbaba otro de sus jefes, Rafael Aguilar Guajardo, ex comandante de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad y de la Judicial Federal y amigo personal de González Calderoni

Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/ La Opinión de México
(Segunda parte de cuatro)

Ciudad de México.- Con la muerte de Pablo Acosta Villarreal, Amado Carrillo ascendió en jerarquía dentro de la organización, pero aún le estorbab otro de sus jefes, Rafael Aguilar Guajardo, ex comandante de la desaparecida Dirección Federal de Seguridad y de la Judicial Federal y amigo personal de González Calderoni.

Ello no representó dificultad alguna para el ambicioso comandante federal que orquestó todo un plan para que ese obstáculo fuera eliminado el 12 de abril de 1993.

El 31 de enero de 1994, en Nuevo Laredo, Tamaulipas, murió acribillado el comandante Carlos Aguilar Garza, quien era, además de amigo de Calderoni, uno de los incondicionales de Aguilar Guajardo. Los mismos narcotraficantes señalaron en ese entonces que si se quería dejar el camino libre para Amado Carrillo, era necesario liquidar a ambos.

No obstante las circunstancias extrañas en que murió “El Zorro de Ojinaga”, para los protectores de González Calderoni, Enrique Alvarez del Castillo y Javier Coello Trejo, así como para la DEA, se trató de un triunfo inobjetable. El comandante Calderoni comenzaba ya a dar muestras del “superpolicía” que dijeron que era y fue ascendido a director de Asuntos Especiales.

Su trayectoria como sobresaliente policía apenas principiaba. El 5 de julio de 1989 detuvo al comandante Rafael Chao López, posteriormente al también comandante Frank Miller y luego al ex director de la Interpol, Jorge Miguel Aldana Ibarra.

Pero su triunfo más sonado, fue sin duda la detención de Miguel Angel Félix Gallardo, “El Jefe de Jefes”, capo de capos de la mafia; realizada el 18 de septiembre de 1989. Se dijo entonces que se había dado una más de las traiciones de González Calderoni.

Calderoni, a través de los años, entabló cordiales relaciones con Félix Gallardo e incluso, aunque siempre lo negó, llegaron a ser compadres, lo qu en su momento le dio mayores libertades al ya poderoso capo para seguir operando a gran escala y sin problemas.

Como ha ocurrido en la captura de los grandes narcotraficantes, el gobierno estadounidense presionó al gobierno mexicano para que fuera capturado Miguel Angel Félix Gallardo. La orden fue dada por Carlos Salinas de Gortari. La recibió Enrique Alvarez del Castillo y éste a su vez la transmitió a Javier Coello Trejo, quien sabedor de las relaciones de Calderoni con Félix Gallardo, lo llamó y le ordenó que lo detuviera, al tiempo que le advirtió que se trataba de una orden presidencial, por lo que no podía fallar.

Irónicamente, una semana antes de su captura, Félix Gallardo había compartido el pan y la sal con la plana mayor de la PJF, en un lujoso restaurante de la Zona Rosa, en el que Calderoni estuvo presente.

Con más de un centenar de hombres, Calderoni salió a Guadalajara, Jalisco, concretamente al fraccionamiento Los Arcos, llamado irónicamente por los lugareños como “Los Narcos”. Acordonó el lugar. Rodeó la residencia de Félix Gallardo y tomó la casa por asalto.

Ante el exceso en las acciones, Félix Gallardo reclamó a Calderoni, “qué pasó, compadre, pues de qué se trata”, “compadre, madres, se trata de que son órdenes del presidente. Hay presión de los gringos y no hay de otra. Así que te vas a tener que chingar”.

Impotente y dolido por la traición, Félix Gallardo aceptó su derrota y sólo pidió que no tocaran a su esposa. Para ello entregó 8 millones de dólares a su compadrito, quien no tuvo empacho en guardárselos y si bien no tocó a su comadre, si le permitió a su gente que ejecutara la añeja práctica del botín de guerra, apoderándose de todo lo de valor que encontraron a su paso.

La exigencia había sido cumplida y Coello Trejo lo premió con la Dirección General de Operaciones Antinarcóticos. Fue a partir de ese puesto cuando estrechó relaciones con funcionarios y elementos de la DEA, colaborando para detener a mexicanos y entregárselos vía fast track a las autoridades norteamericanas.

Uno de esos casos fue el del médico Humberto Alvarez Machaín, quien fue prácticamente secuestrado en la ciudad de Guadalajara, Jalisco, por gente de González Calderoni, en acatamiento a las órdenes del agente de la DEA Claudio de la O., con quien el comandante mexicano colaboró en infinidad de capturas y traslados ilegales a la Unión Americana.

El galeno fue llevado a los Estados Unidos, acusado de supervisar las torturas a que fue sometido el agente de la DEA Enrique Camarena Salazar, “para que soportara más el castigo”. Se le sometió a proceso, permaneció varios años tras las rejas en una prisión estadounidense y finalmente fue exonerado y repatriado a México.

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