EL ATAQUE DEL ESTRANGULADOR EN TACUBA

Una hermana de Raquel Martínez León, Eva, fue al anfiteatro de la Novena delegación, Tacuba, antes que se llevaran los restos de “su hermana”.

*El hermano de Raquel, Óscar, sufrió tremenda impresión al enterarse había sido asesinada por Gregorio Cárdenas”, que enfermó de gravedad y murió, por lo que hubo dos velorios en la misma casa y de la misma familia 

Redacción | La Opinión de México | Sol Quintana Roo | Sol Yucatán | Sol Campeche

(Tercera de siete partes)

Ciudad de México.- Una hermana de Raquel Martínez León, Eva, fue al anfiteatro de la Novena delegación, Tacuba, antes que se llevaran los restos de “su hermana” –quien en 1942 había sido asesinada con otras jóvenes y fuero descubiertas en el jardín de siniestra casa en Tacuba- al Hospital Juárez para la autopsia de ley. 

Sin estar muy segura pero “casi convencida” de que era Raquel, Eva “reconoció, sin lugar a equivocación, el calzado de la joven y su vestido, yo se los compré en un mercado de la Colonia Guerrero”. 

—Sí es Raquel, hace días que no llega a casa— afirmó Eva, quien no podía imaginar que su hermano, Óscar al parecer, iba a sufrir tan tremenda impresión al enterarse que “Raquel fue asesinada por Gregorio Cárdenas”, que enfermó de gravedad y murió, por lo que hubo dos velorios en la misma casa y de la misma familia. 

Y mucho después de que “Goyo” Cárdenas ingresó al Palacio Negro de Lecumberri (sin saber que pasaría 34 años tras las rejas en lugar de los 20 que correspondían) Raquel Martínez León retornó sana y salva a su domicilio, con el pretexto de que “escribió varias cartas que nunca tuvieron contestación, para explicar que vivía con su novio en el norte del país”. 

Así, Raquel Martínez León tuvo acta de nacimiento y acta de defunción, simultáneamente, en vida, mientras la supuesta “Raquel” que se fue a la tumba con ese nombre, jamás fue legalmente identificada. 

El famoso reportero policial, Eduardo “El Güero” Téllez Vargas —de quien tuve el honor de ser amigo y discípulo— menciona el asunto de “Goyo” Cárdenas en un libro de editorial Diana, cuyo autor José Ramón “Garmabella” fue engañado por el diarista, acostumbrado, desafortunadamente, a exagerar sus crónicas. 

Por ejemplo, en esa obra titulada “Reportero de Policía”, Téllez Vargas relata en “sus memorias”—que deberían ser sagradas para quien se respete— que Blanca Estela Pavón y Pedro Infante Cruz formaron una gran pareja cinematográfica durante la segunda mitad de la década de los cuarenta. 

Por ello, al saberse que el 26 de septiembre de 1949 se había extraviado un avión, procedente de Tapachula, Chiapas, con escala en Oaxaca y cuyo destino era la Ciudad de México, “la noticia causó honda conmoción tanto en los medios políticos como entre la gente del pueblo, pues se desconocía la suerte que habían corrido el secretario de Agricultura, Gabriel Ramos Millán y Blanca Estela Pavón”. 

En un convoy de la Cruz Roja salió el reportero policial, “que en ese momento no llevaba encima más que un simple traje de calle”. 

(¿Un “simple traje de calle” para incursionar por la nieve del Popocatépetl, en busca de los restos del avión caído?) 

Total, que en el Popocatépetl le prestaron buen equipo a Téllez Vargas y, dijo, “en la madrugada del día siguiente, después de luchar contra la nieve, la ventisca y las rocas, llegamos hasta el sitio donde había caído el avión”. 

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