LEYENDAS: LA CUEVA DEL TORO, EN CAMPECHE

Redacción/Sol Quintana Roo

En el Barrio de San Román, Campeche, hubo una época en la que salir a medianoche era una sentencia de muerte. Los habitantes estaban aterrados y sin saber qué hacer. Primero se escuchaban bramidos de una feroz bestia que rondaba por las calles. Por supuesto, nadie se atrevía a enfrentar a la criatura.

Todo comenzó, cuando las mujeres empezaron a desaparecer. Al principio todos creían que era una coincidencia, que ellas se iban por voluntad propia. Sin embargo, el número de jóvenes desaparecidas fue incrementó de manera alarmante. Era momento de armas tomar.

Pero ¿por dónde empezar? Aparte de los bramidos, no había nada inusual. Nada que indicara el porqué de la desaparición de las muchachas. Ni una pista. Y cómo sospechar de los habitantes. De ninguna manera el sacerdote o los comerciantes podían estar involucrados. Hasta que lo supieron, el culpable había estado frente a ellos todo el tiempo.

Nadie sabía de dónde era o que hacía en San Román. Era un hombre tan encantador y hábil con las palabras que no se molestaron en preguntarle. Pero la coincidencia era demasiada.

Cada vez que él se encontraba con una mujer en el día, ella desaparecía en la noche. Las cortejaba y las convencía de encontrarse en la entrada de la cueva del toro. Después de eso, nadie las volvía a ver, ni a saber de ellas. Y los bramidos se escuchaban cada vez más fuerte. Pues el extranjero no era un hombre normal. De noche se transformaba en un enorme toro y aterrorizaba a quien se le pusiera enfrente.

Pero la gente ya estaba cansada de vivir con miedo y se armaron de valor para enfrentar a la terrible bestia. Entre todos lograron someterlo y para asegurar su victoria, le arrancaron el corazón. El toro cayó al suelo, de él creció un árbol de mamey. Y una tormenta se encargó de inundar la cueva del toro. Sin embargo, todavía hay noches en que los feroces bramidos se escuchan.

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