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La negra historia del jefe de “Los Rojos”


Ricardo Ravelo/STAFF SOL QUINTANA ROO

La vida lo llevó de un lugar a otro desde temprana edad, siempre por los caminos del delito, tránsfuga de la justicia sin reposo. La historia de Santiago Mazari Miranda, El Carrete, está ligada al desamparo paternal, como la de muchos jefes del narcotráfico que alcanzaron la cima y luego cayeron estrepitosamente.

Fue en el mundo del hampa donde encontró asidero hasta convertirse en el máximo jefe del cártel de “Los Rojos”, uno de los más temibles del país, peldaño al que escaló ejerciendo lo que mejor supo hacer: matar.

            Oriundo de San Gabriel de Las Palmas, municipio de Amacuzac, Morelos, Mazari Miranda se ligó al cártel de los hermanos Beltrán Leyva desde muy joven, cuando los famosos Tres caballeros todavía formaban parte del cártel de Sinaloa, en ascenso permanente desde la fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, en enero de 2001.

            Se puede decir que el cártel de Sinaloa fue la escuela que formó a Santiago Mazari en el narcotráfico, aunque no limitó sus actividades sólo al tráfico de drogas: supo diversificar sus actividades y abrió un boyante mercado en el campo de las sustancias sintéticas; fortaleció el secuestro como actividad redituable tanto en Morelos como en Guerrero; hizo de la extorsión un instrumento que expandió sus dominios territoriales y capitalizó otras modalidades delictivas como la venta de protección, el despojo de propiedades, el control de los giros negros, el contrabando e incursionó – incluso –en el financiamiento de políticos que en 2015 ocuparon alcaldías en el estado de Morelos.

            Igual que lo hizo su mentor, Arturo Beltrán Leyva, El Barbas, Santiago Mazari operó con amplia protección al frente del cártel de “Los Rojos”, a cuya jefatura llegó, según sus antecedentes, en el año 2012, luego de que su fundador –Crisóforo Rogelio Maldonado, gatillero de los hermanos Beltrán — fue ejecutado en la Ciudad de México.

            La muerte de Arturo Beltrán, abatido por efectivos militares en Cuernavaca Morelos; la detención de su hermano Alfredo, El Mochomo, así como otras detenciones relevantes derivaron en el debilitamiento de esa célula criminal, pero al mismo tiempo las piezas que se dispersaron permitieron el surgimiento de dos grupos criminales: “Los Rojos” y “Guerreros Unidos”.        

            Aunque emergieron del mismo tronco, ambas organizaciones criminales se han mantenido en guerra durante doce años, imposible la tregua entre ellos.

            Santiago Mazari, detenido en la sierra de Guerrero el miércoles 1, se entronizó al frente de “Los Rojos” luego de librar varias batallas con sus rivales acérrimos; vivió en Morelos en completa impunidad durante los gobiernos de Marco Adame y Graco Ramírez, respectivamente. Este último, por cierto, se refugió en Quintana Roo al término de su mandato, en septiembre de 2018.

            Algunos meses antes de concluir su gestión, Graco Ramírez separó del cargo al secretario de Seguridad Pública, Jesús Alberto Capella, señalado de haber fracasado en sus intentos por capturar a El Carrete. No obstante, ocupa el mismo cargo en el gobierno de Carlos Joaquín González.

            Se sabe que, en sus inicios, El Carrete estuvo protegido en Morelos por su tío –Alfonso Miranda Gallegos –alcalde del municipio de Amacuzac de 2009 a 2012, época en la que el capo ya había asumido, a sangre y fuego, la jefatura de “Los Rojos”.

            En ese tiempo, Santiago Mazari ya contaba con gran poder criminal y era tan temido como admirado en su comunidad natal –Amacuzac –porque logró comprar fastuosos ranchos que se distinguieron desde entonces por exhibir cuadras de caballos pura sangre, de ahí el sobrenombre de El Señor de los caballos, con el que también se le empezó a conocer en el mundo del hampa. En su cárdex se registran otros sobrenombres: El Señor de las cucharas y El Ocho de Sonoyta.

Durante su etapa inicial, Santiago Mazari saltó a la fama porque comenzó a protagonizar balaceras, verdaderos baños de sangre en lugares públicos; las autoridades le atribuyen al menos 150 secuestros en Morelos y Guerrero, además de cientos de asesinatos en más de una década como consecuencia de los enfrentamientos que sostuvo con los cárteles “Guerreros Unidos” y “Los Ardillos”, sus rivales.

            Y mientras su tío ascendía en la política –después de ser alcalde fue diputado local por el Partido del Trabajo hasta que lo detuvieron acusado de secuestros y de formar parte del cártel de “Los Rojos” –Santiago Mazari hacía lo propio en su carrera delictiva:

Mediante múltiples ejecuciones y amenazas, se afianzó en Morelos y después se adentró en Guerrero, donde le declaró la guerra a los cárteles de la sierra sur, así como a “Guerreros Unidos” y “Los Ardillos”, consideradas dos de las organizaciones más violentas de un total de 300 que, de acuerdo con datos oficiales, operan en Guerrero al amparo del poder político.

            Durante el gobierno de Graco Ramírez El Carrete alcanzó su etapa de mayor esplendor: El cártel de “Los Rojos” llegó a constituirse en un verdadero cogobierno en Morelos, pues más de media entidad estuvo gobernada por alcaldes presuntamente financiados por el crimen organizado, algunos de ellos por el propio Santiago Mazari.

            De acuerdo con una ficha del Cisen, algunos de los alcaldes que fueron enganchados por El Carrete son Alberto Sánchez, David Salazar y Jorge Miranda, quienes gobernaron los ayuntamientos de Xochitepec, Tlaltizapán y Amacuzac, respectivamente.

            Otros datos, reconocidos por las propias autoridades de Morelos, sostienen que también fueron cooptados por el líder de “los Rojos” Francisco Salinas, alcalde de Zacatapec y Alfonso Sotelo, de Jojutla. Ambos pertenecen al PSD. En la lista se incluye a Luz Dary Quevedo, exalcaldesa de Tetecala, quien milita en Movimiento Ciudadano. Morelos cuenta con 33 municipios y, según los informes federales, al menos 15 estuvieron gobernados de 2015 a 2018 por autoridades con presuntos nexos con el crimen organizado.

            Las actividades criminales de Santiago Mazari se convirtieron en una pesadilla debido a que los alcaldes presuntamente financiados por él le asignaron protección en cada municipio a través de las policías locales, luego se involucró al llamado Mando Único y de esa forma el capo alcanzó los más elevados niveles de impunidad.

            A cambio del financiamiento, Mazari Miranda exigía cuotas mensuales a los alcaldes, concesiones de obra pública, pero sobre todo el contrato especial para operar el manejo de la basura, pues a través de este servicio su organización movía droga, armas y se asegura que hasta cadáveres que, posteriormente, fueron enterrados en fosas clandestinas en los distintos municipios de Morelos.

            Con el paso del tiempo, Santiago Mazari extendió su dominio territorial a los estados colindantes con Morelos: sus tentáculos llegaron a Puebla –centro de operaciones de amplias redes de huachicoleros –, Estado de México y la Ciudad de México, territorios que convirtió en sus principales rutas para el trasiego de enervantes, la distribución de drogas sintéticas y otras actividades como el secuestro, el robo de autos, las extorsiones y el tráfico de personas.

            Ayotzinapa

            El nombre de Santiago Mazari alcanzó el máximo de su fama en septiembre de 2014 cuando un grupo de 43 estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapan fueron secuestrados y desaparecidos presuntamente por el narcotráfico.

            Las hipótesis apuntan a que el cártel de “Guerreros Unidos” perpetró el secuestro, posterior asesinato y desaparición de los estudiantes por órdenes de José Luis Abarca Velázquez, entonces alcalde de Iguala, Guerrero, relacionado con “Guerreros Unidos”.

            Y es que, de acuerdo con las versiones oficiales, el autobús en el que viajaban los estudiantes iba cargado con un cargamento de droga que pertenecía al grupo “Guerreros Unidos” y que habría sido interceptado, en su trayecto, por sicarios del cártel de “Los Rojos”, encabezados por Santiago Mazari.

            Desde el estallido de este escándalo se intensificó la búsqueda de El Carrete por ser considerado una pieza clave para esclarecer este caso que ya cumplió cinco años envuelto en la impunidad. Tan importante resulta ser Santiago Mazari en este asunto que los propios padres de los 43 estudiantes desaparecidos lo comenzaron a buscar por su cuenta con el objeto de entrevistarse con él para conocer su versión de los hechos. Nunca pudieron localizarlo.

            Entre las detenciones importantes que se ejecutaron por este caso está la de Sidronio Casarrubias Salgado, identificado como líder de “Guerreros Unidos” y señalado como el autor intelectual del ataque contra los 43 normalistas de Ayotzinapa. Sin embargo, el caso sigue impune debido a que todavía sigue extraviada la línea de verdad por parte de las autoridades a cargo de las investigaciones.

            Con el cambio de gobierno en Morelos, Santiago Mazari se refugió en la sierra de Guerrero. Su presencia en ese territorio fue reportada por el Frente Unido de Policías Comunitarias de esa entidad, quienes ubicaron su paradero en la comunidad de Corral de Piedra, municipio de Leonardo Bravo, en plena sierra.

            Se asegura que Santiago Mazari estaba acompañado por Juan Castillo Gómez, El Teniente, uno de sus sicarios, a quien reportaron como muerto tras desatarse varios enfrentamientos, aunque otras versiones negaron el hecho, pero aseguraron que El Carrete estaba herido y que se había refugiado en Corral de Piedra, hasta donde arribaron efectivos de la Guardia Nacional, según dijeron, para detener el fuego, pero se encontraron con una sorpresa: Ahí estaba escondido El Carrete

            Las balaceras, de acuerdo con informes oficiales, fueron protagonizadas por Onésimo Marquina, El Necho, (éste de Guerreros Unidos), Juan Castillo, El Teniente, y Santiago Mazari. La razón: el control del corredor Chilpancingo-Cuernavaca.  

            Tras ser implementado un operativo por parte de la Guardia Nacional, la buena estrella de El Carrete se extinguió. Herido y sin protección, el capo fue detenido y desde el miércoles 1 está encerrado en el penal de Puente Grande, Jalisco.

            Los operativos continúan en Polixtepec, Villa Xóchitl, El Encanto y Tecomazuchil, comunidades donde El Carrete se atrincheró hace tres meses, según reportó El Frente Unido de Policías Comunitarias de Guerrero.

            Sin El Carrete en el escenario criminal, todos los territorios tanto de Guerrero como de Morelos pueden pasar al dominio del cártel “Guerreros Unidos”. Sin embargo, la guerra no parece tener fin porque ahora la disputa territorial podría darse con el Cártel de Jalisco Nueva Generación, cuyo líder, Nemesio Oseguera, ya se apresta a dar la batalla.

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LeoGevy febrero 25, 2020 at 1:00 am

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