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LA OTRA CARA DE NACHO CORONEL

*En los pocos años que se mantuvo junto a Amado, aprendió el valor del anonimato, y las ventajas de ser discreto, siempre manteniéndose con un bajo perfil, fuera de los reflectores y las cámaras, pero sobre
todo de las autoridades

José Sánchez/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/La Opinión de México

(Segunda de tres partes)

Ciudad de México.- A diferencia de los grandes capos, “El Chapo” Guzmán, Héctor “El Güero” Palma, Rafael Caro Quintero, Ernesto Fonseca, “Don Neto” y otros, que se hicieron a la sombra del capo de capos, Miguel Ángel Félix Gallardo, Nacho se inició en las actividades de producción y distribución de narcóticos con Amado Carrillo Fuentes, “El Señor de los Cielos”, jefe máximo del Cartel de Juárez, qué en 10 años se convirtió en uno de los principales capos de México.

En los pocos años que se mantuvo junto a Amado, aprendió el valor del anonimato, y las ventajas de ser discreto, siempre manteniéndose con un bajo perfil, fuera de los reflectores y las cámaras, pero sobre todo de las autoridades.

A la muerte de su hermano Raymundo Coronel Villarreal, a manos del Ejército en 1993 y la detención del Güero Palma, en 1995, Nacho comenzó a escalar niveles dentro de la organización.

Sin embargo, al morir su maestro, en 1997, cuyo deceso también fue puesto en duda por diversas circunastancias, Coronel Villarreal se asoció con “El Mayo” que ya era líder del Cártel de Sinaloa y con “El Chapo”.

Su nuevo socio le asignó tareas relacionadas con el manejo de las finanzas en general y de las operaciones y control de Guadalajara, pero sus actividades no se limitaron sólo en México, sino se extendieron a diversas ciudades de los Estados Unidos, en toda Centroamérica y la península ibérica en Europa Occidental.

En diciembre del 2003, fue acusado ante un tribunal de Texas, Estados Unidos, de “posesión de sustancias prohibidas con la intención de comercializarla”, por lo que se libró una orden de captura ofreciendo 5 millones de dólares por información que condujera a su captura.

El cártel de la DEA destacaba la advertencia de evitar aprehenderlo por cuenta propia, “por estar armado y ser muy peligroso.

Durante su estadía en Guadalajara, la ciudad siempre se mantuvo tranquila, y pese a la millonaria suma ofrecida por Estados Unidos y los 20 millones que también ofrecía la entonces Procuraduría General de la Repúblia, no había respuesta.

Coronel Villarreal había tejido toda una red de protección de funcionarios, políticos y jefes policíacos, estatales, locales y federales, que figuraban en la nómina de las empresas del capo por lo que no lo encontraban, pese a que se desplazaba tranquilamente por toda la ciudad con una vida social activa, ya que se le veía con frecuencia en restaurantes de lujo y concurridos centros comerciales.

Lo mismo sucedía en Puerto Vallarta, en Colima y en diversas ciudades, sin que nadie lo reconociera.

Cuando formó parte del cuadro de mando del Cártel de Sinaloa, nacieron rivalidades con los hermanos Arturo, Carlos, Alfredo y Héctoer Beltrán Leyva, pero “El Mayo” controlaba a ambos y no permitò que la situación se agravara, sin embargo los Beltrán se separaron del cártel en 2008, al considerar que “El Chapo” había “puesto” a su hermano Alfredo para que lo detuvieran.

En cambió a Nacho, poco tiempo después también tuvo que salir del grupo, a raíz de que la DEA y el FBI rindieron un informe en el que señalaban que Ignacio Coronel Villarreal, era ya un narcotraficante con posibilidades de convertirse en un capo.

Ese señalamiento originó la desconfianza del “Chapo”y pese a que ya eran parientes, pues Guzmán Loera se había casado con su sobrina, Emma Coronel Aispuro, hizo todo lo posible para que su tío-suegro saliera de la organización.

Una vez fuera, la rivalidad de Nacho y los Beltrán se recrudeció a tal grado, que Héctor ordenó asesinar a Alejandro Coronel Mardueño, de 16 años, hijo de “Nacho” El ejecutor, Santiago Lizárraga Ibarra, “El Muecas”; originario de Sinaloa, fue hasta Bahía de Banderas, en abril de 2010 y acribillò al adolescente.

Nacho Coronel se volvió loco y con meduiio centenar de sus hombres se dirigió a Mazarlán, al poblado de El Roble, donde se había escondido “El Muecas”. Tomó por asalto todo el caserío. Destrozó casas y detuvo al asesino de su hijo y al menos a una docena de sujetos. Los baleó, los subió vivios a la plataforma de un camión de redilas y les prendió fuego, mientras a gritos retaba a los pobladores a que salieran y le
hicieran frente.

Al “Muecas” se lo llevó y días después apareció muerto, desmembrado.

Pero aún no estaba satisfecho y días después secuestró a Claudia Elena Laborín Archuleta, esposa de Héctor Beltrán al que culpó de la muerte de su hijo.

A través de narcomensajes, lo retaba a que le diera la cara para saldar cuentas. Por espacio de una semana la tuvo en su poder, pero Héctor no respondió.

Ante el silencio de su enemigo, Nacho decidió dejar libre a Clara Elena.

Fue abandonada en la vía pública, atada de manos y pies, sin huellas de golpes o maltrato y junto a ella dejó una cartulina:

“Aquí está tu esposa, por la que te negaste a responder, te la entrego sana y salva para que veas y aprendas que para nosotros la familia es sagrada. Nosotros no matamos mujeres, ni niños, únicamente vamos por ti, El Dos Mil y por varios policías”.

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