Leyendas

LEYENDAS: LAS MUJERES CANÍBALES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL

Redacción/Sol Quintana Roo

Alemania.- En 1945, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, Alemania estaba en la peor de las posiciones. Debido a los atroces crímenes cometidos por el régimen nazi y la obligación de indemnizar a las naciones aliadas, la mayor parte de la población alemana había quedado sumida en la pobreza. Eso sin mencionar que muchas ciudades habían sido reducidas a ruinas, debido a los bombardeos constantes.

Conseguir lo más básico como ropa, zapatos y artículos de limpieza en buen estado, se había convertido en algo sumamente difícil. Muchos no tenían ni siquiera un techo donde vivir. Pero era peor con la comida. La falta de víveres había provocado que los alimentos se vendieran a precio de oro en el mercado negro; muy especialmente la carne. Y es en este punto donde surge una de las leyendas más macabras de la posguerra.

En aquel tiempo, muchos de los sobrevivientes eran niños que pese a todo, se divertían jugando en las calles. Sus madres sin embargo, les pedían encarecidamente que evitaran acercarse a los edificios en ruinas, pues varios infantes habían desaparecido al entrar a jugar en estas construcciones.

Se había corrido el rumor de que un grupo de personas colocaba trampas en estos lugares, para atrapar a los niños y secuestrarlos. De tanto ocurría que mientras jugaban, podían dar un paso en falso y terminar atrapados en algún sótano o habitación secreta, quedando a merced de sus captores. Lo que hacían con ellos era absolutamente abominable.

Los raptores asesinaban a las criaturas y las descuartizaban, para posteriormente vender su carne en el mercado negro. Este negocio, por más espantoso que pareciera, tenía un gran éxito entre la gente que empeñaba lo que fuera con tal de tener algo que llevarse a la boca: zapatos, joyas, mantas… en esos momentos, cualquier cosa se podía intercambiar para calmar el hambre.

Aunque algunos se mostraban suspicaces ante la procedencia de aquella carne tan dudosa, que a leguas se notaba no era de res, ni de cerdo, nadie hacía preguntas. Nadie quería saber nada.

Se dice que con el tiempo, al notar el número de niños que desaparecían en las calles, las autoridades por fin se decidieron a abrir una investigación, descubriendo la horrorosa verdad. La gente había estado devorando sin saber a aquellos pequeños. Y casi siempre, quienes los atrapaban era ancianos o mujeres jóvenes; pues nadie desconfiaba de ellos tanto como de los hombres.

Era fácil para una chica cualquiera, pedir a un niño que lo ayudara a hacer un recado y llevárselo sin que nadie se diera cuenta.

Fue por esto que a las muchachas se las conocía como “las señoritas caníbales”.

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