Reportajes Especiales Ricardo Ravelo

LOS NIÑOS DE LA MAFIA (1/3 PARTES)

El crimen organizado ha recrudecido la violencia contra niños, niñas y adolescentes que son reclutados para utilizarlos en la venta de droga, como mensajeros, sicarios o halcones (espías). El caso más reciente y escandaloso es el asesinato de Alan Yahir y Héctor, de 12 y 14 años, respectivamente, por sicarios del Cártel Unión Tepito que opera en la Ciudad de México. Los infantes fueron secuestrados, asesinados y descuartizados.

Después, pidieron a uno de los mozos del cártel, Édgar Zúñiga “El Zúñiga”, que fuera a tirar la basura: se trataba de los restos de ambos niños embolsados. Un policía se percató de que el sicario llevaba unas bolsas metidas en cajas, las cuales se le cayeron. El agente se acercó a brindarle ayuda y el hombre se mostraba nervioso. Una de las bolsas se rasgó y aparecieron los pedazos de un brazo, hombro y orejas despedazados.

Ocurrió en el Centro Histórico de la Ciudad de México, territorio controlado por el Cártel Unión Tepito, uno de los más sanguinarios del país.

RICARDO RAVELO/SOL QUINTANA ROO/SOL YUCATÁN

 

Ciudad de México.- Los utilizan como halcones, mensajeros, vendedores droga y sirven hasta de sicarios al crimen organizado. La mayoría de los cárteles del narcotráfico ha convertido a los niños, adolescentes y jóvenes en verdaderos criminales que se atreven a matar por unos cuantos pesos y hasta por un gramo de cocaína, si es que son adictos a las drogas.

El caso más reciente de criminalidad infantil se presentó el pasado 27 de octubre en la ciudad de México, cuando miembros del Cártel Unión Tepito asesinaron y descuartizaron a los adolescentes Alan Yahir y Héctor Efraín, de 12 y 14 años, respectivamente. Según las autoridades, se dedicaban a vender dulces en la calle aunque otras versiones que se investigan es que servían al crimen organizado como vendedores de droga, halcones e informantes.

Las indagaciones que lleva a cabo la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México establecen que ambos adolescentes pudieron haber sido víctimas de las confrontaciones por la plaza que enfrentan los cárteles Unión Tepito y Anti-Unión Tepito, dos organizaciones rivales que se disputan el control del mercado de drogas de la capital del país y cuyos centros de operaciones, de acuerdo con la Fiscalía capitalina es la zona centro de la capital.

 

El narcodrama infantil

Según informes oficiales de la Red para los Derechos de la Infancia en México (REDIM), como el correspondiente al año 2019, alrededor de 30 mil menores han sido cooptados por grupos delictivos, desaparecen cada día 4 niños y asesinan a 3.6 infantes –niños, niñas y adolescentes– cuyas edades oscilan entre los 5 y los 17 años. El reclutamiento forzado y la desaparición de niños por parte del crimen organizado es considerado una realidad en México, dice la organización defensora de los derechos de los infantes.

Durante el año pasado –sostiene el informe– la sociedad mexicana se conmocionó tras la difusión de varios videos que se hicieron virales, en los que aparecen niños portando armas de alto poder, ataviados con atuendo militar y lanzando amenazas en contra de líderes de los cárteles de las drogas.

Varios casos mediáticos han ilustrado la crisis de seguridad que enfrenta el país y resaltan los casos dramáticos del reclutamiento –forzado o voluntario– de cientos de adolescentes que desertan de sus escuelas para engrosar las filas del crimen organizado. Un problema que, hasta ahora, desatiende el gobierno de la Cuarta Transformación.

Ejemplo de esto, señala la organización, fue la presunta ejecución extrajudicial en Nuevo Laredo de “Juanito pistolas”, un adolescente que formaba parte de la “Tropa del Infierno”, grupo armado del Cártel del Noreste (antes Zetas) que operan en el norte y sureste del país.

Otro caso que ilustra la utilización de niños en el crimen es el de “El Panchis”, señalado como niño sicario de 14 años y que al momento de ser detenido confesó que fue adiestrado desde los 5 años por el crimen organizado.

Según la ONG, los niños y adolescentes son utilizados como informantes de las organizaciones criminales o grupos armados, los cuales son involucrados en prácticas paramilitares, procesamiento de sustancias prohibidas, homicidios, mutilaciones y hasta en desaparición de personas, particularmente rivales de los cárteles para los que trabajan.

“Los niños son sometidos a abusos y explotación”, precisa la REDIM. Añade que sufren lesiones y muchas veces mueren como resultado del reclutamiento forzado.

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