Antes de llegar a ser presidente, López Obrador puso sus bienes a nombre de sus hijos, de estos, los mayores vivieron de la “política paternal” durante toda su vida. Ahora, en tan sólo dos años, son prósperos y acaudalados empresarios. Predican la austeridad republicana y practican la opulencia insultante. “La felicidad no es el lujo, la ropa, las alhajas, eso es efímero”, dicen, pero visten prendas Salvatore Ferragamo, Louis Vuitton, Brooks Brothers, Chanel…

Redacción/Sol Quintana Roo

Ciudad de México.- Desde que en 1981, Andrés Manuel López Obrador fungiera como Delegado del Instituto Nacional Indigenista, en Tabasco, gracias al gobernador priísta Leandro Rovirosa Wade, sus hijos ya estaban programados para formar parte de su política, sin embargo en tan sólo dos años de que llegara a la Primera Magistratura, resultan prósperos empresarios que juran decir adiós a la política y no ocupar ningún cargo público mientras su padre sea el presidente de la República.

José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso López Beltrán, de 39, 34 y 28 años de edad, son los hijos mayores del matrimonio entre Andrés Manuel y Rocío Beltrán, fallecida en 2003 por un padecimiento del sistema inmunológico.

El cuarto miembro de la familia es Jesús Ernesto López Gutiérrez, de 13 años de edad, producto del segundo matrimonio de López Obrador con la escritora Beatriz Gutiérrez Müller, en el 2008, luego de una relación de siete años cuando en el 2001 entró a trabajar al gobierno del entonces Distrito Federal, como asesora de López Obrador.

Para tratar de entender mejor la actitud de los vástagos de López Obrador, en cuanto a su concepto de la “austeridad republicana”, habría que reparar primero en el desfase que el ahora Primer Mandatario tiene respecto al rubro en cuestión.

López Obrador ha repetido que su gobierno es exitoso porque logró encontrar el equilibrio justo entre lo material y lo espiritual, “se puede ser feliz si se piensa en los demás, la felicidad no es acumular bienes materiales, dinero, fama, títulos. La verdadera felicidad es buscar el bienestar material y al mismo tiempo el bienestar del alma. No sólo de pan vive el hombre”, afirma reiteradamente.

Pero una cuestión es el discurso de López Obrador y otra, sus actos, que demuestran todo lo contrario. El presidente vive en la incongruencia absoluta.

Un presidente de pobres que vive como rico

Antes de ser ungido como Mandatario de la Nación, López Obrador, en una argucia legal, se deshizo de toda su fortuna y la puso a nombre de sus hijos, antes de su última declaración patrimonial.

Entre tantas promesas incumplidas, López Obrador dijo que al llegar a la Presidencia provocaría una cuarta revolución en el país, sin embargo, su ansiada Cuarta
Transformación se transformó en una gayola fotográfica donde él y sus hijos presumen
sus lujos, viajes, modelos, ranchos y joyas.

En su declaración 3 de 3, la última que se publicó de López Obrador, se señala que percibía 600 mil pesos al año, cifra cuestionada por periodistas y políticos opositores dada su difícil comprobación, pero el escándalo mayor fue el que señalara que no poseía inmuebles ni vehículos.

Previamente a esta declaración, ya había trazado la maniobra legal que le permitiría presumir de pobre, al heredar todas sus propiedades a sus hijos para no tener que asumir el costo político que le supondría su posterior declaración de bienes.

En ese tiempo, tenía propiedades con valor de más de un millón 393 mil euros, entre ellas la finca a las afueras de Palenque de más de 13 mil metros cuadrados, llamada La Chingada.

Suele utilizarla como casa de descanso porque antes de que pusiera todo a nombre de la familia, tenía también otros inmuebles: una casa en Villahermosa, Tabasco; dos más en Teapa, un terreno y un departamento en la Ciudad de México; y la compra de casi todos esos inmuebles se hizo en efectivo y al contado.

Pero si bien se auto despojó de sus propiedades, de lo que no ha podido desprenderse ni ocultar, son sus gustos caros.

En una de sus visitas a pueblos indígenas, se le observa con unos zapatos de la marca Crockett & Jones, valorados en 604 euros o se le mira en una cena con un humilde campesino, donde luce una camisa de su marca favorita, Brooks Brothers, de 124 euros. Hay otras gráficas en las que porta suéteres de 22 mil 800 pesos, chaquetas de 25 mil 600 y un abrigo de 125 mil pesos, de la marca Salvattore Ferragamo.

En esa pobreza franciscana lo acompaña su segunda esposa, Beatriz Gutiérrez Müller, que también dice no ser rica aunque es propietaria de una casa en la Ciudad Federal, un piso y dos terrenos en Puebla, un coche, valiosas joyas y obras de arte.

Cuando los López Beltrán eran políticos

Durante la prolongada campaña de López Obrador, lo acompañaron sus hijos que formaron parte de su estructura y logística política. José Ramón, el primogénito de López Obrador, hijo de Rocío Beltrán Medina, fue designado en 2016 coordinador en el Estado de México de Movimiento Regeneración Nacional (Morena), partido que llevó a su padre a la presidencia.

Entonces se encargó de conformar 6 mil 500 comités seccionales de partido y en 2017 coordinó la campaña electoral de Delfina Gómez al gobierno del Estado de México, cargo que perdió ante el priísta Alfredo del Mazo.

Andrés Manuel, segundo hijo entre Rocío y el ahora presidente, estudió Ciencias Políticas en la UNAM, y desempeñó distintos cargos dentro de Morena. En 2015 se anunció que coordinaría la campaña de Almícar Sandoval Ballesteros, precandidato a la gubernatura de Guerrero.

Antes, en 2012, había organizado junto a Octavio Romero Oropeza, ex oficial mayor del gobierno de la Ciudad de México, la estructura electoral y defensa del voto de la campaña de López Obrador e igualmente fungió como promotor de giras y asambleas informativas de su papá en Morena, antes de que fuera partido político.

Por lo que concierne a Gonzalo Alfonso López Beltrán, el tercer hijo de López Obrador con Rocío Beltrán, estudió sociología en la UNAM y se desempeñó como coordinador estatal de Morena en Tlaxcala, en donde encabezaba los 513 comités.

Es decir, que mientras López Obrador persiguió la Presidencia hasta alcanzarla, sus hijos no se le despegaron, y su sobrevivencia fue gracias a los puestos que, de una u otra manera, les conseguía su progenitor, sin embargo, al lograr su objetivo, desaparecieron del mapa político y, sin antecedentes de hombres de negocios, en tan sólo dos años irrumpieron exitosamente en el mundo empresarial.

Empero, desde que López Obrador asumió la Primera Magistratura, el estilo de vida de los López Beltrán cambió diametralmente y por lo mismo ha sido criticado en las redes sociales, dado que sus acciones y hechos, al igual que los de su progenitor, han sido totalmente contrarios a los principios de austeridad que tanto pregona el presidente. Su hijo mayor, José Ramón López Beltrán y su esposa, Carolyn Adams, fueron criticados, debido a que en el primer informe de Gobierno de López Obrador estuvieron en primera fila luciendo prendas de diseñador.

La nuera del tabasqueño lució un vestido blanco con estampado de flores, que dejaba entrever su embarazo. Su atuendo lo combinó con unos zapatos Valentino de 900 dólares (18 mil pesos) y una bolsa Chanel de 5 mil 300 dólares, 100 mil pesos, aproximadamente, además de que en sus redes sociales presumen su poder adquisitivo y sus frecuentes visitas a tiendas en el Viejo Continente.

Además, otro asunto que causó polémica fue que la empresa donde trabaja Carolyn, la nuera de López Obrador, se habría beneficiado con la cesión de terrenos de 2.5 hectáreas en la isla de Holbox, Quintana Roo en donde piensan llevar a cabo diversas obras.

José Ramón fue presa de los paparazzi en España. El hijo de López Obrador como buen amante del lujo y el despilfarro, decidió alojarse en el Hotel Villa Magna, uno de los más caros de Madrid, donde la habitación con desayuno incluido cuesta alrededor de 420 euros por noche, lo que equivale a 10 mil 500 pesos, aproximadamente.

Por otra parte, Andrés Manuel López Beltrán, ante un escándalo en las redes sociales se vio obligado a bajar de su facebook un centenar de fotos en las que aparecía rodeado de modelos en clubs privados y en fiestas privadas en Nueva York.

Gonzalo Alonso fue visto en abril del año pasado, compartiendo el palco de honor del estadio de los Sultanes de Monterrey, conocido como el Palco Sultán, con los empresarios Carlos Slim y Carlos Bremer, así como con el jefe de la oficina de Presidencia, Alfonso Romo Garza.

Bremer, de acuerdo con versiones periodísticas, fue el empresario que ganó en subasta la adquisición de la casa del chino Zhenli Ye-Gon, el asiático al que aseguraron en su mansión más de 220 millones de dólares y al que en su momento lo calificaron como “El Rey de las Metanfetaminas”.

El más pequeño de la saga, Jesús Ernesto López Gutiérrez, procreado con su segunda esposa, ya conoce también las atenciones exclusivas para los integrantes de una Familia Real, cuando se fracturó la tibia y el peroné al jugar en el parque.

López Obrador lo llevó al hospital privado Médica Sur, donde lo intervinieron. El costo se desconoce, pero seguramente si salió un poco más caro que llevarlo al Magdalena de Las Salinas, ese nosocomio es solamente para “el pueblo bueno”.

Pero no sólo en el rubro de salud hay diferencias, también en el de solaz y esparcimiento.

El “benjamín” de la familia, fue enviado de campamento al Camp Santa Úrsula, para niños,
jóvenes y familias, en San Luis Potosí, donde se cobran 64 mil pesos por 14 días y 40 mil
por semana, es decir 5 mil pesos diarios, aproximadamente. En ese exclusivo sitio, Jesús
Ernesto convivió con una de las nietas de Carlos Slim Helú, uno de los empresarios más
ricos del mundo.

Camp Santa Úrsula está ubicado en la capital potosina y ofrece campamentos de verano, empresariales y escolares todo el año, en una superficie de 170 mil metros con amplias áreas verdes totalmente bardeadas.

Con un kartódromo profesional, observatorio astronómico, rampa para lanchas acuáticas deslizables, pista para ciclismo de 2 kilómetros, albercas para diferentes usos con toboganes y pasamanos, río con embarcadero para canoas, kayaks y pesca, práctica de buceo y torres para deportes extremos.

Nada que ver con los cursos de verano que ofrecen las instituciones públicas a sus empleados, esos son para el pueblo sabio.

Ahora, los hermanos López Beltrán irrumpen en el mundo empresarial con el negocio “Chocolates Finca Rocío”, bautizado así en honor a su madre, la señora Rocío Beltrán. La chocolatería se localiza en República de Guatemala número 20, en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México.

José Ramón, Andrés Manuel y Gonzalo Alfonso fueron los que inauguraron la chocolatería donde se expenderá el producto bajo el concepto denominado Tree to bar (Del árbol a la barra), en el que todo el proceso de su elaboración está totalmente controlado por la empresa, desde la selección de las semillas de cacao, la siembra, la cosecha, el procesamiento y su distribución en barra.

Pero además ya han incursionado en la fabricación y venta de cervezas artesanales, así como de sodas (refrescos) de la marca Rocío, realizados con base en el cacao. Los productos son elaborados en la finca Rocío, ubicada en Teapa, Tabasco. Allí plantan los árboles de la fruta y llevan a cabo toda su producción. Después, los chocolates son trasladados a la calle San Luis Potosí 43, colonia Roma, en la Ciudad de México, en donde se encuentran las oficinas de los López Beltrán y de ahí se distribuyen a diversas partes de la capital del país.

Una de las que más se ha encargado de difundir la marca de los productos es la novia de Andrés Manuel, la modelo venezolana Irene Esser Quintero que obtuvo el segundo lugar en el certamen Miss Universo en 2012.

Esa es la austeridad republicana de López Obrador y sus herederos, cuyos lujos, excesos, despilfarros, juergas, hoteles de lujo, modelos y viajes por todo el mundo, desmienten de manera rotunda lo que tanto proclaman: “primero los pobres”.

Anuncios

Dejar respuesta