Ha alimentado el ego de Marybel Villegas Canché, dado su “lugar” a José Luis Pech Várguez, hecho crecer la soberbia de Luis Alegre Salazar, pero a ninguno le ha otorgado la confianza.

No ha dejado de demostrar que sus ojos están puestos en la presidenta municipal de Benito Juárez, a quien en todo momento le da una palmadita en el espalda porque es la candidata idónea para lograr sus propósitos. Un personaje que a todas luces le ha demostrado, si no lealtad, por lo menos respeto a la investidura presidencial.

Redacción/Sol Quintana Roo

Andrés Manuel López Obrador nunca a dejado de hacer campaña. Empezó hace 19 años y
después de 18 logró conquistar la presidencia de México. Sin embargo, esa mística de
hacer política lo ha llevado a cometer los más grandes errores y tener al país en vilo.

Aunque, en muchas ocasiones, esa misma mística le ha servido para mantenerse a flote y
convencer a incautos. Pero su demagogia hoy parece estar perdiendo la fuerza necesaria
para atraer electores.

En Quintana Roo no ha hecho más que alimentar las ambiciones de los políticos de casa, a
quienes como al caballo, les soba el lomo para no perder su popularidad con ellos. Ha
alimentado el ego de Marybel Villegas Canché, ha dado su “lugar” a José Luis Pech
Várguez, ha hecho crecer la soberbia de Luis Alegre Salazar, pero a ninguno le ha otorgado
la confianza.

Sin embargo, no ha dejado de demostrar que sus ojos están puestos en la presidenta
municipal de Benito Juárez, María Elena Hermelinda Lezama Espinosa, a quien en todo
momento le da el espaldarazo, o simplemente hasta la excluye de lo malo que pase en su
territorio.

La última vez, ocurrió la semana pasada cuando habló sobre los sucesos ocurridos en
Cancún, en donde un grupo de policías municipales y estatales “repelieron” una
manifestación a balazos y en la cual salieron dos reporteros locales heridos de bala.
Hasta ofreció que la Fiscalía General de la República investigara el caso. El hecho, hoy
conocido a nivel nacional e internacional, fue causado por un aberrante feminicidio
ocurrido en ese polo turístico.

Lo cierto, es que al parecer, AMLO ya tiene su “gallo” y lo ha demostrado cada vez que
puede. ¿El por qué?

Sencillo de explicar, necesita aliados directos y a quienes pueda jinetear para, a como dé
lugar, por lo menos iniciar la construcción de su obra emblemática llamada Tren Maya. Y Mara Lezama, llamándole cariñosamente, es la candidata idónea para lograr ese
propósito. Un personaje que a todas luces le ha demostrado, si no lealtad, por lo menos sí
respeto a la investidura.

Ninguno de los anteriores, ya al llegar a la primera silla de Quintana Roo, estaría dispuesto
a seguirlo y respetar su voluntad. Los intereses son vastos y cada uno de ellos tiene los
propios. Enumerarlos serían una eternidad.

Pero lo que sí es seguro, es que ninguno de ellos le sería fiel al Presidente, ni a sus
proyectos políticos y económicos; lo que lo haría descender todavía más en aceptación y
lo peor, en su popularidad que tanto apremia.

Entonces, estas son algunas de las razones por las cuales el Presidente prefiera a la
comunicadora, no por popularidad, ni muchos menos por respeto, simplemente porque es
la mejor opción que tiene para seguir con un legado de mentiras hechas hacia a los
quintanarroenses y a quienes necesita tener a raya.

No hay que olvidar que las elecciones están a la vuelta de la esquina y no hablamos de
presidentes municipales y diputados, sino de la gubernatura; que son las convenientes
para el futuro de López Obrador y para el Movimiento de Regeneración Nacional.

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