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MORELOS, PARAÍSO DE LA IMPUNIDAD: GRACO RAMÍREZ SIGUE LIBRE, EN TANTO LOS CAPOS DE LA DROGA SE DISPUTAN EL ESTADO A BALAZOS Y NADIE LOS DETIENE

Ricardo Ravelo/Sol Quintana Roo

Tras la captura de Santiago Mazari, “El Carrete”, líder del cártel de “Los Rojos” la situación en Morelos ha empeorado: todos los días ocurren balaceras, secuestros y asesinatos, incluso en bares y cantinas, al estilo de lo que ocurrió hace poco más de un mes en “El Caballo Blanco”, el prostíbulo de Coatzacoalcos, Veracruz.

La caída de “El Carrete” puso a temblar al exgobernador Graco Ramírez –ahora flamante asesor del gobernador electo de Baja California, Jaime Bonilla Valdez –y a su exsecretario de Seguridad Pública, Alberto Capella, quien actualmente despacha como secretario de Seguridad Pública en Quintana Roo.

Se afirma que Graco Ramírez y Capella concedieron libertades al jefe de “Los Rojos”, por ello pudo construir su emporio criminal, cuyos tentáculos alcanzan están bien posicionados en Guerrero, Morelos y el Estado de México, por ahora.

Y aunque el propio Capella negó tener tratos con Mazari, lo cierto es que nunca lo pudo detener, es más, el capo lo amenazó de muerte y a través de sendas “narcomantas” le recriminó algunos favores que le hizo cuando operaba en Morelos, a lo que Capella guardó silencio.

Ahora que el cártel de “Los Rojos” se tambaleó con la detención de Santiago Mazari, el cártel “Guerreros Unidos” pretende apoderarse de la plaza y a eso obedece la extrema violencia que enfrenta Morelos, cuya policía

–el Mando Único creado por Graco Ramírez –se ha visto rebasado ante los embates del crimen organizado.

Ante esta situación, el llamado vicegobernador de Morelos, José Manuel Sanz –manager de Cuauhtémoc Blanco y principal impulsor del exfutbolista del club América –sólo atina a decir: “Eso pasa en todo el país”. Y cuando se le vuelve a preguntar sobre la oleada de muertes, dice, lacónico: “La situación es general, no sólo de Morelos”.

Y así, evadiendo la realidad, ha transcurrido un año de gobierno de Cuauhtémoc Blanco en medio de graves problemas con la inseguridad pública y las investigaciones –hasta ahora inconclusas –en contra del exgobernador Graco Ramírez, quien recientemente dijo en una entrevista de radio que él nada debe y nada teme.

En dicha entrevista, el exmandatario de Morelos dijo que le han querido integrar carpetas de investigación por presuntos actos de corrupción, pero no han presentado las pruebas, dijo.

“A mi ninguna autoridad me ha mandado llamar para declarar”, dijo Ramírez, quien ahora se mueve en Baja California, donde fungirá, a partir del mes de noviembre, como jefe de asesores de Jame Bonilla, gobernador electo de esa entidad.

En el caso de las investigaciones, el gobierno de Morelos ha manifestado, en voz del propio gobernador, que Graco Ramírez irá a la cárcel por los actos de corrupción que, asegura, cometió durante su gestión; sin embargo, hasta la fecha las autoridades locales y federales no han girado órdenes de aprehensión en contra del exgobernador, quien lo mismo se pasea en Cancún, Quintana Roo, que en la Ciudad de México.

De acuerdo con las investigaciones, en el gobierno de Graco Ramírez hubo negocios a la sombra del poder: se afirma que existen datos y evidencias de obras multimillonarias que no sólo fueron infladas sino que están sobrevaluadas.

También hubo malos manejos con obras de infraestructura que no se terminaron y que el gobierno de Graco liquidó como si las empresas hubieran cumplido con los respectivos contratos.

Ante ello, el gobernador Cuauhtémoc Blanco dijo recientemente que alguien muy poderoso estaba protegiendo a Graco Ramírez; sin embargo, empiezan a surgir sospechas de que el retraso en la consignación de las carpetas y la liberación de órdenes de aprehensión en contra de Graco Ramírez y excolaboradores obedece a que el gobierno de Blanco habría pactado con el exgobernador.

Por ello, el exmandatario aparece por todas partes muy tranquilo y sin que, aparentemente, nada lo perturbe. Es más, ninguna autoridad lo ha requerido para que declarare sobre los presuntos fraudes en Morelos, lo que indica que hasta ahora no existen carpetas de investigación terminadas y mucho menos consignadas.

Mientras tanto, la violencia en Morelos sigue pujante, sin tregua. Ahora se afirma que el cártel “Guerreros Unidos” está afincado en la plaza que por varios años manejó “El Carrete”, preso en Puente Grande bajo cargos de delincuencia organizada.

La situación es tan grave en materia de seguridad que Morelos está incluido en la lista de entidades donde podría declararse la desaparición de poderes, pues es claro que el gobierno de Cuauhtémoc Blanco está totalmente rebasado por la oleada criminal que azota al estado.

El jefe de la oficina de la gubernatura de Morelos, José Manuel Sanz, sostiene que la violencia en Morelos tiene que ver con el reacomodo de la delincuencia, después de la captura de “El Carrete”, cuyos colaboradores ahora están siendo asesinados.

Sin embargo, el llamado reacomodo criminal ha paralizado a la policía del estado: de acuerdo con las estadísticas oficiales, todos los días ocurren tres secuestros y al menos cinco crímenes, por diversas causas, aunque las principales tienen que ver con el crimen organizado.

Se trata de lucha entre distribuidores de droga, enfrentamientos entre gatilleros de “Guerreros Unidos” y “Los Rojos”, quienes se disputan el control de la plaza, una de las más boyantes del crimen organizado desde hace varios años.

El famoso “Carrete”, según su historia, inició en el narcotráfico como lugarteniente de Arturo Beltrán Leyva, quien hasta 2009 operó con total impunidad en el estado de Morelos, donde vivía en un lujoso departamento que, tras ser asesinado, quedó perforado por las balas expansivas y salpicado de sangre. Quizá por ello nadie lo quiso comprar ahora que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador lo subastó junto con otras propiedades del narcotráfico.

Arturo Beltrán, “El Barbas” operó en el gobierno de Sergio Estrada Cajigal; en ese sexenio el amo y señor de la plaza era Juan José Esparragoza Moreno, “El Azul”, quien prefirió vivir muerto: hace menos de un lustro desapareció de la escena criminal. Sus familiares dijeron que había fallecido de un infarto y hasta una novena le hicieron en la iglesia de Huichapa, Sinaloa, su pueblo natal.

Pero lo extraño de todo este asunto es que nadie pudo ver el cuerpo de “El Azul”. El único dato que existe y que da cuenta de su posible fallecimiento es que en la iglesia estuvo anotado su nombre durante nueve días en el padre de la parroquia de esa demarcación ofició misa por su deceso.

Para el gobierno federal, no existen evidencias fehacientes de que Esparragoza Moreno esté muerto, aunque tampoco de que esté vivo: simplemente se autodesapareció.

Pese a este desfile de capos en Morelos y tras la captura de “El Carrete”, se pensó que la violencia cesaría, por el contrario, aumentó, pues ahora los cárteles se disputan el estado de Morelos, reino de la impunidad.

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