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NARCOTRÁFICO: ANTE USA, RESULTADOS FRENTE AL CRIMEN

RICARDO RAVELO / SOL QUINTANA ROO 

Con Joe Biden las cosas no serán tersas.

Con el triunfo inminente de Joe Biden en la contienda electoral de Estados Unidos, un nuevo panorama se abre en materia de combate al crimen organizado y, en particular, al narcotráfico, su expresión más violenta.

Con Donald Trump el gobierno de Andrés Manuel López Obrador fue urgido a dar resultados en materia de seguridad pública, ante la ausencia de una estrategia de seguridad eficaz que se enfocara al desmantelamiento de los cárteles, a la detención de sus cabecillas y al freno de la violencia, imparable en buena parte del país en los casi dos años de gobierno.

Las relaciones en esa materia fueron ríspidas, por momentos, entre el gobierno de Estados Unidos y el de México. El tema llegó a tal grado que Trump propuso que, a fin de operar una suerte de intervención internacional en México, los cárteles del narcotráfico fueran declarados como grupos terroristas. Sólo así vendría la ayuda internacional al territorio mexicano. López Obrador se negó. Dijo que el Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad. Sin embargo, no ha cumplido con este propósito.

Ahora que un nuevo inquilino llegará a la Casa Blanca –el demócrata Joe Biden, a quien ya se da como ganador de las elecciones de Estados Unidos al sumar 290 votos (sólo se necesitan 270 para ganar) –otros vientos soplarán hacia México pero seguirá la exigencia de dar resultados en materia de combate al crimen.

Es posible que esta vez sí se pueda construir una agenda bilateral en materia de combate al tráfico y consumo de drogas, al narcotráfico continental, pero particularmente el que opera desde México y que proviene de Sudamérica. Sería bastante interesante que hubieran mesas de diálogo para construir esa tan necesaria agenda para enfrentar problemas como el tráfico de armas, el consumo de drogas en Estados Unidos, el combate a los cárteles mexicanos, que por cierto ya son 19 los que operan en todo el territorio, y privara sobre todo el acuerdo entre ambos países.

El gobierno de Estados Unidos no puede exigir resultados a fuera si no los concreta adentro. El país vecino enfrenta un verdadero flagelo con sus millones de consumidores de enervantes que los han convertido en el mercado de consumo más grande del mundo. De ahí que dicho mercado sea el más codiciado por parte de los grupos criminales.

Lo que ya entendió el gobierno de Estados Unidos es que el combate criminal por la vía de la fuerza no le ha dado resultados, por ello han optado por despenalizar el consumo de marihuana en varios estados. Esto les ha permitido obtener cuantiosas ganancias. En Europa no se habla de tráfico de drogas: en varios países su consumo está permitido, incluso en Portugal, todas las drogas están permitidas y no hay luchas del Estado por enfrentar este problema con violencia sino con educación, orientación y mediante una política de prevención, lo que en México apenas está ocurriendo aunque sin la intensidad que se debe tener en este tipo de campañas de concientización.

En México se habló de despenalizar la marihuana, pero el debate se ha quedado pendiente en el Congreso, donde muchos temas están estancados ya por la pandemia que lo ha retrasado casi todo o ya por las diferencias que imperan entre el grupo parlamentario de Morena, donde privan los desacuerdos.

Existen varias propuestas que apuntan a una buena oportunidad de obtener ganancias si se despenalizan algunas drogas. La idea inicial era quitar la prohibición en el consumo de todas las sustancias y así liberar el mercado, atacando su consumo con campañas masivas de orientación. De esta manera se rompería, en parte, una cadena de corrupción que ha permitido la división de las policías, cuyos altos mandos han ganado millones de pesos en brindar la tan necesaria protección para la siembra, comercialización y consumo de drogas.

Pero todo eso está pendiente en México.

Mientras tanto, el territorio mexicano está invadido de militares y pese a ello la violencia no ceja. De nada sirve que el gobierno de la Cuarta Transformación despliegue un número de militares tan elevado y, por el otro, la violencia continúe en buena parte del país. Este es un signo que indica que la política antidrogas de este gobierno brilla por su ausencia.

Se afirma que el gobierno está negociando con los grupos criminales. Cada vez es más reiterativo el rumor, pero el presidente López Obrador lo niega, en claro doble discurso.

Negocien o no con el crimen –esperemos que no resulte una pax mafiosa sexenal nadamás –lo cierto es que con Joe Biden podrá haber una mayor apertura para el diálogo, pero quiera o no el presidente López Obrador estará obligado a dar resultados contra el crimen.

 

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