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Pablo Cabañas Díaz/Sol Quintana Roo

Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Se cumplen 70 años, de la aprobación del Estatuto orgánico que fundó la Escuela Nacional de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Autónoma de México (UNAM), que en 1968 empezó a impartir maestrías y doctorados, con lo que pasó a ser reconocida como Facultad tomando el nombre con el que actualmente se le conoce y que desde el año 2020, dirige la doctora Carola García Calderón. El proyecto fundacional de esta institución fue obra de Lucio Mendieta y Núñez, quien, en 1949, después de un viaje a Europa invitado por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) le encomendaron la creación de institutos de investigación y de escuelas destinadas a la formación profesional de científicos sociales en nuestro país. Mendieta participó como delegado de México en la fundación de la Asociación Internacional de Sociología y de la Asociación Internacional de Ciencia Política. Al volver de este viaje propuso al entonces rector Luis Garrido la creación de una escuela de ciencias políticas y sociales en la UNAM. Ese mismo año, Emilio Oscar Rabasa le había hecho una propuesta similar al rector, e incluso desarrolló un anteproyecto orientado a su puesta en marcha. No obstante, fue Mendieta quien ganó la tarea de redactar la iniciativa, documentarla y diseñar los programas docentes de las carreras que la integrarían: Licenciatura en Ciencias Sociales, Licenciatura en Ciencias Diplomáticas, Licenciatura en Periodismo y Licenciatura en Ciencia Política. 

Mendieta redactó los programas de estudios sustentados en el derecho, la antropología, la geografía humana, la etnografía y la historia, así como en la enseñanza de idiomas principalmente el inglés y el francés, seguidos del italiano y el alemán. El énfasis en el aprendizaje de lenguas extranjeras era expresión de la gran importancia que se atribuía a la adquisición de habilidades que permitieran a los sociólogos mexicanos establecer contacto con el patrimonio intelectual de las sociologías norteamericana y francesa a través de la lectura de sus textos. También lo era por la escasa labor editorial de traducción, ya que los textos existentes en el campo de las ciencias sociales que llevaba a cabo el Fondo de Cultura Económica no podían satisfacer la demanda docente de la nueva escuela. 

El grupo de materias que tomaban como objeto de estudio al propio país era: Historia de México, Sociología de México y Economía de los Grupos Indígenas. Aunque en los documentos que presentó Mendieta se justificaba la pertinencia de la formación profesional de sociólogos para explicar los grandes problemas nacionales, en la práctica docente el estudio de la realidad nacional ocupaba un lugar secundario. La formación del alumno de todas las carreras incluía el estudio de las materias de Antropología Física y Biotipológica, Etnografía y Etnología; Derecho del Trabajo, Principios de Sociología Criminal y Derecho Penal, entre otras asignaturas.

Lucio Mendieta hizo una defensa apasionada del proyecto ante el Consejo Universitario, lo que generó ríspidas disputas, generadas por el hecho de que estaban de por medio también espacios, recursos, plazas laborales y prestigio. Hubo división entre los miembros del Consejo, por lo cual el proyecto original, que incluía la carrera de Ciencias Administrativas, fue excluido. Otros más se opusieron porque en plena “guerra fría” especulaban que una escuela destinada a las ciencias sociales sería, inevitablemente, un “centro de propaganda comunista”. 

La aprobación de la nueva Escuela en el Consejo Universitario,  no fue fácil, Lucio Mendieta, lejos de llegar a construir acuerdos con los miembros más importantes del Consejo Universitario, consiguió romper con ellos, e incluso logró llevar su proyecto a una situación de ruptura, por lo que el doctor Luis Garrido, en su carácter de rector tuvo que ser un prudente moderador, para llevar a vencer la resistencia que le oponían otros universitarios que veían en el prospecto de la nueva institución un espacio que competiría por presupuestos de las escuelas que ellos dirigían. Lucio Mendieta para defender su proyecto hizo uso de la ironía y el sarcasmo e incluso llegó a la descalificación de las cualidades profesionales de sus oponentes, lo que a muchos irritó. Esta fue la razón por la cual, al designarse al director de la escuela, se optó por el abogado Luis Enríquez Coyro, catedrático de derecho internacional público de la Facultad de Derecho, así como miembro del Consejo Universitario cuando Mendieta, debió ser el candidato natural para asumir esta función ya que él había redactado los programas y defendido el proyecto. 

Enríquez renunció a la dirección de la nueva Escuela hacia finales de 1952 para ocupar tres funciones distintas, simultáneamente: subdirector general administrativo del Instituto Mexicano del Seguro Social, asesor de la Secretaría de Educación Pública y del arquitecto Carlos Lazo, secretario de Comunicaciones y Obras Públicas. En esta primera etapa dieron clases en las licenciaturas que ofrecía la nueva institución abogados, filósofos del derecho, historiadores, antropólogos físicos, médicos y, en menor medida, economistas. La escuela carecía de una planta docente bien establecida, por lo que muchos cursos tenían que tomarse en las facultades de Derecho y de Filosofía, de donde provenían la mayoría de los profesores. La formación de estos primeros sociólogos quedó en manos de los abogados que habían incursionado en la sociología. La ausencia de una clara diferenciación disciplinar fue el hecho de que el plan de estudios para cada una de las carreras que ofrecía la Escuela comprendía cuatro años, de los cuales dos correspondían a un tronco común a todas ellas. 

El énfasis en el aprendizaje de lenguas extranjeras era expresión de la gran importancia que se atribuía a la adquisición de habilidades que permitieran a los sociólogos mexicanos establecer contacto con el patrimonio intelectual de las sociologías norteamericana y francesa a través de la lectura de sus textos, para hacer entroncar sus prácticas con una tradición intelectual amplia. Contó también la escasa labor editorial de traducción, ya que el importante trabajo de traducción que en este terreno llevó a cabo el Fondo de Cultura Económica no podía satisfacer la demanda docente de material sociológico en lengua española. El grupo de materias que tomaban como objeto de estudio al propio país era el que seguía en importancia: Historia de México, Sociología de México y Economía de los Grupos Indígenas. Es sintomático observar que, aunque en los discursos que justificaban la pertinencia de la formación profesional de sociólogos en su capacidad de explicar racionalmente los problemas sociales era siempre mencionada en un sitio preponderante, en la práctica docente el estudio de la realidad nacional ocupaba el tercer lugar de importancia en el plan de estudios. La formación incluía también el estudio de la antropología junto con la etnografía en las materias de Antropología Física y Biotipológica, Etnografía y Etnología; Derecho del Trabajo, Principios de Sociología Criminal y Derecho Penal, principalmente. Aun así, existían ya en el plan de El primer plan de estudios arrancó en julio de 1951 en una casa ubicada en la calle de Miguel Schultz número 24, en la colonia San Rafael. Se tenía previsto que la primera inscripción no rebasara 40 estudiantes, pero se aceptaron 136: 76 en Ciencias Diplomáticas; 3 en Ciencias Sociales (sí, 3); 34 en Periodismo y 23 en Ciencia Política. De este total, 129 estudiantes eran hombres y sólo 13 mujeres. Entre 1951 y 1952 ingresaron a la Licenciatura en Ciencias Sociales sólo 9 alumnos, 8 de los cuales fueron admitidos tras aceptar sus constancias como investigadores del Banco de México. En 1955 egresó la primera generación de la nueva Escuela.

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