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*Grandes maestros: Antonio Alatorre

Pablo Cabañas Díaz/Sol Quintana Roo

Antonio Alatorre (1922- 2010), estudió Letras en la Facultad de Filosofía y Letras y Filología en El Colegio de México. Además, tomó clases en España y Francia en el Collège de France y en la Sorbona. Fue discípulo de Raimundo Lida. Fue un respetado académico que sigue siendo reconocido por sus prestigiosos ensayos académicos. Su libro Los 1001 años de la lengua española, es una obra excepcional para apreciar y valorar nuestro idioma.

En 1934, entró al Seminario de los Misioneros del Espíritu Santo, en el que estuvo de los 12 a los 20 años, sin vocación religiosa, aprendió latín, griego, francés, inglés y, sobre todo, música. Después de su renuncia a la vida eclesiástica, se inscribió en la Facultad de Derecho de la Universidad de Guadalajara. Lo suyo era estudiar y durante el primer año fue un estudiante modelo; pero entre ese primer año y el segundo de la carrera conoció a Juan José Arreola y dejó la carrera.

En 1946, llegó a la Ciudad de México, sin recursos económicos y sus pocos libros. Vivió en un cuarto de azotea con su hermano Moisés que estudiaba violín en el Conservatorio.  Conoció a Daniel Cosío Villegas, quien lo invitó a trabajar al Fondo de Cultura Económica, como traductor y editor. 

Fue editor de revistas con Juan José Arreola fundó y dirigió la revista Pan; con Tomás Segovia, la Revista Mexicana de Literatura; tradujo del latín las Heroidas de Ovidio; del inglés El lenguaje, de Edward Sapir o La tradición clásica de Gilbert Highet; del francés  Erasmo y España de Marcel Bataillon, quien  decía que prefería leerlo en español, porque era mucho mejor la versión de Alatorre; del alemán, junto con Margit Frenk, Literatura europea y Edad Media latinas de Ernst Robert Curtius; del italiano La disputa del Nuevo Mundo. Historia de una polémica, de Antonello Gerbi. Del portugués la obra de Machado de Asís, traducción por la cual recibió la medalla al mérito del gobierno brasileño.

En el campo de la docencia, trabajó en instituciones como el Mexico City College, la UNAM y la Universidad de Princeton. En 1990 ingresó en El Colegio Nacional. También aportó en otros campos, puesto que fue investigador y director del Centro de Estudios Lingüísticos y Literarios en El Colegio de México, asesor del Instituto de Investigaciones Estéticas de la UNAM y de la Editorial Siglo XXI. Además de la investigación, se dedicó a la crítica literaria. 

Durante su carrera, recibió numerosos premios y reconocimientos como el Premio Jalisco (1994), el Premio titular de la cátedra Italo Calvino (1994), el Premio Nacional de Ciencias y Artes en Lingüística y Literatura (1998), la Medalla José María Vigil por su labor como investigador en el estado de Jalisco (1956), el Premio José Gaos, otorgado por el Instituto de Intérpretes y Traductores (1991). Asimismo, fue becario de la Fundación Guggenheim. De su obra destacan títulos como: Sor Juana a través de los siglos (1668-1910) (2010), Ensayos sobre crítica literaria (2012), Serafina y Sor Juana (con tres apéndices) (2014), La migraña(2012), entre otros.

Martha Lilia Tenorio, discípula de Antonio Alatorre, escribe que: “Su obra era resultado de un amor crítico, de una pasión que, como cualquier pasión verdadera, hace más aguda y más severa la mirada dirigida a aquello que se ama”.  Como bien señaló su alumna, Alatorre fue, de alguna manera, un “cruzado de la verdad”, y lo asumió con una firme y generosa responsabilidad.

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