*Las malas decisiones de mandos policiales y militares permiten que la delincuencia crezca en la zona; las tan anunciadas Estaciones Navales Avanzadas quedaron abandonadas en la frontera con Belice desde hace una década

*La falta de vigilancia permitió que los delincuentes se sientan como en casa y así operan, con total impunidad, lo que ha generado el incremento en los asaltos carreteros y el cruce ilegal de extranjeros, mercancías y armas, así como los narcoaterrizajes

STAFF SOL QUINTANA ROO

Chetumal.- Los 150 kilómetros de frontera entre México y Belice, delimitada por el río Hondo, se están convirtiendo en un problema demasiado serio para las autoridades policíacas y militares, tanto de México como de Belice.

Lo anterior, debido al tráfico de drogas, armas, indocumentados y mercancías ilegales que se dan a diario, pese a la emergencia sanitaria que se vive por el Coronavirus.

En Quintana Roo sólo hay un destacamento del Ejército mexicano con 30 soldados, quienes se encargan de la vigilancia de los 150 kilómetros de frontera, más los elementos de la Marina, que son los responsables de las costas de la Bahía de Chetumal.

En Quintana Roo el tráfico de droga ha aumentado por aire y mar, pero también preocupa el tráfico por la frontera con Belice y Guatemala con el método hormiga.

En Belice, también se utilizan lanchas rápidas, las cuales surcan cada vez más sus aguas turquesas y avionetas que aterrizan en pistas clandestinas en los claros de su selva.

Del lado beliceño se reconoce que, por aire, tierra y mar, los cárteles mexicanos están usando al país centroamericano como un nuevo corredor de la droga que transita de Colombia a Estados Unidos.

El problema se agudiza por la pobreza en la que viven las comunidades asentadas en la ribera del río Hondo, por lo que los cárteles tienen sus contactos locales, les pagan con droga o armas; algunos abastecen de combustible a los aviones o las lanchas, y sirven de guías para que la droga llegue a México.

Las Estaciones Navales Avanzadas (Enas) que se ubican en las comunidades de Subteniente López, Sacxán, Francisco Botes y La Unión, hace una década que fueron abandonados y desde entonces no existe vigilancia para frenar el tráfico ilegal que se da a través del río Hondo, señalan habitantes de esas localidades ribereñas.

En Allende el edificio que el ejido dio a la Secretaría de Marina, ahora es centro de reunión de personas que se dedican a ingerir bebidas embriagantes y alguna droga, además que se cree que ahí llevan los ladrones las cosas que se pierden en el pueblo.

Mientras que, en Cocoyol, los habitantes comentan que cuentan con vigilancia por parte de la zona naval y es mínimo el personal que está en este ejido, pero los pobladores piden que regrese el pelotón de marinos que estuvo instalado en años anteriores.

También se necesita mayor patrullaje por parte de las fuerzas castrenses, para poder disminuir la delincuencia que se ha propagado en los últimos años, y los posibles delitos del fuero federal que se puedan presentar y que además ha dejado una mala imagen de la comunidad que denominan como peligrosa, pero que en realidad la que vive ahí es gente trabajadora.

La mayoría de los marinos y soldados fueron incorporados a la Guardia Nacional y su trabajo deja mucho que desear, pues en la zona sur la delincuencia organizada cobra fuerza puesto que al menos tres carteles se disputan el poder de la plaza sin que esto parezca importarles.

Algunos elementos de la Guardia Nacional prefieren tomarse selfies y fotografías para enviar a sus superiores y demostrar que están realizando su trabajo, pero en realidad son demasiados perezosos pues prefieren resguardarse debajo de las sombras que dan los árboles, como el caso de plaza Las Américas donde un grupo de marinos fueron captados usando el celular descuidando la seguridad que deben proporcionar a los chetumaleños.

Ya no realizan la función para la que fueron entrenados pues son víctimas de la tecnología, y la población lamenta esta situación, sobre todo porque están más preocupados en sermonear a los ciudadanos para que utilicen el cubre bocas en la vía pública que en combatir la delincuencia; los tiempos han cambiado y los cuerpos militares también.

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