SIN MOVIMIENTOS, CASO “DOÑA LETY”

“La 40”, imitando a los cárteles colombianos, incorporó a sus filas a jovencitas, niñas menores de edad, que, con su belleza y engañosa debilidad se convirtieron en sus mejores asesinas a sueldo.  

*Al cumplirse cuatro años y un mes de haber sido detenida “Doña Lety” en la ciudad de Puebla, mediante un operativo de la Secretaría de Marina, Gabinete de Seguridad y Policía Federal fue encarcelada y vinculada a proceso 

*Fue aprehendida junto con Fernando Arellano Carbajal y Rafael Quiroz Alfaro, dos ex agentes federales, quienes la custodiaban y alertaban en todo momento para no ser arrestada 

Redacción/Sol Quintana Roo 

Puebla.- Sin resultado alguno continúa el proceso de Leticia Rodríguez Lara (a) “Doña Lety”, al cumplirse cuatro años y un mes de haber sido detenida en esta ciudad, mediante un operativo conjunto realizado por la Secretaría de Marina, Gabinete de Seguridad y Policía Federal, posteriormente, fue encarcelada y vinculada a proceso.  

Han transcurrido más de cuatro años desde los hechos y hasta el momento su juicio continúa en audiencia inicial. Como se recordará, “Doña Lety” fue aprehendida junto con Fernando Arellano Carbajal y Rafael Quiroz Alfaro, dos ex agentes federales, quienes la custodiaban y alertaban en todo momento para no ser arrestada. 

Leticia Rodríguez Lara, alias “Doña Lety” y/o “La 40”, se ha mantenido en audiencia inicial, en la que se le vinculó con el narcotráfico y se le dictó prisión preventiva oficiosa. Ella, fue señalada como responsable de haber “fundado” el terror en Cancún, Quintana Roo. 

Como se recordará, Rodríguez Lara fue agente de la desaparecida Policía Judicial Federal y de acuerdo a las imputaciones de la ahora Fiscalía General de la República (FGR) fue jefa del Cártel de Cancún, controlando la venta al menudeo de droga en diversos municipios de Quintana Roo, principalmente cocaína. 


Fue capturada en esta ciudad cuando pretendía visitar a su hijo José Rafael Socci Rodríguez, “El Dóber”, en el penal de dicho estado luego de haber sido detenido en Cancún, Quintana Roo, un mes antes, el 7 de julio, en posesión de armas de fuego, cartuchos, droga y camionetas robadas. Posteriormente, “El Dóber” fue trasladado al Reclusorio Norte de la Ciudad de México. 

La mujer fue aprehendida junto con Fernando Arellano Carbajal y Rafael Quiroz Alfaro, que se desempeñaban como agentes federales, situación que aprovechaban para alertar a la mujer respecto a las acciones que podrían tomar las autoridades en contra del llamado Cártel de Cancún, conformado por desertores del Cártel del Golfo, Los Zetas y otras organizaciones delictivas. 

Tras su captura, la mujer y los ex agentes que también fungían como sus escoltas fueron puestos a disposición del juez de Distrito Especializado en el Sistema Penal Acusatorio, adscrito al Centro de Justicia Penal Federal en el Estado de México, Iván Aarón Zeferín Hernández, quien los vinculó a proceso el 10 de abril de 2018, conforme a la causa penal 152/2018, por delitos contra la salud y delincuencia organizada y les decretó la prisión preventiva oficiosa. 

También fue vinculado a proceso, dentro de la misma causa penal, al descubrirse que también formaba parte del Cártel de Cancún, José Rafael Socci Rodríguez, en el que ocupaba una posición importante, como hijo de la jefa de la organización. 

Conforme a las imputaciones, Leticia Rodríguez era la líder de un grupo delictivo dedicado al comercio de narcóticos en Playa del Carmen, en Solidaridad, y Alfredo V. Bonfil, en Benito Juárez, municipios de Quintana Roo, quien junto a su hijo José Rafael controlaba a los vendedores de droga al menudeo en esos lugares, de manera especial en la Zona Hotelera de Cancún. 

Leticia Rodríguez, tras ser dada de baja de la corporación federal por pérdida de confianza, se inició como vendedora de droga al menudeo, es decir como simple narcomenudista, pero en poco tiempo comenzó a formar su propia organización con ex convictos. 

El Cártel de Cancún tenía bajo su ámbito de operación a distribuidores o vendedores locales o territoriales de narcóticos y a un numeroso grupo de personas que fungían como brazo armado para su protección, en tanto que Fernando Arellano y Rafael Quiroz, como elementos en activo de la Policía Federal favorecían las actividades de la organización, al proporcionar todo tipo de información obtenida de las investigaciones de Inteligencia. 

SU CREACIÓN 

“La 40”, imitando a los cárteles colombianos, incorporó a sus filas a jovencitas, niñas menores de edad, que, con su belleza y engañosa debilidad se convirtieron en sus mejores asesinas a sueldo.  

 “Las Cachorras” fue el mote que les impuso y su misión era la de matar a narcotraficantes rivales. Sus mejores armas para llevar a cabo su demencial tarea, eran su belleza, juventud y aparente fragilidad.   

Empero, el reclutamiento de las menores no es nuevo, data de hace más de tres lustros, cuando a principios de 2004, el grupo de sicarios del Cártel de Juárez, La Línea, comenzó a reclutar a niñas y adolescentes, de entre 12 y 15 años, a las que luego de deslumbrar con dinero y lujos las adiestraban y entrenaban para matar.   

Esa nueva modalidad en el sicariato (asesinar por paga), no deja de ser una mala copia de Centroamérica, tanto de los cárteles de la droga como de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), aunque se extendió a otras organizaciones criminales que también empezaron a incorporar a jovencitas dentro de su cuerpo de sicarios.       

Dicha práctica llegó hasta Quintana Roo, donde “Doña Lety” ya era dueña no sólo de la Zona Hotelera del paradisíaco puerto de Cancún, sino de varios municipios donde controlaba el narcomenudeo, la extorsión (cobro de piso) y el secuestro de empresarios que se negaban a pagar la “cuota por protección” o se oponían a la venta de drogas en sus establecimientos.   

La ex agente apoyada por su entonces lugarteniente, otra mujer de nombre María Teresa González Rodríguez, “La Tía”; copiaron la práctica de incluir a menores de edad a sus filas del sicariato; de hecho, fueron ellas las que fundaron en Quintana Roo, el grupo de “Las Cachorras”.   

Al paso del tiempo, como siempre ocurre en el mundo de las drogas, donde las traiciones y deslealtades son comunes, “La Tía” se separó del grupo y se unió a Los Zetas, mientras que “Doña Lety” siguió al servicio del Cártel de Sinaloa.   

Convertidas ya en enemigas a muerte, las células de uno y otro grupo protagonizaron cruentos enfrentamientos donde las “Cachorras” de “Doña Lety”, algunas ya dentro del rango de “Panteras”, causaron severos estragos en las filas contrarias.   

Para poder alcanzar el grado de “Panteras”, de acuerdo a Jesús Lemus, autor de varios libros relacionados con el narcotráfico, las jóvenes tenían que haber asesinado a no menos de 5 personas, entre narcos rivales, policías perseguidores o adictos morosos que no pagaban la droga que consumían.   

Mediante el número de asesinatos que cometían, según sus creadoras, demostraban su decisión, coraje y valentía, por lo que ya estaban listas para ascender al grado superior, “Las Panteras”, más sanguinarias y crueles que las primeras ya que en sus crímenes se incluía toda clase de torturas, sobre todo a narcos rivales para sacarles información.   

 “Las Panteras”, conforme a J. Lemus habrían sido fundadas en 2010 por Ana Karen Cuevas, pareja de Hernán Ramos “La Calaca” que llegó a ser jefe de plaza de Los Zetas en el Estado de Hidalgo. Cuevas fue detenida en 2012, acusada de secuestrar y asesinar, junto con Verónica Nájera, a todos los enemigos del Cártel.   

Otra de las mujeres integrantes del grupo, conforme lo publicado por Lemus, era Verónica Mireya Moreno Carreón, apodada “La Flaka”, detenida y procesada por ser la jefa de plaza del municipio de San Nicolás de los Garza, Nuevo León. Actualmente es procesada por narcotráfico, homicidio calificado, portación de armas y delincuencia organizada.   

El entrenamiento de las adolescentes incluía diversas disciplinas y tácticas; tiro y armamento principalmente, defensa personal, activación y desactivación de artefactos explosivos, estrategias de guerrilla, etcétera, pero lo principal era que mostraran carácter y determinación para matar a quienes les ordenaran, sin importar formas, lo mismo a través de torturas que a balazos o puñaladas.   

Lemus, tras analizar la operación de “Las Cachorras”, afirmó que no sólo en Quintana Roo mantienen operaciones, sino también en Guanajuato, que ocupa el primer lugar en homicidios violentos, así como en Tamaulipas, Zacatecas, Veracruz y Tabasco, respectivamente.   

Apuntó que a pesar de las detenciones de “La Tía” y “Doña Lety”, y la pérdida del poder de Los Zetas y el Cártel de Cancún, “Las Cachorras” y “Las Panteras” se mantienen vigentes y forman una parte importante de los cárteles en cuanto a la extorsión y al asesinato de rivales.   

Uno de tantos tiroteos que duró varias horas, entre policías y sicarios, confirmó el reclutamiento y la actividad de mujeres menores de edad en las organizaciones criminales.   

Tras la reyerta hubo 10 personas detenidas, de ellas cinco mujeres entre los 16 y 21 años de edad, que fueron identificadas como “Cachorras” integradas al Cártel de Los Zetas.   

Según Lemus, los cárteles tienen un número importante de mujeres menores de edad en sus filas. Cada célula estaría integrada por entre 10 y 15 mujeres, lo que muestra una importante presencia femenina al interior del crimen organizado.            

Este grupo, de acuerdo al investigador, surgió en 2010 y están identificadas con las ideas y la operación de los viejos Zetas, hechas para matar, “el primer vestigio que tuve de ellas fue en 2017, cuando se dio la disputa entre «Doña Lety» y “La Tía”, dijo Lemus.            

 “Ahora el grupo en Cancún está encabezado por Leticia Jiménez Estrada, alias “La Muñe”; que no debe andar por arriba de los 35 a 45 años de edad, pero se habla poco de éstas mujeres porque no se dedican en sí al tráfico de drogas, sino que tienen muy bien definida su participación en la organización criminal: Extorsionar y matar.       

Actualmente “Doña Lety” y “La Tía” están en prisión, aunque se dice que desde la cárcel siguen manteniendo el control de los grupos que manejaban: La primera en Cancún, Alfredo V. Bonfil, Tulum y Playa del Carmen, mientras que la segunda en Chetumal, Bacalar, Puerto Morelos y Cozumel, aunque pretende apoderarse también de Playa del Carmen y Cancún. 

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