Reportajes Especiales Retropolicíaca

UN HABILITADO “RAMBO” DESACTIVADOR DE BOMBAS

Redacción/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

(Parte cuatro de siete)

Un mes después de que despreció al “niño”, Ricardo Monreal aseguró haber desactivado una bomba (con la hebilla de un cinturón prestado) que había sido colocada en las inmediaciones de la demarcación, lo que le valió que el mismo personal lo apodara “El Súpermonris”.

Empleados de la demarcacuón, dijeron que repentinamente se observó un movimiento inusual en las oficinas del delegado y que éste salió corriendo, en mangas de camisa, seguido por varios de sus asistentes.

Corrió hacia una de las jardineras, al tiempo que gritó a uno de los empleados que le diera unas pinza, un desarmador, algo,  pero como nadie acertaba a moverse, el funcionario grito a uno de los que estaban más cerca:; “tu cinturón”. Después exigió que lo dejaran solo y se inclinó sobre la jardinera para enseguida manuplar un pequeño paquete.

Minutos más tarde, sudoroso, cargó cuidadosamente el envoltorio, se regresó a sus oficinas y ordenó a uno de sus guardaespaldas que llamara a la policía.

De lo ocurrido nunca hubo información oficial, por lo que no se sabe de qué manera se enteró del supuesto artefacto explosivo, pero sus allegados se encargaron de divulgar que “el jefe había desactivado una bomba y sólo con la hebilla de un cinturón”, por lo que el demás personal comenzó a llamarlo “El Súpermonris”.

ANTECEDENTES POCO CLAROS

Por otra parte, la polémica fama del clan Monreal Ávila, se ha visto inmersa en un ambiente de cacicazgos, negocios poco claros, compadrazgos ventajosos, antagonismos políticos y hasta presuntos vínculos con el narcotráfico, que datan desde su natal Zacatecas, donde al menos tres de los hermanos Monreal se mantienen activos y con aspiraciones políticas.

Los hermanos Ricardo, David y Saúl, además de Cándido Monreal Ávila, han sido cuestionados por diversas causas, tanto políticas como laborales, financieras, familiares y hasta penales, sin embargo siempre han salido airosos de asuntos tan espinosos como el aseguramiento de casi 15 toneladas de mariguana en una de sus empresas.

Quizá su peculiar manera de desenvolverse no hubiera trascendido y muchas de sus actividades no serían conocidas, de no ser por un “favor” político que pretendió hacerles el Gobierno Federal, a través de Gobernación, el CISEN y la PGR, llevando la voz cantante el entonces procurador Jesús Murillo Karam.

De acuerdo a la averiguación previa AP/PGR/SEIDO/UEITA/043/, resulta que el 3 de abril del 2013, agentes del Centro de Investigación y Seguridad Nacional, descubrieron “casualmente” una conspiración para asesinar al entonces diputado Ricardo y a su hermano, el senador David.

Las autoridades aseguraron en su informe, que escucharon una conversación telefónica en la que hablaban dos individuos que se ponían de acuerdo para matar a los legisladores.

Lo informaron al entonces director general jurídico del CISEN, Víctor Emilio Carzo Cabañas, quien notificó a la Policía Federal Ministerial que en el hotel Prim, en la Ciudad de México, se encontraban hospedadas dos personas armadas, quienes planeaban ejecutar al senador del PT Ricardo Monreal Ávila (el senador era su hermano David), el jueves 4 de abril.

“Motivo por el cual se hace de su superior conocimiento, ya que podría tratarse de conductas constitutivas de delitos”, señaló el oficio PGR/PFM/DGIPAM/IT/9719/2013, dirigido a la corporación federal.

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