Reportajes Especiales Retropolicíaca

LA CONFUSIÓN DE ABURTO

*En su primera declaración rendida ante el Ministerio Público Federal, con la presencia de un abogado defensor designado aceptó haber realizado los dos disparos contra Luis Donaldo Colosio Murrieta 

José Sánchez/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche/La Opinión de México 

(Quinta de siete partes) 

Ciudad de México.- El mismo Mario Aburto Martínez, en su primera declaración rendida ante el Ministerio Público Federal, con la presencia de un abogado defensor designado y del Procurador de los Derechos Humanos y Protección Ciudadana del Estado de Baja California,  ACEPTÓ HABER REALIZADO LOS DOS DISPAROS CONTRA EL LICENCIADO COLOSIO. 

Yolanda Lázaro Caratachea  y Sara Ruth Martínez Meraz  así como Fernando de la Sota,  dijeron (Fernando y Yolanda) haber visto a Mario Aburto realizar los dos disparos, Sara afirmó que iba junto a Colosio,  Mario le colocó su brazo armado en la cabeza e hizo el primer disparo,  cuando pudo levantar la cara, Ruth vio a Aburto hacer el segundo disparo. 

El fotógrafo mexicalense Mario Pérez Limón mintió descaradamente al testimoniar que escuchó dos detonaciones de arma de fuego, “y luego vió a otra persona del sexo masculino que saca una pistola revólver, calibre .38, quien le apunta a él y luego hacia la persona que se desvanecía y en ese momento Mario escucha una tercera detonación producida por arma de fuego”. 

Pero,  afirma la PGR,  “no hay duda que el licenciado Colosio recibió dos balazos, uno mortal en el parietal derecho y otro en sedal en el vientre y de que ambos fueron efectuados con el revólver, calibre .38,  de fabricación brasileña,  marca Taurus,  número de serie 958400,  cuya propiedad fue reconocida por Aburto desde el primer momento”. 

Hasta aquí pareciera que la PGR no alteró para nada su informe oficial, pero un análisis entre líneas—de los que hicimos cientos o miles a través de una experiencia que se remonta de 1966 a 2008, cuando nos alcanzó la edad del retiro—nos permitió extraer varias verdades del caso Colosio, irrebatibles. 

Primero, de lo que nada dijo la PGR y menos los militares en aquel momento, Luis Donaldo Colosio Murrieta no era una “perita en dulce”, desde el principio que creyó tener asegurada la Presidencia de la República dio a entender que “todos le debían subordinación”. 

Grave error. Porque el general Domiro Roberto García Reyes se había encargado de la custodia del Papa Juan Pablo II y el añorado religioso se fue encantado de nuestro país,  en especial de su seguridad. 

Pero el candidato Colosio menospreciaba la experiencia de los militares y con frecuencia tenía roces con ellos,  porque no entendía que en cuestiones de seguridad no hay excepciones,  ni siquiera entre Presidentes y no en candidatos. 

El priísta no comprendía o fingía no hacerlo,  que la vigilancia no es un juego y ni siquiera disimulaba su enojo,  cuando el convoy oficial no le permitía correr en su camioneta,  a gran velocidad,  pues le gustaba manejar. 

¿Cómo desquitarse de esos tenaces custodios que lo cuidaban de sí mismo?  Muy sencillo: humillándolos en la menor oportunidad. 

Algunas veces se le aproximaban entusiastas seguidores,  con gran alarma de los vigilantes, quienes “bajita la mano” le decían que no se arriesgara. Para no verlos cerca, les ordenó que “LOS QUERÍA A 50 METROS DE DISTANCIA,  SIN ARMAS NI APARATOS DE INTERCOMUNICACIÓN”. 

Si alguno se oponía,  habría sido cambiado de adscripción a la menor oportunidad.  Así, cuando se bajó de su camioneta para dirigir el tránsito, como si fuera de aquellos respetados y nada mordelones “tamarindos” de la ciudad de México (los quería tanto la gente, que en Navidad les regalaba estufas, refrigeradores, vinos, despensas) los militares tuvieron que correr para protegerlo,  mirándose unos a los otros… 

Desde la entrada a Lomas Taurinas hubo una valla de protección y en un video especial se ve a Mario Aburto,  en ese momento,  tratando inútilmente de acercarse a Colosio. 

La valla fue mantenida en el mismo lugar,  para que el priísta retornara hacia la entrada principal de la colonia y,  cuando la gente lo despidió,  Colosio tomo la última decisión equivocada de su joven existencia,  amargada hasta un día antes porque Manuel Camacho Solís y las huestes del subcomandante Marcos le robaban el sueño. 

Efectivamente,  la campaña de Colosio fue inicialmente similar a la que ahora tiene en tercer lugar de las preferencias populares a José Antonio Meade. 

Manuel Camacho Solís había anunciado—un tanto de manera embustera—que “no disputaría la Presidencia de la República” y Colosio comentó con los fotógrafos que lo acompañarían a la gira,  que “ahora sí,  iban a salir en los medios de información”.  A ese extremo de inquietud había llegado. 

El mitin terminó normalmente en un ambiente fiestero y el general Domiro Roberto García Reyes le dijo a Colosio: “Señor, A LA IZQUIERDA”. 

Es decir,  que tomara el camino por donde había llegado,  en medio de la valla de seguridad,  que no se había movido para nada.  Otros elementos de vigilancia personal le repitieron: “Por favor,  A LA IZQUIERDA”. 

El joven michoacano Mario Aburto Martínez no había podido acercarse para disparar con tino, pero estaba a la derecha de Colosio, oculto entre los abundantes priístas. 

El general Domiro repitió con fastidio: “A LA IZQUIERDA, SEÑOR”…y con toda serenidad,  Colosio bajó del templete HACIA LA DERECHA y se desató el caos. Los curiosos que se habían resignado a despedirlo solo con aplausos, cuando entrara a SU IZQUIERDA en la valla,  comenzaron a tocarlo, saludarlo, entregarlo documentos en solicitud de apoyo… 

Como el camino es de bajada y estaba totalmente disparejo, la gente comenzó a resbalar y tropezar,  avanzando con lentitud.  La valla fue rebasada,  ya no tenía caso.  Dos niñas,  Miriam y Nayeli,  hijas de Sara Ruth Martínez Meraz,  se colocaron exactamente a la izquierda de Colosio y no se apartaron de él,  su madre iba pegada al costado derecho del priísta. 

Ese detalle es muy importante,  Nadie pudo disparar contra el costado izquierdo de Colosio,  sin asustar,  quemar,  herir a Miriam o Nayeli.  En cambio, sí hubo quien abrió fuego contra el candidato presidencial,  desde la derecha:  Mario Aburto Martínez, quien con su brazo derecho armado le bajó la cabeza a Ruth y le dio el primer tiro al licenciado, quien giró extrañamente casi sin vida y Mario Aburto Martínez volvió a disparar. 

Miriam se desplomó al abrirse la gente en abanico y comenzó a llorar desconsoladamente.  Ruth pensó que la segunda bala había alcanzado a la menor y se apresuró a levantarla. 

En esos segundos y fracción,  Vicente Mayoral Valenzuela se lanzó contra Aburto y lo desarmó, arriesgando su vida y luego entregó el arma a los de seguridad que lo auxiliaron. 

Ruth se enteró que Miriam sólo había sufrido rasguños al caer, pero no fue alcanzada por ninguna bala y preguntó a Vicente Mayoral Valenzuela, cuando éste todavía tenía la pistola de Aburto en la mano derecha: ¿usted disparó? 

Talentoso, Aburto comenzó a gritar que “era inocente, que había sido el ruco, yo no lo maté, el viejo es el asesino,  deténganlo,  yo no fui,  soy inocente,  háganme la prueba de la parafina”… 

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