ZACATECAS, BAJO EL FUEGO CRIMINAL

Ricardo Ravelo/La Opinión de México/Sol Quintana Roo/Sol Yucatán/Sol Campeche

Zacatecas.- La disputa territorial que enfrentan en esta entidad los cárteles de Sinaloa y el de Jalisco Nueva Generación hundieron a Zacatecas en la violencia criminal. Ambos cárteles pelean a sangre y fuego por el control del estado, estratégico para el tráfico de drogas, precursores químicos; también es muy rentable por el tráfico humano, la trata de personas y el trasiego de armas. Su cercanía con los puertos de Lázaro Cárdenas y Manzanillo –los puertos del narco –hacen de Zacatecas un estado codiciado por los varones del crimen organizado. En las últimas semanas, particularmente después de las elecciones del 6 de junio, la violencia estalló tras el triunfo electoral de David Monreal Ávila, el candidato de MORENA.

Acusado de haber pactado con el crimen, Monreal ha guardado silencio ante las masacres perpetradas en Valparaíso y Fresnillo, dos de los territorios más violentos. En tanto, el gobernador Alejandro Tello Cristerna, impotente ante la violencia, pidió ayuda al presidente Andrés Manuel López Obrador para hacer frente a los cárteles. Sin embargo, la respuesta no ha llegado. “Estamos en el límite de nuestras capacidades”, clamó el mandatario, quien terminará su mandato en medio del fuego cruzado de los cárteles que se disputan el estado.

​La guerra la protagonizan los Cárteles de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG), que se enfrascaron en una fuerte disputa por el territorio, las rutas de la droga y el mercado de consumo después de las elecciones del 6 de junio, cuando ganó el morenista David Monreal Ávila, quien hasta ahora ha guardado silencio frente a la violencia del crimen organizado.

Localizado en una zona geográfica estratégica, con deficiencias en materia de seguridad, con escasez de policías y con una corrupción galopante, el estado de Zacatecas vive una guerra sin precedentes que ya ha dejado poco más de 700 asesinatos en lo que va del año.

​Tan rebasado está el gobierno estatal frente a los embates criminales que el gobernador priista Alejandro Tello Cristerna pidió ayuda al presidente Andrés Manuel López Obrador para enfrentar la inseguridad en Zacatecas. Eñ crudo escenario lo describe el propio mandatario zacatecano cuando afirma que su gobierno está al límite de su capacidad para hacer frente a la delincuencia organizado.

​Y es que Zacatecas, concretamente la región de Valparaíso, se convirtió en un campo de batalla de los cárteles del narcotráfico, concretamente de Sinaloa y Cártel de Jalisco, dos acérrimos rivales que ahora luchan a sangre y fuego por el control del estado, estratégico en el tráfico de enervantes y precursores químicos para la elaboración de drogas sintéticas.

​La violencia que azota al estado no es nueva: La vorágine comenzó a ser preocupante en 2020 cuando el estado registró mil 200 asesinatos, según cifras de la Fiscalía General de Justicia. En los primeros días de enero de este año el repunte de la violencia fue notorio, pues se contabilizaban 90 ejecuciones y se previó que el 2021 sería un año extremadamente violento.

También son claves para el tráfico de armas, el movimiento de indocumentados y la trata de personas.

​En Zacatecas han fracaso los proyectos para reforzar la seguridad y pacificar el territorio: Hace una década, a finales del gobierno de Felipe Calderon –el presidente de la guerra fallida contra el crimen –y durante el mandato del entonces gobernador Miguel Alonso Reyes, se realizó una multimillonaria inversión para construir en el estado tres bases militares, las cuales se localizarían en los municipios de Fresnillo, Jalpa y Juchipila.

​Pero el proyecto no funcionó, igual que la militarización de la seguridad. Las guerras entre los criminales ha continuado pese al despliegue de más de tres mil efectivos de la Guardia Nacional. Todo ha resultado un rotundo fiasco, de acuerdo con la opinión de varias fuentes consultadas.

​La crisis tronó el 31 de diciembre de 2019 cuando, en el penal de Cieneguillas, durante una riña en la que se usaron armas de fuego, presos ligados al cártel de Sinaloa asesinaron a 18 integrantes del cártel del Golfo recluidos en esa prisión. Otros veinte presos resultaron heridos de gravedad.

​La inseguridad pública, recrudecida con la violencia extrema, colocaron a la entidad entre las cinco con mayor número de asesinatos por cada cien mil habitantes. El territorio no es muy grande: el estado tiene un millón 600 mil habitantes, algo que fácilmente suman las alcaldías de Gustavo A. Madero y Benito Juárez –en la Ciudad de México – juntas.

​Paralelamente, células del cártel de Sinaloa, aliados todos ellos de Ismael “El Mayo” Zambada, según reconocieron en múltiples mensajes, irrumpieron en Zacatecas por el noroeste. Todos los sicarios provenían del estado de Durango. Y así comenzaron los enfrentamientos con el cártel de Jalisco. La violencia incendió los municipios de Fresnillo, Calera, Guadalupe y Jerez.

​La disputa no tiene otra explicación más que el control territorial. Y es que, de acuerdo con informes de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), por Zacatecas cruzan tres grandes rutas del tráfico de drogas y de precursores químicos.

También son claves para el tráfico de armas, el movimiento de indocumentados y la trata de personas.También son claves para el tráfico de armas, el movimiento de indocumentados y la trata de personas.

​La ola de ejecuciones, secuestros y desaparición de personas se recrudeció en la entidad gobernada por Alejandro Tello Cristerna hace poco más de un año.

​Su posición geográfica, además, es causa de embates entre cárteles, pues al centro se ubica cerca de El Bajío y la Ciudad de México; hacia el Pacífico se conecta con los puertos de Lázaro Cárdenas (Michoacán) y Manzanillo, dos zonas portuarias preferidas por la delincuencia organizada. También tiene conexión con el estado de Jalisco y, hacia el Golfo de México, se conecta con los estados de Nuevo León y Tamaulipas, así como con la frontera con el estado de Texas, en Estados Unidos.

​Otros negocios que se disputan los cárteles son el mercado de las drogas sintéticas para lo que resulta clave el trasiego de fentanilo, una de las sustancias con mayor demanda en Estados Unidos pese a que ha causado la muerte de unas 90 mil personas en los últimos años. En Zacatecas también se explotan negocios ilegales como las extorsiones y los secuestros, ambos convertidos en una gran industria dentro del ámbito del hampa.

​Frente al flagelo criminal, el gobierno estatal es impotente: treinta de los cincuenta y ocho municipios tienen corporaciones policiacas que sólo cuentan con dos y a lo mucho con diez elementos. Esto los convierte en estructuras inoperantes, proclives a la corrupción e incapaces de enfrentar al crimen, pues están mal capacitados, carecen de armamento y, por si fuera poco, la mayoría de los agentes han reprobado los exámenes de control de confianza.

​A demás de no contar con suficientes policías, el estado enfrenta un grave problema de coordinación con las Fuerzas Federales debido a que los integrantes de la Guardia Nacional –hay más de 3 mil en el estado – han evadido hacer frente a los cárteles del narcotráfico.

​En materia de seguridad los proyectos han fracasado. Hace un lustro, por ejemplo, se planeó contar con 2 mil 500 integrantes de la Policía Estatal Preventiva, el principal grupo de reacción en Zacatecas; sin embargo, la corporación no superó los mil 200 agentes por falta de reclutas. A esto se sumaron las renuncias de varios uniformados y bajas por asesinatos y/o desapariciones forzadas.

VIOLENCIA SE RECRUDECE

​Recientemente la violencia se ha recrudecido en Zacatecas. En San Juan Capistrana las autoridades recogieron 18 cadáveres a mediados de junio. Estas muertes ocurrieron cuando unos 200 hombres armados y otro tanto de presuntos criminales se enfrentaron a balazos. La balacera, según aseguraron testigos de los hechos, duró varias horas. Se esperaba lo peor.

​Las autoridades tardaron un día en llegar al lugar a recoger los cuerpos a San Juan Capistrana, una pequeña comunidad del municipio de Valparaíso. Los enfrentamientos del 24 de junio encendieron los reflectores y dieron cuenta de la grave crisis que enfrenta el estado frente al crimen.

​Y es que tras el triunfo electoral de David Monreal, quien fue candidato de MORENA al gobierno de Zacatecas, los grupos delincuenciales que se disputan el territorio están desatados. Buscan a como de lugar controlar el estado y las rutas de la droga.

​En los días aciagos de la violencia el cártel de Jalisco exhibió una narcomanta con un mensaje elocuente: “Esto les va a pasar a todo el gobierno de San Luis Potosí por volteados y (por) andar apoyando a los sinaloas”. ATTE: Grupo Guerrero CJNG”.

​Según expusieron las autoridades, el mensaje fue colocado en el estado de Zacatecas, cerca de un puente, en la capital del estado. A escasos metros habían sido colgados dos elementos de la policía de San Luis Potosí –Benito Salazar Coronado y Felipe de Jesús Martínez –, quienes desaparecieron días antes. La patrulla que ellos manejaban fue hallada en el municipio de Santo Domingo, cerca de Zacatecas.

​Ante la violencia criminal, el gobernador electo, David Monreal, ha guardad silencio, no así Claudia Anaya, excandidata de la coalición PRI-PAN-PRD, quien mediante un mensaje de twitter abordó la realidad criminal que enfrenta el estado:
“Ya notaste que después de la elección se incrementó la violencia? Aquellos que pactaron con la delincuencia organizada no entendieron que hay muchos grupos, que si pactaste con uno van a llegar otros a cobrar, pero los otros no se van a dejar”.

​David Monreal, quien presuntamente pactó con el crimen para ser gobernador, nada ha respondido al respecto. Su silencio se impone sobre las decenas de matanzas que, desde mediados de junio, azotan al estado de Zacatecas, una de las entidades más codiciadas por los cárteles de la droga.

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